EL COAHUILENSE

Bordar las raíces: El arte de Laila Castillo

agosto 8, 2025
minutos de lectura

Por Ana Castañuela

Desde un pequeño estudio adaptado en el patio de su casa y rodeada de grandes ventanales, luz natural, plantas, hilos, costureros, dedales y todo tipo de material de costura, la artista textil saltillense Laila Castilla borda sus raíces y su historia. 

Durante su infancia Laila, de 42 años, se vio inmersa en el mundo de los textiles, pues su abuela paterna era costurera y manejaba una fábrica textil especializada en uniformes escolares. Además, cuando era niña tejer y bordar junto a su abuela materna y su madre eran actividades cotidianas. 

“Yo creo que bordar era una cosa de abuelas (…) Una de las actividades que hacía también con mi mamá cuando era niña era sentarnos a bordar, a coser botones, etcétera”, relata. 

Después de egresar de la escuela de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), durante diez años fue tallerista de arte en un instituto de educación primaria que manejaba su madre, en donde practicaba la pedagogía a través de actividades artísticas durante la primera etapa de la infancia. 

Sin embargo, en un momento de descubrimiento de sus pasiones, decidió tomar un descanso y renunciar a su trabajo. 

Durante el proceso, y como parte del décimo aniversario de la escuela en la que laboraba, hizo un retrato de su madre, pero la falta de materiales para pintar y el deseo por experimentar la llevaron a hacer un retrato bordado. 

Esta fue su primera obra, que, aunque asegura carece de técnica, es una de las más memorables, pues marcó el inicio de su carrera como artista textil. 

“Hicimos un evento y a manera de homenaje pensé en pintarle un retrato, pero no tenía materiales ahí a la mano y tenía el material que usaba para mis artesanías y pues no pensé que fuera tan difícil: en lugar de pintar un retrato, pues bordarlo”, relata. 

“Yo creo que fue ahí en donde empezó todo, técnicamente es un poco burdo y no utilicé los mejores materiales debido a la ignorancia, pero yo creo que esa fue la que marcó la pauta”, agrega. 

Para Laila el bordado no sólo es una forma de reencontrarse con sus abuelas, sino también de “encontrar la calma y vivir despacio” por el prolongado tiempo y la dedicación que requiere trabajar con los textiles. 

Arte y ciencia, punto de cruce 

Aunque desde el principio sus obras se han visto influenciadas por sus raíces, sus memorias e historia, su curiosidad la ha llevado a mezclar el arte con la ciencia para redescubrir su entorno. 

“Ahí, justo de esa observación de historias, de memorias es de donde se nutre la mayor parte de mi obra”, asegura. 

“Pero una de las cosas que ha enriquecido mi trabajo en los últimos dos o tres años ha sido el punto de cruce del arte con la ciencia. Buscar a través de esta curiosidad que comparten ambas disciplinas, tanto la ciencia como el arte, para observar y contemplar el territorio y el entorno que nos que nos rodea, y a raíz de eso ir generando nuevas reflexiones”, explica. 

De la combinación de ambas disciplinas nació su gusto por el estudio de las plantas que también han influido significativamente en su arte. 

Una de sus primeras obras relacionadas con el tema fue en conjunto con el Centro de Estudios Interdisciplinarios de la UAdeC y el Jardín Etnobiológico de Viesca, en donde, tras un trabajo de investigación, hizo una exposición de piezas textiles sobre las plantas medicinales del municipio de Viesca. 

En abril de este año presentó en la Casa Purcell su exposición “¿Qué le cuentas a las plantas?”, un herbario bordado de plantas medicinales del Cañón de San Lorenzo que fue seleccionado por el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila. 

La idea de esta serie de obras nació de una experiencia propia de la artista, pues una planta medicinal (Melissa Officinalis), que funciona como antidepresivo, comenzó a crecer de forma desmedida en el huerto de su casa con el fin de ser consumida. 

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“Esta idea inició después de una experiencia que tuvimos con una planta en la casa.  Es una casa ecológica, tiene un biofiltro para el tratamiento de aguas grises, y había una planta que se proliferaba casi como plaga. Nosotros la considerábamos como una planta invasora que no dejaba que creciera nada en nuestro huerto y después nos dimos cuenta de que más bien esa planta nos estaba ofreciendo la cura para algunos de los padecimientos que teníamos, pues al estar cerca del biofiltro con toda esta información de nuestro ADN y patológico estaba proliferando justamente para que la consumiéramos”, comparte. 

Más recientemente Laila colaboró en la elaboración del póster del aniversario 448 de Saltillo, que consiste en un bordado de plantas representativas de la región. 

“Sergio Castillo me contactó para hacer el póster del aniversario de Saltillo, y me dice: ‘¿por qué no? siempre hemos abordado el tema del patrimonio de la ciudad en tanto a monumentos o arquitectura, pero este año estaría bueno hablar sobre el patrimonio natural’. Entonces hicimos esta nueva investigación sobre algunas de las plantas más representativas de Saltillo y resultó en el en el póster del aniversario”, relata. 

Validación propia 

Laila Castillo comparte que uno de los retos más difíciles durante su carrera como artista textil fue la falta de validación y reconocimiento propio. 

“En la exploración de técnicas y en esto de la validación, creo que fue primero darme la validación de mí para mí, no de otras instituciones o de otros agentes. Creerme yo misma que lo que estoy haciendo tiene un valor, creo que fue uno de los grandes retos”, considera. 

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Aunque explica que durante un tiempo hacer arte textil también representaba un reto porque no era lo suficientemente valorado como arte, con el paso de los años ganó mayor reconocimiento. 

“Creo que está tomando como un auge y es muchísimo más legitimada la parte textil dentro del sistema del arte. Hace diez años que empecé con esto no conocía a nadie más que lo hiciera”, platica. 

“Ahora hay un montón de artistas textiles. Yo creo que de los mismos colegas artistas de las últimas generaciones que ya habían estado trabajando en otras técnicas van incorporando materiales textiles a sus a sus prácticas”, agrega. 

Tejer redes 

Laila no limita su arte y lo comparte con otras mujeres mediante clases y talleres, pues considera esencial tejer redes de apoyo. 

“Disfruto muchísimo mis momentos de eureka, así como cuando llega una idea y me pongo a investigar, y a producir y clavarme ahí en mi estudio. Pero también disfruto muchísimo compartir con mis alumnas, en donde se ha generado una comunidad muy linda, muy entrañable de bordadoras y se generan pláticas e intercambiamos ideas y reflexiones. Esto alimenta también el día a día”, explica. 

Actualmente, junto con el Instituto Municipal de Cultura y la Secretaría de Cultura, está trabajando en una convocatoria para reunir artistas textiles de Saltillo mediante una residencia de un mes, la primera de este tipo en el estado. 

“Justamente una de las de las acciones que creo que merece la pena, al menos aquí en Saltillo, es reunir a quienes se dedican a esto para conocernos y hacer trabajo en conjunto”, comparte. 

“Sería contradictorio que nos dediquemos a tejer y que nosotras mismas no nos tejamos entre nosotras”, finaliza. 

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