Por CEDIL
El pasado martes 26 de mayo un ejemplar de oso negro fue captado en la zona centro de Saltillo, y en Coahuila los encuentros entre fauna silvestre y actividad humana son más comunes de lo que parecen. Osos negros captados cerca de zonas transitadas y el caso de atropellamiento de un puma en la carretera 57 en marzo han vuelto a poner sobre la mesa la presión ambiental que enfrenta el estado.
Ambos hechos reflejan un mismo fenómeno: la fragmentación del hábitat natural y el desplazamiento de especies hacia carreteras, comunidades y zonas urbanas. Factores como el crecimiento industrial, la expansión urbana, el tráfico pesado y las sequías han reducido las condiciones naturales para especies emblemáticas de la región.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Medio Ambiente y reportes estatales, en los últimos 13 años se han documentado mil 137 interacciones con osos negros en Coahuila. Tan solo en 2025 se reportaron 86 incidentes relacionados con la especie, entre avistamientos, capturas y muertes por atropellamiento. En 2022, considerado uno de los años más críticos, se registraron 219 interacciones y 29 osos muertos.
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La carretera federal 57 se ha convertido en uno de los puntos más delicados para la fauna silvestre. Autoridades ambientales han advertido que muchos animales cruzan estos corredores en busca de agua, alimento o territorio, exponiéndose al tráfico constante de vehículos de carga y alta velocidad.
El aumento en los avistamientos de osos y otra fauna silvestre también refleja el crecimiento acelerado de Saltillo hacia zonas cada vez más cercanas a la sierra. La expansión urbana, el desarrollo habitacional y la apertura de nuevas vialidades han reducido y fragmentado espacios naturales que antes funcionaban como corredores para estas especies. En consecuencia, encuentros que parecen poco comunes hoy comienzan a formar parte de la cotidianidad en distintos sectores de la ciudad, evidenciando la presión que el desarrollo urbano ejerce sobre los ecosistemas de la región.
Estos hechos también funcionan como un recordatorio del equilibrio cada vez más frágil entre el desarrollo humano y la vida silvestre en Coahuila. Lo anterior hace evidente que cada vez pareciera más común que la mancha urbana atraviesa los hábitats de especies endémicas,
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