Por Ethel Arredondo
Ethan Daniel Eager Clingan ha crecido escuchando la Camerata de Coahuila. La conoció desde la butaca, con ocho años, cuando sus padres lo llevaban a los conciertos.
La siguió como adolescente y luego, ya como músico formado, la dirigió en plazas, museos y universidades.
Ahora, a sus 38 años, asume su liderazgo artístico en una de las transiciones más significativas de la vida cultural lagunera.
Formado en piano, violín y dirección orquestal, con estudios en México y Viena, junto a maestros como Manfred Huss y Jörg Birhance, Ethan ha trabajado con orquestas nacionales e internacionales.
Desde 2006 dirige la Orquesta y Coro Ecos en el Desierto, y desde 2014 su relación con la Camerata se volvió constante.
En 2022 Ramón Shade lo invitó como asistente de dirección. Hoy toma la batuta con una mezcla de orgullo, nerviosismo y gratitud.
Su misión va más allá de la técnica: quiere transmitir a las nuevas generaciones la emoción de la música orquestal, acercarse a niños y universitarios, honrar la implacable búsqueda de la excelencia que caracterizó a Shade y, al mismo tiempo, explorar nuevas posibilidades artísticas.
Música, la protagonista
–¿Cómo se dio tu llegada a la Camerata y qué sentiste al recibir la invitación?
–Mi relación empieza como público y como fan; de los ocho años en adelante y durante toda mi adolescencia asistí muy regularmente a sus presentaciones. Éramos muy, muy fans, admiradores del trabajo que hacía el maestro y todos los músicos, y obviamente presenciamos el crecimiento de la orquesta en todo este tiempo, muy de cerca, como público.
“Profesionalmente, mi primer acercamiento fue en 2014, cuando me invitaron por primera vez y en los años subsecuentes, hasta prácticamente la pandemia, a dirigir en varias ocasiones conciertos didácticos que la orquesta ofrecía en plazas públicas, universidades, diferentes colonias y museos de la ciudad. En varios de esos conciertos me invitaban a dirigirlos, y esa fue mi primera experiencia con la Camerata”.
Durante la pandemia, relata, la actividad fue mayormente virtual. Al salir de ella, recuerda mucho el momento en el que, a finales de 2021, fue invitado por el maestro Ramón Shade a integrarse como director asistente a partir de 2022. “Fue un momento sumamente emocionante y un sueño hecho realidad poder colaborar de esta forma con la Camerata”.
Así, a partir de este semestre, asumirá su Dirección Artística. “Confieso que fue un poco menos emocionante en el sentido de euforia. No porque no me agrade o me entusiasme, sino porque siento mucho la carga, la responsabilidad, el peso de lo que implica estar al frente de esta gran orquesta. Lo tomo con mucha seriedad, con mucha responsabilidad. Siento el honor y el privilegio que es, y quizá siento más el compromiso que implica el reto de este nuevo puesto. Lo enfrento con humildad y con todas las ganas de hacer las cosas bien”.
–Has trabajado previamente con la Camerata; ¿cómo describes la relación con sus músicos?
–Desde 2022 he trabajado de forma mucho más cercana como director asistente. Con los músicos hemos construido una buena relación, una relación de equipo, de hacer música donde el protagonista sea siempre la música, el compositor, la obra y la experiencia de presenciarla en vivo por parte del público.
“Cada músico, dentro de la orquesta y de las especificaciones propias de la partitura, puede hacer lo que sabe y para lo que tan bien se ha preparado durante tantos años, para llegar a ser los profesionales de gran nivel que son. Hay mucho respeto de mi parte hacia ellos porque son grandes músicos y grandes personas, y un amor mutuo por hacer música. Es un gusto poder hacerla juntos.
“Creo que también influye el agradecimiento, de mi parte y de los músicos, de poder dedicarnos y ganarnos la vida, profesionalizarnos, haciendo algo que tanto nos gusta. No olvidamos todos los días que es un privilegio y un verdadero gusto poder vivir y hacer como profesión algo que nos causa tanto placer. La relación que hemos construido se basa en respeto y amor por lo que hacemos.
El legado de Shade
–¿Qué te atrae de esta orquesta y de la escena cultural lagunera?
–La conozco de toda la vida. Lo que más me atrae de la Camerata es su calidad artística. Hay muchas agrupaciones artísticas en la Comarca Lagunera y todas tienen su mérito, su lugar y su importancia. Qué bueno que haya tantas y ojalá cada vez haya más.
Pero la Camerata de Coahuila, considera, “ocupa un lugar único e irremplazable por la tremenda calidad y el nivel musical que han alcanzado sus músicos, su director, el maestro Ramón Shade, y todo el patronato y el equipo detrás que hacen posible que esta orquesta exista”. Lo que más le atrae, agrega, es su calidad por los músicos que la componen y por el trabajo que hacen en conjunto.
–Sucedes, precisamente, a Ramón Shade, figura emblemática de más de tres décadas. ¿Cómo asumes ese reto?
–Con mucha humildad y con mucho reconocimiento a ese legado. Si la Camerata es emblemática por su calidad artística y nivel musical, eso habla del trabajo, del talento, de la pasión y de la entrega del maestro Shade.
“Recibir una orquesta en estas condiciones, en su mejor momento artístico, es increíble y algo que se agradece al maestro. Primero, humildad; segundo, agradecimiento y tercero, trabajar. Echarle todas las ganas, todo el profesionalismo, toda la pasión y entrega posible para hacer honor, de la mejor forma posible, a ese legado.
“Mi objetivo es que continúe, que siga el crecimiento musical de la orquesta, que se mantenga el impacto que tiene en la escena cultural de la Comarca y del estado. Seguir y darle hacia adelante, reconociendo y agradeciendo el pasado, pero enfocados en lo que está por venir”.
–¿Qué enseñanza de Ramón Shade quieres preservar?
–La enseñanza y el ejemplo que más me deja marcado es su implacable búsqueda de la excelencia. No importaba qué tipo de presentación fuera: un concierto didáctico para una escuela, un concierto de temporada, un solista local o internacional… No importaba el compositor. El maestro Shade era implacable en su búsqueda de calidad.
“No permitía, no toleraba, no se conformaba con nada que fuera mediocre o menos que lo mejor que pudiera dar la orquesta. Siempre, en cada ensayo, hasta el último minuto, buscaba la excelencia –si no es que la perfección, que siempre es inalcanzable–, pero no se cansaba de perseguirla. Ese es el ejemplo que quiero seguir: siempre tocar la mejor versión de la obra, siempre exigirnos la mayor calidad musical, técnica e interpretativa”.
“Excelencia, entrega y emoción”
–¿Continuidad o renovación en estilo y repertorio?
–Esta pregunta es interesante, la Camerata ya venía de un tiempo para acá dado su crecimiento, ya venía renovándose. Hay una renovación al poder ofrecer al público icónicas obras del romanticismo hablando en épocas musicales que anteriormente no era tan factible que la orquesta interpretara; entonces, habló de compositores que la orquesta sí ha tocado, pero a menor grado que ahora estaremos tocando.
“Tenemos relativamente poco tiempo explorando este repertorio, hay demasiada música extraordinaria que va a ser de muchísimo agrado a nuestro público. Entonces, yo diría que también es importante entender, supongo que cada director tiene diferentes fortalezas en cuestión del repertorio que maneja y en mi caso también quiero abocarme un poco más a la época del romanticismo musical.
“La Camerata es una orquesta de cámara que, a lo largo de 30 años, ha crecido hasta casi ser una sinfónica. Hoy está en un punto intermedio, y eso nos permite abordar tanto repertorio de cámara como sinfónico. Muchas de las obras que estamos interpretando esta temporada es la primera vez que las tocamos”.
–¿Qué lugar tendrán los compositores contemporáneos y mexicanos?
–Muy importante. El 12 de septiembre dirigiré mi primer concierto como director artístico: un programa de música mexicana. Muchas obras no se habían tocado antes en la Camerata, como Mosaico Mexicano, de Arturo Rodríguez.
“Todas las piezas serán de compositores mexicanos, algunos contemporáneos y vivos, que están escribiendo actualmente música fabulosa para orquesta. También incluiremos compositores contemporáneos internacionales y música de cine, siempre que nuestra dotación lo permita.
“No es el único tipo de música contemporánea que contemplamos, pero sí parte esencial de lo que queremos ofrecer al público”.
–¿Cómo acercar la Camerata a nuevos públicos, especialmente jóvenes?
–Además de la Camerata, desde 2022 dirijo el Instituto de Música de Coahuila, con más de 220 alumnos y un coro de más de 60 integrantes, con edades de seis a 28 años. Acercar la música sinfónica y la música académica a niños y jóvenes me apasiona.
La Camerata, dice el maestro, intensificará su labor de conciertos didácticos, donde no sólo se interpretará música para públicos jóvenes, adolescentes, niños y universitarios, sino que también se les explicará. “La música clásica es bellísima, pero compleja; dar trasfondo sobre las obras ayuda a entenderla y, del entendimiento, nace el gusto”.
Eager Clingan dice que buscará intensificar la presencia en universidades. “La edad universitaria es perfecta para disfrutar, entender e integrar la música clásica en la vida. Continuaremos con conciertos didácticos para niños y adolescentes, pero con un enfoque particular en los universitarios”.
–¿Tu filosofía de trabajo con una orquesta?
–El director es un miembro más del equipo. Tiene una función particular y esencial, pero no está por encima de nadie. No cabe la prepotencia. Todos los papeles son vitales; en todo caso, el director es el único que no hace ni un solo sonido. Mi filosofía es contribuir al equipo, ayudar al músico para que pueda hacer lo que hace, no estorbar, no complicar lo que ya es muy difícil. Crear las condiciones para que la orquesta pueda lucirse y ser lo que es: un conjunto que hace música.
–En tres palabras… ¿cómo describes la Camerata?
–Excelencia, entrega y emoción.
–¿Qué te gustaría que el público dijera de ti al final de tu ciclo?
–Que les acerqué la música de orquesta, que la entendieron, que en algo contribuí a que la comprendieran y que los hicimos sentir. En un mundo donde cada vez nos volvemos más fríos y distantes, donde las máquinas hacen más y los humanos menos, si logramos conectar a las personas con su humanidad y sus emociones, si alguien dijera que yo les acerqué la música, que junto con la Camerata lo hicimos sentir, estaría yo muy contento de escuchar eso.
–¿Qué representa para ti ser coahuilense?
–Es un poco cliché decirlo, pero creo que las zonas áridas contribuyen a que entendamos que la belleza se logra con esfuerzo. Quizá en lugares más verdes y lluviosos no se aprecie igual una flor que en el desierto.
“En Coahuila, la dificultad de hacer florecer el desierto hace que valoremos más lo que tenemos. Ser coahuilense es entender que la belleza cuesta: dinero, esfuerzo, sacrificio, sudor, lágrimas, sangre. No dar por sentado lo que tenemos y tener la disposición de trabajar por ello, especialmente en la cultura y la música”.
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