Coahuila y la percepción de un sistema de salud rebasado

julio 8, 2026
1 min de lectura

POR CEDIL

Hablar de la calidad de los servicios de salud, comúnmente es pensar en el trato que brinda el personal médico o en la disponibilidad de medicamentos. Sin embargo, existe otro factor que condiciona la experiencia de los pacientes y que suele pasar desapercibido: la capacidad del sistema para atender a quienes lo necesitan sin estar rebasado.

Los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) muestran que, para el 48.1% de la población de Coahuila, la mala atención en centros de salud y hospitales públicos constituye uno de los principales problemas de la entidad, solo por debajo de la corrupción.

Paradójicamente, la encuesta también revela que el personal de salud recibe evaluaciones favorables en distintos aspectos. En el ISSSTE, el 91.6% de las personas usuarias afirma haber recibido un trato respetuoso; en los hospitales estatales, el 83% considera que recibió información clara y oportuna sobre su estado de salud; y en el IMSS, ocho de cada diez usuarios señalaron que no tuvieron que adquirir materiales adicionales para ser atendidos.

El problema aparece cuando se observa la capacidad de atención. Solo el 17.6% de los usuarios del IMSS considera que recibió atención en clínicas u hospitales sin saturación. En el ISSSTE la cifra asciende apenas al 36.1%, mientras que en los servicios estatales llega al 43%. En otras palabras, la mayoría de quienes utilizan los servicios públicos de salud perciben unidades con una demanda que rebasa su capacidad.

La saturación no solo implica salas de espera llenas. También se traduce en consultas más breves, mayores tiempos de espera, dificultad para acceder a especialistas y una sensación constante de que el sistema opera al límite. Incluso cuando el personal hace su trabajo con profesionalismo, las limitaciones estructurales terminan deteriorando la percepción del servicio.

Estos resultados invitan a replantear el debate sobre la salud pública. Mejorar la atención no depende únicamente de la calidad humana de médicos, enfermeras y trabajadores del sector. También exige fortalecer la infraestructura, ampliar la capacidad instalada y garantizar que los servicios puedan responder a la demanda. Al final, un hospital saturado difícilmente puede ofrecer una atención de calidad, por más comprometido que sea su personal.

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