Por Andrés Flores // CEDIL
Mientras millones de personas cocinan, limpian, cuidan menores, atienden personas enfermas o realizan labores del hogar, una parte importante de la economía mexicana continúa funcionando sin aparecer en salarios, contratos o prestaciones. Las cifras más recientes del INEGI muestran que el trabajo no remunerado mantiene un peso económico mayor al de sectores completos de la economía nacional.
De acuerdo con la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, durante 2024 el valor económico de las labores domésticas y de cuidados alcanzó los 8 billones de pesos, equivalentes al 23.9 % del Producto Interno Bruto del país. En Coahuila el porcentaje corresponde al 19.2%.
Sin embargo, detrás de estas cifras persiste una distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados. El informe señala que las mujeres aportaron el 72.6 % del valor económico total de estas actividades, mientras que los hombres contribuyeron con el 27.4 %. En términos prácticos, las mujeres realizaron 2.7 veces más trabajo no remunerado que los hombres.
Las actividades con mayor peso económico fueron la limpieza y mantenimiento de la vivienda, los cuidados y apoyo, así como la alimentación. Aunque suelen percibirse como parte de la rutina diaria, estas tareas representan horas de trabajo fundamentales para el sostenimiento de los hogares y la vida cotidiana.
Los datos también reflejan diferencias importantes en el tiempo destinado a estas labores. Durante 2024, las mujeres dedicaron en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los hombres destinaron 18.2 horas. En hogares con menores de seis años, el valor económico promedio del trabajo realizado por mujeres ascendió a más de 111 mil pesos anuales, significativamente mayor que el generado por hombres, que ronda los 38 mil pesos.
Las cifras permiten observar que gran parte de la economía cotidiana ocurre fuera del mercado laboral formal. El trabajo doméstico y de cuidados sostiene dinámicas familiares, laborales y sociales que pocas veces son reconocidas económicamente, pese a que forman parte esencial del funcionamiento diario de millones de hogares en México.
En un contexto donde persisten jornadas laborales extensas, desigualdad en la distribución de cuidados y dificultades para conciliar la vida personal y laboral, el trabajo no remunerado continúa siendo una de las bases invisibles sobre las que descansa gran parte de la vida económica y social del país.
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