Detrás de los Datos | Caminar, una práctica colectiva de supervivencia

noviembre 10, 2025
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Por Andrés Interial & Daniel Cárdenas // CEDIL

Entre el claxon, las prisas y calles pensadas para automóviles hay una población que día con día se juega la vida: los peatones. En los últimos años los atropellamientos en Saltillo han dejado un rastro de heridos y muertos que contrastan con el relato de la mejor ciudad para vivir. Mientras las políticas públicas celebran e incitan la modernidad vial, las personas que cruzan a pie lo pagan con su seguridad.

De acuerdo con un análisis geográfico del CEDIL en Saltillo, basado en el informe del INEGI Accidentes de Tránsito Terrestre en Zonas Urbanas y Suburbanas (ATUS), los atropellamientos ocurren con mayor frecuencia en tres puntos específicos del bulevar Venustiano Carranza: su cruce con la calle Reynosa, su intersección con el periférico Luis Echeverría Álvarez y el tramo frente a la plaza Galerías Saltillo. Entre 2021 y 2023, Saltillo ha registrado 97 siniestros viales donde han resultado al menos 117 víctimas heridas.

Así se vive la calle

En el bulevar Venustiano Carranza, uno de los ejes más transitados de Saltillo, el riesgo se ha vuelto parte de la rutina. Paola, quien trabaja desde hace seis meses en la zona, lo cuenta con naturalidad, como si el peligro ya fuera parte del paisaje:

“No me había dado cuenta de lo común que es que choquen o atropellen personas, pero sí pasa muy seguido, sobre todo entre la una y las tres de la tarde, cuando salen los estudiantes del Tec, de Químicas, de Juris, del Ateneo, y los trabajadores de Rectoría. Esas calles se llenan. Aunque hay puente y cruces marcados, los carros casi nunca se detienen”.

Caminar se convierte, entonces, en una práctica colectiva de supervivencia. “He visto que la gente cruza en grupos porque da miedo cruzar sola. Desde que atropellaron a una chava trato de usar el puente o el paso peatonal, porque sí se me hace muy peligroso”, relata Paola.

Lo que describe refleja un patrón que se repite en distintos puntos de la ciudad: autos que invaden los pasos peatonales, camiones que circulan a exceso de velocidad y banquetas insuficientes para la cantidad de personas que transitan. “A veces se chocan carros, o pasan pipas y camiones que van rápido. Ya no sorprende que se voltee una de esas unidades o que se pare todo el tráfico”, añade.

Su testimonio expone lo que los mapas no captan: que la violencia vial se vive a escala del cuerpo y en cada cruce donde la persona duda si le dará tiempo de llegar al otro lado.

Más allá de los números, el análisis espacial nos permite comprender el porqué las calles matan más en unos puntos que en otros. Algunos autores respaldan la importancia y utilidad del análisis geográfico en el estudio de las muertes por atropellamiento destacando que este tipo de análisis resulta fundamental desde las perspectivas espacial y epidemiológica al relacionar factores territoriales que influyen en la ocurrencia de estos hechos. Es por lo anterior que estos análisis contribuyen al conocimiento y prevención de muertes por atropellamiento.

¿Por qué Saltillo es así?

La respuesta no es una sola: tiene que ver con la trayectoria de la ciudad, la cultura vial que normaliza la velocidad y la ignorancia institucional de la movilidad peatonal. Investigaciones y mapas de siniestralidad urbana, como el del CEDIL, muestran que la concentración de choques y atropellamientos suele ocurrir en ejes de alta velocidad y en intersecciones mal diseñadas, donde la prioridad real es el flujo rápido de vehículos.

La concentración de atropellamientos en estas zonas no es un hecho aislado, sino que surge de una combinación de factores ambientales, urbanos y conductuales. En primer lugar, el exceso de velocidad en avenidas como Venustiano Carranza y Periférico Luis Echeverría representa uno de los principales detonantes. A eso se suman la falta de pasos peatonales bien señalizados, la escasa educación vial y la prioridad que se da al automóvil sobre quien camina en el diseño urbano de Saltillo.

La educación en movilidad, tanto de automovilistas como de transeúntes, es un factor de suma importancia. Desde el papel del conductor su comportamiento suele desconectarse del entorno exterior de su vehículo y parte de una sensación de superioridad frente a la persona que camina, lo que la vuelve casi invisible a su percepción. Esto contradice por completo la pirámide de movilidad urbana, donde quien camina debería tener la mayor prioridad. 

Por otro lado, el papel del transeúnte y su conocimiento de seguridad vial es igual de relevante, pues en muchos casos las personas cruzan avenidas fuera de los pasos marcados, distraídas en sus celulares o sin precaución.

Pese a la educación y el comportamiento individual, que juegan un rol crucial, no podemos dejar de lado los factores ambientales. Si el entorno no es apto para una buena transitabilidad, ¿cómo podrían peatones y conductores poner en práctica su conocimiento vial? ¿Cómo evitar que una persona cruce entre avenidas cuando el paso peatonal más cercano está a más de 200 metros o no existe ninguno?

¿Qué podemos hacer?

Sin duda, quien camina debe ser considerado un elemento principal dentro de la planeación urbana y, por lo tanto, incluido al momento de diseñarla. Es necesaria la implementación urgente de políticas públicas de transporte y movilidad urbana que brinden un ambiente más seguro para las personas a pie, que fomenten la conducción respetuosa y segura entre los automovilistas, con el fin de evitar siniestros que pueden arruinar vidas tanto de peatones como de conductores.

Dentro de la cultura social y del actuar cívico es necesario promover valores como el respeto y la responsabilidad dentro de nuestras lecciones de manejo, pues resultan igual de importantes que aprender a arrancar un vehículo o realizar cambios de velocidad. Como transeúntes, también debemos generar responsabilidad sobre nuestra propia seguridad y ser conscientes de nuestro entorno andando con precaución y respetando los señalamientos y semáforos de cruce.

Reducir la velocidad y ser conscientes de quienes caminan no es sólo una medida; es un acto de cuidado, de comunidad y de respeto. Si Saltillo decide priorizar la vida por encima de la velocidad, la ciudad que hoy tememos caminar podrá ser, pronto, una ciudad más segura para todos.

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