Detrás de los Datos | En Torreón el infierno está a unos kilómetros 

junio 9, 2026
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Por Gonzalo Villanueva Ibarra / CEDIL

Mediciones satelitales muestran que vivir en la colonia Luis Echeverría, en Torreón, es soportar suelos de 42 grados centígrados, mientras que a unos kilómetros, en los fraccionamientos de la zona oriente, el mismo sol pega sobre superficies menos ardientes. 

A mediatarde en la colonia Luis Echeverría la banqueta arde. Las mediciones de temperatura superficial registran allí 42.27 grados sobre el concreto, la cifra más alta de toda la mancha urbana. Es la hora en que las señoras esperan a que ceda el sol para barrer la entrada y en que los niños regresan de la escuela pegados al muro buscando sombra que casi nunca hay.

Pero el calor de esa colonia, advierte la maestra en investigación social Mariana Galindo, no se explica sólo por la falta de árboles. “La presencia de Peñoles y la activación de sus fumarolas podrían estar detrás de esas temperaturas elevadas”, advierte. La fundidora, vecina cotidiana del barrio, suma su firma térmica a la del concreto.

Sin embargo, a 12 kilómetros de ahí, en Valle Verde, el mismo sol golpea sobre suelos que registran 30.34 grados, 12 menos que en la zona de la planta. Misma ciudad, mismo día, mismo cielo. Esa es, en una sola cifra, la desigualdad térmica de Torreón.

Mapa de calor

El cruce de cobertura vegetal y temperatura superficial por colonia dibuja un retrato incómodo. Las zonas más calientes no son aleatorias: Luis Echeverría (42°C), Nueva Laguna Norte (40°C), La Dalia Oriente (39°C), Lajat (39°C), Quinta San Isidro (39°C), el polígono del Aeropuerto y Los Fresnos (39°C), Metalúrgica (38°C). La constante es vegetación por debajo de 15%, y en varios casos es de 8 por ciento.

La zona de la Laguna Norte añade a esos 40 grados otro problema. “Hay deficiencias de planeación urbana que derivan en tráfico persistente e inundaciones cada temporada de lluvia”, expone Galindo. El asfalto, el embotellamiento y los encharcamientos conviven con la falta de arbolado.

Las colonias más frescas llevan otros nombres. Valle Verde, La Merced Bellavista, El Oasis, Fovissste La Rosita, Rincón de la Joya, Viñedos de la Joya. Casi todas, fraccionamientos del oriente con calle privada, junta de colonos y un mezquite por cada lote.

La mancha urbana crece

Hay una excepción que desordena el cliché: la colonia San Luisito, popular y céntrica, registra el índice de vegetación más alto de toda la base y una temperatura superficial de apenas 31 grados. Cuando una colonia obrera conserva sus árboles, el termómetro lo nota.

El oriente residencial reciente concentra la sombra. El poniente histórico y el corredor industrial concentran el ardor. Y al centro, atrapado entre Peñoles y la zona industrial, la ciudad se cuece. Las temperaturas moderadas, cercanas a los 20 grados, sólo se localizan en zonas muy distantes de la urbanización, advierte Galindo: en el desierto y el campo que la propia ciudad va comiendo porque la mancha urbana sigue creciendo. 

La académica documenta cómo desarrollos recientes absorben ejidos como La Concha, sustituyendo tierra de cultivo por concreto. En su lugar aparecen fraccionamientos como La Vinícola Residencial o Alto Sano, cuya demografía revela patrones de familia donde cada vez hay menos niños. Son colonias compradas como inversión, no habitadas como vecindario. La ciudad gana lotes y pierde vecinos al mismo tiempo.

Las Lomas, colonia de clase media, también está en la franja roja. Campestre La Rosita, cuyo nombre invoca el campo, registra superficies con casi 36 grados. La paradoja torreonense es que el modelo de los últimos 40 años, lote sin jardín, banqueta angosta, camellón sin árboles, bardas de tres metros, produjo zonas de clase media que se calientan casi tanto como las colonias populares del centro.

Sin sombra, sin agua, sin luz

Los 12 grados de diferencia inciden en las conductas cotidianas, se puede percibir en la abuela que ya no sale a la tienda entre mayo y agosto. El niño que crece sin un parque cercano. La recámara que ardió todo el día como un horno porque la lámina del techo no tenía árbol que la cubriera. El recibo de luz que se infla porque el clima compensa la falta de árboles.

Y luego está lo que la luz tampoco cumple. Galindo registra que solamente en el último bimestre en Torreón se han realizado aproximadamente siete manifestaciones vecinales por desabasto de electricidad y agua. Ante la falta del recurso hídrico, las colonias dependen de medidas provisionales: las pipas, ese símbolo cotidiano de que el servicio público ya es insuficiente.

Las colonias donde el espacio público se vuelve inhabitable, porque hierve, porque no hay sombra para sentarse, pierden el tejido afectivo que las sostiene. La gente se mete a su casa. Deja de organizarse. Y así, las que más urgentemente necesitan reverdecer son aquellas zonas en las que el calor dificulta la organización vecinal que podría exigirlo.

Llamado

Algo, sin embargo, se mueve. El colectivo El Canto al Agua, junto con otras organizaciones laguneras, convocó para el viernes 5 de junio una movilización contra el fracking, técnica de extracción que las organizaciones consideran una amenaza adicional para un entorno ambiental ya deteriorado. La fecha coincide con el Día Mundial del Medio Ambiente, y llega cuando el desabasto, las temperaturas extremas y la pérdida de ejidos convergen en la misma ciudad.

El Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) reporta que Torreón es de las ciudades mexicanas que más rápido se calientan: 1.2 grados por década. Pero ese promedio esconde colonias que se calientan al doble y otras que apenas lo notan. El cambio climático no llega parejo. La pregunta es a quién le toca la sombra, el agua y la luz cuando todo escasea. Esa pregunta, hoy, la responde el código postal.

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