Jorge Romero y la crisis del PAN

marzo 23, 2026
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Por Ernesto Núñez Albarrán

X: @chamanesco 

La segunda fuerza política del país está en crisis. Cuando Jorge Romero, líder nacional del PAN, dijo que el 21 de marzo su partido tomaría una de las decisiones más importantes de su historia, logró lo que no había hecho en meses: llamar la atención y ocupar la agenda pública. Pero al final fue más impactante el anuncio del anuncio, que el anuncio en sí mismo.

Algunos llegaron a pensar que la principal fuerza opositora del país al fin había tenido una buena idea, y que su dirigente anunciaría una estrategia original e inédita para salir del pasmo en el que se sumió después del descalabro electoral de 2024. Otros especulaban que el PAN había terminado el relanzamiento iniciado en octubre del año pasado, y que al fin anunciarían qué harían además del rebranding de su logotipo.

La mañana del sábado, Jorge Romero reunió a los miembros del Consejo Nacional de su partido en la sede partidista para nombrar comisiones y adelantarles lo que haría público horas más tarde, en un mitin en la Alameda del Sur, alcaldía Coyoacán.

La expectativa llegó a tal punto, que el dirigente del PRI, Alejandro Moreno, quiso madrugar a los panistas en la semana, anunciando sus precandidaturas para las gubernaturas que estarán en disputa en 2027, y a una pléyade de operadores políticos que, según él, van a reposicionar al tricolor con la expeñista Rosario Robles a la cabeza. Molesto porque Romero decidió romper la alianza que aún le daba oxígeno al tricolor, Alito arremetió contra el PAN, presumiendo una fuerza territorial priista que, evidentemente, se ha mudado a Morena en los últimos 12 años.

Salvo MC, que hizo bien en desmarcarse del PRIAN a tiempo, el desmantelamiento de la oposición es evidente. El extravío ideológico, la falta de autoridad moral y política de sus dirigentes, su discurso insustancial, su pasado impresentable y su incapacidad para generar una alternativa de país, han hecho de Morena la fuerza mayoritaria que gana elecciones casi sin resistencia en muchos territorios. Para Morena y la presidenta Claudia Sheinbaum es mucho más problema Morena misma -y sus aliados, Verde y PT- que las fuerzas opositoras.

En ese contexto, el dirigente del PAN logró que su anuncio del anuncio llamara la atención, y que la mayor parte de los medios y opinadores se interesara genuinamente en el cambio de estrategia.

El anunciado anuncio, sin embargo, se quedó corto. Fue ambiguo y, sobre todo, poco original.

En resumen, Jorge Romero dijo que el PAN se abrirá a la sociedad, para que cualquier ciudadano pueda competir por una de las candidaturas de 2027. Aseguró que él no dará cuotas del 10, 20 o 30 por ciento, que abrirá todas las candidaturas. Y ahí uno se pregunta: ¿qué no era así?, ¿no se supone que Xóchitl Gálvez, su más reciente candidata presidencial, era mucho más ciudadana que panista?

Y, peor aún, Romero dijo que las candidaturas van a elegirse mediante métodos que midan el grado de conocimiento y competitividad de los aspirantes, para postular a los mejores, aunque no sean panistas. No quiso mencionar la palabra encuesta, pero se trata de eso: de imitar a Morena que, desde su origen en 2014, adoptó ese método para postular a sus abanderados.

“Y si acabas siendo la o el más reconocido, el que más quiere la gente, entonces vas a ser nuestra candidata o nuestro candidato. Y si dios quiere, vas a ganar”, exclamó Romero en el mitin. Un genio, sin la menor duda.

Lo cierto es que Jorge Romero da muestras de que no sabe qué hacer con Acción Nacional, un partido que se ha venido achicando aceleradamente. Hoy tiene 70 diputados, su bancada más chica desde 1994; 21 senadores, el grupo más reducido desde hace 26 años; gobierna únicamente cuatro estados (Aguascalientes, Chihuahua, Guanajuato y Querétaro), y obtuvo apenas 9.6 millones de votos en la última elección presidencial, los mismos que obtuvo Diego Fernández de Cevallos 30 años antes, pero con un padrón que representaba la mitad del de 2024.

La crisis del PAN es numérica, pero también ideológica, moral y doctrinaria.

Antes, el PAN perdía elecciones, pero cada vez que competía ganaba autoridad moral frente al régimen del PRI. Sus candidatos rara vez derrotaban a los priistas en las urnas, pero siempre resultaban triunfadores en la batalla simbólica. Su lucha democrática, la “brega de eternidad” a la que llamó Manuel Gómez Morin, eran inspiradoras. Ganaba perdiendo.

Después de muchos años, comenzó a ganar, primero en lo local. Y, de los palacios municipales, saltó a las gubernaturas: Ernesto Ruffo en 1989; Pancho Barrio, en 1992; Alberto Cárdenas, en 1995; Fernando Canales Clariond, en 1997. Hasta ganar la Presidencia de la República con Vicente Fox en 2000. 

Su declive empezó precisamente en ese año, durante el foxismo, con un presidente que sacó al PRI de Los Pinos, pero nunca entendió la doctrina de los fundadores del PAN. La debacle se profundizó con el triunfo fraudulento de 2006, que llevó al poder a Felipe Calderón, un exdirigente doctrinario que se supone que iba a meter al PAN a Los Pinos, pero que extravió el rumbo y, seis años después, perdió al partido y al gobierno. 

Los últimos tres candidatos presidenciales del PAN han sido una calamidad: Josefina Vázqauez Mota, Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez. Cada vez con menos proyecto, menos ideas y menos votos. Y sus últimos dirigentes: Manuel Espino, Germán Martínez, César Nava, Gustavo Madero, Ricardo Anaya y Marko Cortés, fueron erráticos y frívolos. Sustituyeron la doctrina por la propaganda, la mística por los arreglos internos y a los ciudadanos convencidos de una causa por padroneros empeñados en ganar posiciones.

No ha cambiado eso con Jorge Romero, un dirigente enjundioso, con estilo de predicador y que actúa con el Cártel Inmobiliario haciéndole sombra y la mira puesta en el 2030. No es el primero que apuesta por “ciudadanizar” al PAN; de hecho, su discurso del sábado sonó muy parecido al de otras épocas panistas, tanto en la larga etapa opositora, como en el breve periodo de partido en el gobierno. 

Quizá su único acierto palpable hasta el momento es el de desandar el camino de las alianzas con el PRI de Alito Moreno, que al menos le permitirá al PAN no diluir su oferta política en una coalición que es agua y aceite, y no cargar con los negativos del tricolor.

En 2027 se sabrá si la apuesta de Jorge Romero fue la correcta. “Si dios quiere”, no le irá tan mal a su partido y, después de eso, él seguirá siendo dirigente. Entonces luchará por quedarse él con la anhelada candidatura de 2030. A menos que un “ciudadano” se le atreviese en el camino.  

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