Por Valeria Cämun
El mundo les dio la espalda, pero eso no importó porque ellos se hicieron de sus propias oportunidades. Pese a tener secundaria trunca, sufrir violencia en casa, amigos presos y con el fentanilo merodeando su entorno, cientos de jóvenes de escasos recursos decidieron cambiar su destino y montaron su propio negocio.
La palabra “emprendedor” les causa risa, no se perciben a sí mismos como tal, y, sin embargo, lo son: son dueños de su propia barbería.
Entre el “boom” del cuidado personal masculino y los recortes de sueldo y personal de incontables trabajos a causa de la pandemia, muchas personas se vieron obligadas a autoemplearse: las “Nenis” encontraron en las ventas por internet una fuente de ingresos y los hombres aprendieron a cortar barba y cabello.
Uno de esos emprendedores es Beto, joven de 18 años que desde los 15 abrió su local en la calle Mesteño en la Colonia Hacienda Narro, inspirado por su papá, quien también es barbero.
“Empecé porque a mí siempre me ha gustado esto de la barber, y pues lo vi desde morrillo; mi papá me ayuda en muchas cosas y pues gracias a Dios aquí andamos”, dice desde el “Pachecano Barber Shop”, donde también vende ropa y tenis.
“Mi papá me dice ‘tú vas bien’, porque a veces ves a chavos que andan sin hacer nada y sin estudiar, y está mejor poner uno su propio emprendimiento”, afirma.
“Todo lleva su tiempo, los materiales son caros, no es fácil, pero es mejor trabajar por algo que es de uno, tener su propio negocio y ser tu propio patrón”.
En Saltillo no existe un registro sobre número de barberías existentes, ya que no se necesitan permisos especiales para abrir una, pero basta un recorrido por colonias como Mirasierra, Zaragoza, Fundadores, Teresitas, Parajes de Santa Elena o Saltillo 2000 para darse cuenta de que cada vez hay más negocios de ese tipo, atendidos en su mayoría por jóvenes.
En un cuarto de su casa habilitado para negocio, sobre la Avenida Las Torres, Eliud está terminando un corte: sacude los cabellos con el cepillo de peluquero y le retira la capa a su cliente.
“Nunca fui bueno para la escuela, la mera verdad; no terminé segundo de secundaria y me empecé a juntar con ‘los malitos’ hasta que nos atoraron robando piezas de carros”, cuenta ese joven de 24 años, quien pasó más de tres años en el Centro de Internamiento Especializado en Adolescentes Varonil Saltillo (CIEAVS).
Fue hasta que nació su segundo hijo cuando “se puso las pilas” y entró al Centro de Capacitación para el Trabajo Industrial, CECATI 53, en donde “su tirada” era aprender mecánica para poner un taller. Sin embargo, el costo de los materiales era impensable para él, así que se fue por lo más económico.
“Hay tijeras bien baratas, desde 80 pesos. Primero empecé en la cochera de la casa de mis papás en la Bellavista, luego vi que sí dejaba esto de la barber, empecé a comprar tijeras más buenas, ahorita uso unas de 500 pesos y renté aquí y de esto vivimos”, cuenta.
En este sector han aumentado los robos a casa habitación, a negocios y a transeúntes. De acuerdo con la Estadística sobre Personas Adolescentes en Conflicto con la Ley (EPACOL) del Instituto Nacional de Estadística, Coahuila ocupa el noveno lugar nacional en menores judicializados por delitos, principalmente relacionados con narcóticos.
En los últimos dos años, de 2023 a la fecha, mil 406 menores de edad han sido imputados, lo cual coloca al estado en la posición número 13 en el país con la tasa más alta de menores de edad ingresados a centros de internamiento, con 16.8 por cada 100 mil adolescentes.
Escapar
Son las ocho de la noche de un sábado y Toño sigue recibiendo gente en la Colonia Vicente Guerrero. Debe aprovechar, dice, porque “enero empezó muy flojo” y tiene que sacar para la renta y gastos diarios.
“Me enseñé solo a cortar cabello –dice en tono serio y tajante–, les cortaba el pelo a mis hermanillos, luego a mis primos, luego a los vecinos, me daban 20 o 30 pesos”.
Se ríe con los clientes, pero desconfía de los extraños hasta que una broma le cambia el semblante.
“Decidí emprender… ¡pero la huida!”, todos sueltan la carcajada y el ambiente se relaja. “No todos tenemos las mismas oportunidades en esta vida, hay unos que no tienen ni una, y pues uno se las tiene que hacer, solito, sin preguntarle a nadie y sin pedir permiso”.
Vuelve la seriedad cuando se le cuestiona sobre el aumento de la drogadicción en edades cada vez más tempranas, y si él alguna vez pensó en consumir o si tiene amigos que la usan.
“El cristal está al alcance de un ‘sácala’, así de fácil; lo difícil es salir de esa madre… un compa se quedó en el viaje, otro se acaba de morir; lo más fácil es decir que sí, aquí lo difícil es decir que no y tirar a león y hacerte tú las chances”.
La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025 da cuenta sobre el aumento sostenido en el consumo de drogas ilegales en adultos: 4% en nueve años.
En Coahuila, los estimulantes de tipo anfetamínico, como el fentanilo, se convirtieron en la principal droga de impacto, sobre todo en sectores de la población que antes estaban fuera de la ecuación, como mujeres, niños desde los 10 años, adultos mayores y población rural.
La precariedad, falta de oportunidades educativas y ausencia de un proyecto de vida hacen que cada vez más jóvenes caigan en la drogadicción, de ahí la urgencia de ofrecerles otras alternativas para su futuro.
Porque no sólo se trata de consumir, sino de todo lo que implica: daño cerebral, enfermedades crónicas, riesgo de accidentes y sobredosis; trastornos mentales, deterioro de las relaciones personales, violencia familiar, robos, depresión, suicidio, asesinatos, abandono, descomposición social…
Así, lejos de ese escenario, Beto abre su local de diez de la mañana a nueve de la noche todos los días.
“Es muy bonito convivir con las personas y cortarles el pelo, cada vez te enamoras más de este trabajo porque dices ‘hay que mejorar más en todo esto’; es un negocio en el que puedes aprender de la gente, de los cortes, de todo, y la verdad es agradable convivir con la gente.
“También atendemos mujeres, pero yo les recomiendo a ellas que vayan a la estética porque a veces no entendemos a las mujeres, ellas sí son más específicas”, dice Beto con la experiencia aprendida detrás de las tijeras.





