POR CEDIL
En Coahuila, el delito de abuso de confianza mantiene una tendencia que merece atención. De acuerdo con las cifras de incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante 2024 se iniciaron 619 carpetas de investigación por este delito, mientras que en 2025 la cifra aumentó a 794 casos, un crecimiento cercano al 28 por ciento. En lo que va de 2026, hasta el mes de mayo se contabilizan 444 denuncias.
A diferencia del robo, el abuso de confianza no comienza con la sustracción de un bien, sino con la relación de confianza entre dos personas. Cuando alguien recibe legítimamente la posesión de un objeto, dinero o cualquier bien y posteriormente decide apropiárselo, retenerlo o utilizarlo para un fin distinto al acordado. Es decir, el daño no sólo es patrimonial, sino también social, pues rompe vínculos personales, familiares o laborales.
Este tipo de delitos suele presentarse en contextos cotidianos: préstamos entre familiares, vehículos entregados temporalmente, relaciones laborales, administraciones de negocios, o manejo de recursos ajenos. Precisamente por existir una relación previa de confianza, muchas víctimas tardan en denunciar, buscan primero resolver el conflicto de manera privada o dudan en iniciar un proceso legal.
Este fenómeno es digno de analizar en un contexto como el de Coahuila, en el que, como hemos mencionado antes, el tejido social se ve mermado y se ha visto reflejado en las cifras de delitos por amenazas, daño a la propiedad y lesiones dolosas. Delitos que, a pesar de no ser clasificados como de alto impacto, han sido una constante en la cotidianidad de miles de Coahuilenses.
En otros delitos la sociedad o el gobierno puede invertir en materia de seguridad como cámaras, patrullas o alarmas. En cambio, la confianza entre las personas resulta más difícil de recuperar. Este delito genera una herida en un tejido social que se vuelve cada vez más delgado.
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