La lucha por derechos ante los padres ausentes

diciembre 1, 2024
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Ciudad de México.- «Me hubiera gustado que alguien me dijera que no era mi culpa y que luchar siempre valdrá la pena», dice Diana Luz Vázquez, activista por las madres autónomas y pieza clave en el reconocimiento de la violencia vicaria bajo la Ley Sabina. Salvavidas para madres autónomas: Un manual con respuestas para maternar en solitario, es su última obra y como una caja de pandora, aparece en el mapa para aligerar la carga de las madres autónomas y minar todo discurso de revictimización que pretenda señalarles con el dedo.

De acuerdo con el Frente Nacional de Mujeres contra Deudores Alimentarios, los padres ausentes dejan a sus hijas – hijos entre los 0 y 3 años de edad en un 83% de los casos; una etapa que exige un extenuante trabajo de cuidados, de alimentación, de veladas extensas, medicamentos y la dependencia de las infancias en sus primeros años de vida. ¿Cómo sobrevivir ante la vulnerabilidad?, ¿cuáles son los miedos más grandes y cómo exigir una pensión alimentaria?

En conversación con Cimacnoticias, Diana Luz Vázquez cuenta todo aquello que la atravesó en la búsqueda de justicia para su hija, la digna rabia, las tristezas, la herida de ser hija de un padre abandónico, la fuerza de la amistad y la articulación del patriarcado para solapar el abandono paternal. Antes de entrar a una conversación más extensa, la activista frena en una palabra: La verguenza -de ser madre autónoma-.

¿De dónde nace la gracia de las -apodadas- madres luchonas y solteras?, ¿por qué la ridiculización tiene sus raíces en una profunda misoginia y cómo el patriarcado enriquece esta narrativa? El asunto medular de este eje es que las mujeres cargan con la culpa, mientras que sus congéneres, gozan de la libertad sin ataduras, de su sexualidad y de la irresponsabilidad que, parece, ya está colectivamente perdonada.

El patriarcado ha aprendido a utilizar muy bien sus herramientas para perpetuar el control y entre su armamento más pesado está, precisamente, la culpa que no sólo cargan las mujeres de la contemporaneidad, sino la cargan nuestras ancestras; nuestra madre, abuela, bisabuelas. Todas ellas, culpables de haber elegido mal al hombre que, se supondría, compartirían el ejercicio de la corresponsabilidad. En palabras de Diana Luz:

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Es un sistema patriarcal y hablar de la culpa es muy importante, te diría que es un sistema cómodo; el sistema quiere mantener la culpa para que sigamos procreando a los ciudadanos del sistema. Y justo queremos cambiar la vergüenza para que también la tengan ellos.

Lo poderoso de «Salvavidas para madres autónomas: Un manual con respuestas para maternar en solitario» es que llega para resignificar todo aquello que se creía normal y que, desde la enseñanza dotada de misoginia se ha considerado que está bien. Desde el ápice más sencillo del lenguaje, como por ejemplo, el hablar de «soltería» y no de «autonomía» como si la madre estuviera en el mercado sexoafectivo de disponibilidad, hasta un entramado más complejo como cuestionar por qué es un fenómeno cultural que las madres autónomas sean objeto de desprecio y los padres autónomos de aplausos.

«Mientras que una mamá soltera es considerada la amante, dejada o puta, el papá soltero se lleva las palmas porque cuida solo», puntualiza Diana Luz.

A esta mezcla de culpa y misoginia, se agrega otra herramienta articulada por el sistema que bien podría ser considerada como un mal de raíz estrictamente arraigado a la violencia: El amor romántico.

¿En qué pensamos cuando imaginamos una familia funcional? En la mente se esboza la imagen de una madre, un padre, un hijo o hija y por supuesto, un perro, dice Diana Luz. Este es un síntoma claro del amor romántico que las mujeres cargan como sueño de anhelo desde la infancia, a pesar de que la realidad golpee en la cara, porque afuera de este imaginario, un porcentaje muy alto de hombres son abandónicos y agresores.

«Otro ejemplo de este amor romántico es cuando el padre abandónico vuelve después de años y tiene otro hijo para después, abandonarle también. Se le culpa a la mujer por no haber entendido, pero no es eso, más bien es que el amor romántico que intoxica», refiere Diana Luz

De malas madres, padres de fines de semana y un cuidado ausente

Dentro de la obra de Diana Luz, se aborda la idea de la mala madre; aquella maternidad incómoda que lucha, que se arma para enfrentar al deudor y por supuesto, la maternidad que carga con un pesado trabajo de cuidados, que lava la ropa, ayuda con las tareas escolares y que vive sola la contención de un berrinche. En la otra cara de la moneda, está el padre que se encarga de cuidar en fin de semana y de consentir; padre amoroso que ejerce su responsabilidad un día a la semana y carga con la medalla de padre ejemplar.

Pero, ¿hay que ser un padre separado para ser ausente? Eso refiere la activista:

«Nosotras somos las malas madres y por eso, tengo que decir que no solamente ejercen esto los padres abandónicos, sino en general, aquellos que son ausentes y que no dedican nada a su paternaje. Estamos en nuevas conversaciones y hay una parte, muy pequeña, pero la hay, de hombres que cuestionan su manera de paternar y dedican más tiempo al cuidado»

Pero ante un escenario donde podría parecer que las generaciones nuevas de padres están más inmiscuidos en los cuidados, también se desarrollan a gran velocidad otros sectores que ponen en aprietos la idea del progresismo; hombres de extrema derecha que persiguen el ideal de una esposa tradicional, mientras ellos gozan de otras libertades como la autonomía económica.

Respuestas a preguntas necesarias: Una apuesta contra el adultocentrismo

¿Y dónde está papá?, ¿por qué no vino a verme? Las respuestas a estos cuestionamientos son variables según las experiencias de vida, sin embargo, en un intento por no herir a las infancias se recurre a prácticas de mentiras blancas; un viaje de negocios, trabajo que ocupa demasiado tiempo o lo lo que venga en mente y parezca prudente.

Desde la experiencia, Diana Luz narra la sensación fría de escuchar estas preguntas y los deseos de que no cuestionara más sobre la ausencia de una figura paterna y desde este lugar, la activista construyó un capítulo completo de respuestas honestas que apuestan por alejarse del adultocentrismo.

No hay espacio alguno para ejercicios de «compadecer» a las infancias a través de la mentira, pero sí para las herramientas suficientes para ser honestas y dotar a las infancias de la posibilidad de sanar, porque eso sí, dice la activista, tampoco se tapará el sol con un dedo; ser hija o hijo de un padre irresponsable y abandónico es doloroso, pero es posible dotar a las infancias de amor, cuidados e instrumentos emocionales lo suficientemente poderosos para avanzar por la vida sin esas carga dolorosa de sentirse incompleta.

«Estos hombres hacen turismo afectivo, generan expectativas y muchas veces no las cumplen; Voy a venir a verte en tu cumpleaños» y no llegan; envían regalos retrasados o un día, son desborde de permisión: «Come lo que quieras, vamos a donde quieras, ten dinero» (…) Dejan emocionalmente saqueadas y confundidas a las infancias y por supuesto, son las mamás las que terminan haciéndose cargo de ese trabajo emocional para reconfortarlos», aborda la obra.

Sin romantizar la maternidad autónoma: ¿Cómo surge este libro y por qué leerlo?

Recuerdo haber estado en un tendedero en Michoacán, narra Diana Luz, y poco después, tuve una reunión con la editorial. Uno de los editores me dijo que sabía que había participado en ese acto y sentí temor, porque sé que mi activismo de acción genera una perspectiva de rechazo entre muchos hombres; eres violenta e incompatible con la vida laboral.

¿Y tuvo un buen final? Sí, responde la activista, pues a la editorial le atravesó también una historia de maternidad autónoma y desde ahí, se me ofreció la posibilidad de crear este libro.

Si bien no era el objeto final de Diana Luz esta creación de esta obra, sí terminó por convertirse en punta de lanza; una contra narrativa que quiebra con la idea de la maternidad autónoma santificada -y sacrificada- que, convenientemente, el patriarcado se encarga de llenar de aplausos por el valeroso trabajo que ejercen estas mujeres; no hay más valentía, hay rabia y hambre de justicia.

«Todos los libros son el ABC de la crianza, de cómo lactar mejor y también, abordan la idea sobre la madre que lucha, que no se rinde y que tiene la posibilidad de hacer todo por su cuenta, un intento del patriarcado por hacernos creer que maternar en autonomía es posible, que no está bien pedir ayuda, pero nadie habla de que este es un problema social y de todo lo que pasamos las mujeres; nadie habla en público de todos los malabares que hacemos por sobrevivir. ¿Qué pasa con las mujeres que no tienen ni para un pañal y menos para un tarro de leche? ¿imaginas el dolor y la impotencia de que no puedas proteger al ser que más amas en el mundo?»

La revolución de «Salvavidas para madres autónomas» nace desde aquí, desde la urgencia de convertir lo que se consideraba una conversación doméstica y privada -justo como lo han vivido las mujeres históricamente; nuestras abuelas, madres, tías, amigas, vecinas, compañeras-, en hacerlo un asunto de carácter público. Quebrar con el silencio y luchar por la autopreservación de las madres y sus hijas -hijos, es insurgencia social.

CIMAC Noticias

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