Oaxaca.- El lunes 18 de agosto de 2025, la violencia volvió a prender el fuego en la Mixteca oaxaqueña. Entre las montañas de Santiago Yosondúa y Santa María Yolotepec, comunidades que arrastran desde hace más de 70 años un conflicto agrario por mil 600 hectáreas, un nuevo enfrentamiento dejó casas incendiadas, un herido y decenas de familias desplazadas.
Ese día, los pobladores de la agencia de Buenavista, perteneciente a Yosondúa, se vieron obligados a huir, perseguidos por las balas y por las llamas que consumían sus hogares. Hoy, refugiados en la comunidad vecina de Cañada de Galicia, a través de un video difundido en redes sociales, repasan con voz entrecortada lo que vivieron.
“Nos agarraron desprevenidos”
Silvestre López López aún no logra contener el llanto al recordar cómo perdió su casa y su camioneta. La tarde del lunes salió, como siempre, a trabajar la parcela. Cuenta que él y sus vecinos acudieron a desbaratar una milpa sembrada por los de Yolotepec en lo que consideran territorio de Buenavista.
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“Nosotros fuimos pacíficamente, sin armas, porque no nos gusta el pleito. Pero ellos salieron con machetes y rifles. Empezaron a disparar. Nos agarraron desprevenidos, nosotros con las manos cruzadas”, relata.
Silvestre buscó refugio entre la milpa, pero pronto vio cómo ardían las casas de sus vecinos. Después, la suya. “Quemaron todo, hasta mi camioneta. No nos quedó nada”, dice, con su voz quebrada. Detrás de él se escuchan las voces y el llanto de niños.
Nosotros fuimos pacíficamente, sin armas, porque no nos gusta el pleito. Pero ellos salieron con machetes y rifles. Empezaron a disparar. Nos agarraron desprevenidos, nosotros con las manos cruzadas
Silvestre López López, habitante de Yosondúa
La huida bajo las balas
El agente municipal de Buenavista, Leonardo López García, no estaba en el pueblo cuando comenzó el ataque. Había ido a entregar documentos al Consejo Electoral en Yosondúa. En el camino de regreso recibió la llamada de auxilio: “Me avisaron que estaban echando balazos. Llegué como a las cuatro de la tarde y ahí mismo nos cayeron los plomazos”.
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Leonardo narra que se tiró al suelo junto con su tesorera y su esposo para no ser alcanzados. “Las balas pegaban en las láminas, era una tronadera. Apenas logré sacar a mi familia de la casa, si tardábamos dos minutos más, nos quemaban vivos”.
Fue un desastre. Perdimos todo. No tenemos dónde vivir ni qué comer
Leonardo López García, agente municipal de Buenavista
El agente acusa que, contrario a lo que asegura Yolotepec —que los responsabiliza de haber iniciado la agresión—, los testimonios y las huellas en Buenavista muestran lo contrario: casas calcinadas, motocicletas baleadas, cosechas arrancadas. “Fue un desastre. Perdimos todo. No tenemos dónde vivir ni qué comer”, afirma.
“De puro milagro salimos vivos”
Otro vecino, que pide no revelar su nombre, enseña los casquillos que recogió junto a su motocicleta dañada. “Mire, aquí están. No es mentira. Le tiraron al ring de la moto. De puro milagro no nos mataron”.
Entre sollozos, recuerda cómo corrió con sus dos hijos hacia una barranca para escapar de las balas. “Yo sólo quería salvar a mi mamá, que ya tiene 78 años. La saqué como pude y la subí a un coche rumbo a Yosondúa. No sé cómo esté. Nosotros no somos agresores, somos gente pacífica. Ellos vinieron armados”.
El choque del lunes 18 de agosto es el episodio más reciente de un pleito agrario que se arrastra desde hace siete décadas. El Tribunal Agrario otorgó la posesión de los terrenos en disputa a Yolotepec, pero Yosondúa obtuvo un amparo federal que impide a ambas comunidades ocuparlos.
En los hechos, la resolución no ha detenido a ninguna de las partes. Pobladores de Yosondúa acusan que Yolotepec siembra maíz y construye casas en los predios; Yolotepec, por su parte, asegura que sólo protege su territorio y culpa al gobierno por no resolver el litigio.
El resultado es un escenario que se repite de manera constante. Los enfrentamientos armados, quema de viviendas y familias desplazadas es el viacrucis de muchas familias.
Tras el ataque del lunes, más de 100 habitantes de Buenavista huyeron hacia la comunidad de Cañada de Galicia. Ahí, en aulas y casas prestadas, sobreviven con lo poco que lograron sacar. Niños, mujeres embarazadas, ancianos y jóvenes duermen hacinados, con el temor de que las agresiones continúen.
“Nos quedamos sin animales, sin cosechas, sin techo. Lo perdimos todo”, resume Leonardo López.
Las mujeres recuerdan cómo dejaron encerrados a sus chivos, borregos y gallinas. Han pasado días sin poder regresar a alimentarlos.
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El presidente municipal de Yosondúa, Cristino Ramírez Chávez, denunció ante el gobierno de Oaxaca que el ataque dejó al menos seis casas quemadas, además de vehículos y un tanque de agua destruidos. También reportó la retención de varias personas, entre ellas una mujer con sus dos hijas, y el herido Emiliano Rosales Santiago, quien sigue sin atención médica adecuada.
Videos difundidos en redes sociales muestran a habitantes de Yolotepec movilizados con armas largas y disparando hacia la comunidad vecina. Aun así, la Secretaría de Gobierno de Oaxaca aseguró que no hubo personas retenidas y que las casas incendiadas eran chozas abandonadas.
El miércoles 20, el gobierno estatal desplegó un operativo con la Guardia Nacional y la Policía Estatal para “garantizar la tranquilidad”. Ese mismo día, autoridades de ambas comunidades participaron en una mesa de diálogo en Tlaxiaco, donde se acordó mantener recorridos de vigilancia y privilegiar el diálogo.
Sin embargo, la violencia no se detuvo. El jueves 21, vecinos de Yosondúa denunciaron nuevos incendios en Buenavista. “Seguimos pidiendo la presencia de la Guardia Nacional y la Policía Estatal para resguardar los límites. Aquí está la prueba de los hechos”, advirtió el edil.
“Le pedimos al gobernador Salomón Jara que venga, que vea cómo quedó todo, que no se quede en el escritorio”, dice un poblador. Y con la voz entrecortada lanza un último reclamo:
“Queremos regresar a nuestra tierra. Pero no queremos regresar a morir”.
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