POR CEDIL
Hay delitos que a pesar de su gravedad ocurren en silencio y pasan desapercibidos, especialmente cuando estos son en contra de las infancias o menores de edad. Las víctimas de abuso sexual y violación suelen guardar silencio por el peso del trauma y los daños psicologicos que deja este hecho, incluso siendo adultos, por lo que para un niño o un adolescente este suceso se vuelve aún más dificil de afrontar.
Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNP) para mayo del 2026 se reportan 573 víctimas en todo el estado de Coahuila, siendo Saltillo la que presenta un mayor número de víctimas con 194 reportadas en este periodo, seguido por Torreón con 124, y en tercer lugar, Monclova con 47 víctimas.
Pero lo que preocupa aún más en torno a estas cifras es que lamentablemente la mayoría de estas víctimas van de los 0 a los 17 años, puntualmente el 69% de las personas afectadas en el estado y el 66% en la capital, Saltillo. Es decir, dos de cada tres personas víctimas de estos delitos son menores de edad.
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El dato resulta especialmente alarmante porque evidencia que la violencia sexual no es un fenómeno concentrado unicamente en espacios públicos o entre adultos. Por el contrario, golpea principalmente a niñas, niños y adolescentes, un sector que depende de la protección de sus familias, escuelas e instituciones.
El patrón observado plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué tan efectivos están siendo los mecanismos de prevención y detección temprana? Si la mayoría de las víctimas son menores de edad, la respuesta no puede limitarse a investigar los delitos una vez ocurridos. Se requieren entonces entornos escolares seguros, protocolos de actuación, educación para la prevención, personal capacitado y sistemas de protección que permitan identificar señales de riesgo antes de que el daño ocurra.
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