Por Gonzalo Villanueva Ibarra // CEDIL
Los siniestros viales en Saltillo son un suceso cotidiano que, pese a los graves daños materiales, las lesiones e incluso la pérdida de vidas que generan, se ha normalizado. Esta silenciosa aceptación ha minimizado la reflexión profunda sobre sus causas estructurales y, más crucialmente, sobre las estrategias urgentes para mitigar este síntoma de un entorno urbano saturado y hostil.
La tragedia vial afecta de diversas maneras. Paola y su familia sufrieron un impacto lateral porque quien les pegó ignoró una luz roja en Abasolo, resultando en lesiones leves, días de incapacidad laboral y meses sin su único coche por daños mecánicos. La reparación se ha complicado por la burocracia y la falta de colaboración del responsable. Más gravemente, Erika fue impactada al salir de trabajar en el bulevar Emilio Arizpe; el culpable invadió el carril de la víctima, declarándose su camioneta pérdida total y obligando a su familia a reestructurar sus rutinas. El rostro más crudo es el de José Luis, quien falleció aplastado por su vehículo en el bulevar J. Mery tras chocar contra una barrera. Su muerte, la de un esposo y padre, dejó a su familia devastada.
Estos testimonios son apenas una muestra de las experiencias que afectan a habitantes de Saltillo de todas las edades y niveles socioeconómicos.
Cifras duras
El dolor de estas familias encuentra eco en las cifras. De acuerdo con las últimas Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR), del INEGI, en 2024 Saltillo documentó un total de nueve mil 357 muertes. De esa cifra, 440 estuvieron directamente vinculadas a incidentes de vehículos de motor, incluyendo colisiones, lesiones a peatones y accidentes de motociclistas. De estos decesos, 78.4% (345) fueron hombres y 21.6% (95) fueron mujeres, con un promedio de edad de 38 años.
Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) muestran una tendencia alarmante: mientras que en 2015 se abrieron 210 carpetas de investigación por lesiones u homicidios en accidentes de tránsito, en 2025 esa cifra escaló a 335, lo que representa un aumento de casi 60% en una década.
Resulta fundamental la data sobre siniestralidad urbana proveniente de los Accidentes de Tránsito Terrestre en Zonas Urbanas y Suburbanas (ATUS) del INEGI (el registro más reciente de 2024). Muestra que en Saltillo se registraron 738 siniestros viales donde 19 personas fallecieron directamente en el lugar de los hechos y 394 más resultaron heridas. El pico de incidencia se concentra por las noches, entre las 19 y las 23 horas, siendo los fines de semana (domingo, sábado y viernes) los días más críticos.
Los clústeres de riesgo vial en la ciudad
A partir de la data de accidentes urbanos, en CEDIL nos dimos a la tarea de realizar un análisis de clustering espacial utilizando el método DBSCAN (algoritmo de agrupamiento). Este análisis agrupa los eventos que comparten cercanía geográfica, revelando patrones ocultos y, en este caso, demostrando que la siniestralidad es predecible.
El DBSCAN reveló al menos cinco grupos de clústeres de riesgo, con diferentes niveles de gravedad:
Zona Crítica Central (Máxima Gravedad): Abarca un polígono que va desde la calle Otilio González al sur, pasa por Mariano Abasolo y llega hasta la calle General Melchor Múzquiz. Un segundo polígono de gravedad similar parte de la calle General Ramón Corona hasta Nazario Ortiz Garza al oriente, el bulevar Francisco Coss al norte y la calle Dionicio García Fuentes al poniente.
Zona Crítica Norte/Centro: Empieza en el bulevar Venustiano Carranza (a la altura del Mesón Principal) y se extiende hasta el cruce con el bulevar Luis Donaldo Colosio. En este clúster cobra especial atención la intersección entre el bulevar Venustiano Carranza y el bulevar Pedro Figueroa.
Zona Histórica y Periférica: La tercera zona pasa por el centro histórico (cruce de Juan Aldama y calle Miguel Hidalgo) y diversas colisiones en avenida presidente Cárdenas y nuevamente bulevar Francisco Coss. Adicionalmente, un “triángulo trágico” se forma entre el periférico Luis Echeverría, el bulevar Venustiano Carranza (hasta el IMSS N°2) y la avenida México.
El diseño que condiciona la conducta
La psicología ambiental aplicada a la seguridad vial nos enseña una lección fundamental: el comportamiento del conductor es, en gran medida, una respuesta a los estímulos del entorno. Si una vía está diseñada con carriles anchos, largas rectas y escasa señalización de calma, el cerebro del conductor percibe un nivel de riesgo bajo y tiende a compensar aumentando la velocidad, pese a los límites de tránsito.
Esta descripción es precisamente el perfil de los bulevares con más siniestros (Francisco Coss, Abasolo, Venustiano Carranza y Otilio González).
El experto en riesgos viales Gerald Wilde denomina lo anterior como el “presupuesto de riesgo” aceptable. Cuando se introducen medidas que el conductor percibe como eficaces (mejores frenos, vías más amplias), éste tiende a asumir conductas más arriesgadas para mantener su nivel de riesgo subjetivo constante.
Este fenómeno se materializa en Saltillo con la ampliación de vialidades como el periférico Luis Echeverría Álvarez, que ha fomentado una percepción de seguridad que se traduce, en la práctica, en velocidades de operación muy por encima de los límites urbanos.
Conclusiones y recomendaciones
El análisis de clúster permite concluir que la siniestralidad en Saltillo es predecible, evitable y profundamente social. En gran medida, estos son resultado de una infraestructura urbana que no perdona el error humano y se aleja del bienestar comunitario.
En CEDIL consideramos que se deben seguir al menos las siguientes cuatro líneas de acción urgentes:
• Auditoría de seguridad vial con lente psicológico: no basta con poner más semáforos o automatizarlos, es necesario rediseñar los cruces críticos para reducir la carga cognitiva de los conductores.
• Combate a la fragmentación urbana: se debe de planificar la ciudad bajo un modelo policéntrico garantizando que un trabajador de Mirasierra tenga la misma seguridad al caminar que un residente del norte.
• Implementación de enfoque de sistema seguro: las autoridades deben aceptar que las personas cometemos errores, el diseño de la ciudad debe absorber esos errores para evitar que cuesten vidas.
• Transparencia y participación ciudadana: la georreferenciación de siniestros debe ser un insumo público y dinámico, la Fiscalía estatal debería abrir sus carpetas de investigación con coordenadas para que cualquier ciudadano pueda acceder a ellos e involucrarse en soluciones surgidas desde el territorio y no sólo desde los gabinetes.
Saltillo se encuentra en una encrucijada. El crecimiento industrial que enorgullece a la clase política y empresarial no puede seguir cobrando cuotas de integridad en nuestras calles. La transformación hacia una movilidad sostenible debe considerarse como un imperativo ético y social para construir una ciudad donde llegar a casa sea una certeza, más que una probabilidad estadística.
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