Las redes de Tereso Medina

marzo 4, 2026
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De Juan Eugenio a la CTM Nacional

Por Daniel Cortinas/Arturo Rodríguez

En 1997, durante la selección de candidatos del PRI en Coahuila a diputados federales, hubo un momento de tensión que devino en una incipiente escisión: la CTM, CNOP y CNC, así como las organizaciones de jóvenes, mujeres y el Movimiento Territorial, firmaron en blanco su respaldo a las diferentes candidaturas con el fin de garantizar la unidad.

El trance era usual. En un partido donde las decisiones son del jefe político en turno, cumplir con las formas –es decir, la legitimidad pretendidamente democrática– era la norma.

Un día después, con los destapes hechos, el entonces dirigente de la CNOP, Ricardo Mejía Berdeja, quien un día antes firmó en blanco, se inconformó y tocó las puertas de sus compañeros de sectores y organizaciones para conseguir el registro y la eventual postulación.

Era la primera vez que Tereso Medina Ramírez, de entonces 33 años, participaba de ese tipo de acuerdos. Acababa de asumir la dirigencia de la CTM en Coahuila tras el fallecimiento de Gaspar Valdez Valdez, el histórico dirigente estatal, y el episodio le abría una coyuntura para la negociación personal, pero no lo hizo. Su reacción fue declarar, primero a la dirigencia del partido y luego a medios de comunicación, que la CTM sostenía el acuerdo que había hecho, respetaba su palabra y rechazaba el reclamo de Mejía Berdeja, quien días después se fue del PRI.

“Siempre fue un factor de unidad. En ese y otros momentos, cuando había tensión entre los grupos políticos, propiciaba el balance, un equilibrio… destensaba y permitía llegar a acuerdos”, dice Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, quien por entonces era el líder priista en la entidad.

Picando piedra 

Hasta entonces, Tereso Medina era conocido como uno de los actores sindicales y políticos que Gaspar Valdez incluía como parte de su círculo cercano y del que formaban parte los veteranos Ignacio Dávila y Jesús Berino Granados. Pero Tereso era el más joven, y en el medio político se le conocía apenas desde cinco años antes, cuando la CTM lo impulsó para ser síndico en el ayuntamiento de Saltillo en la elección de 1992. Tereso tenía apenas 28 años.

La edad generaba cierta atención en su caso. La CTM era y sigue siendo un corporativo gremial dirigido por hombres de edad avanzada. El dirigente nacional, Fidel Velazquez, encarnaba la historia del período postrevolucionario con cinco décadas al frente de la organización y 97 años encima. En junio de aquel 1997, cuando falleció, llegó a su relevo Leonardo Rodríguez Alcaine, de 79 años. Y en el estado, Gaspar Valdez llevaba casi tres décadas al frente del cetemismo, mientras que su organización juvenil era ocupada por un hombre de más de 40 años.

Tereso Medina contrastaba. Su tez morena era enmarcada por una imagen casual y pulcra. No era el cetemista mayor, de guayabera o traje negro, con gafas oscuras y un séquito de asistentes, sino un hombre joven, que vestía de vaquero y se movía prácticamente solo, sin chofer ni escolta, en una pick up. Inclusive, su afición al motociclismo, poco conocida, le permitía ser casi anónimo. En su Harley-Davidson solía relajarse y rodar a diferentes ciudades, solo y reflexionando sobre sus preocupaciones.  

Andaba de un lado a otro. De las sesiones de cabildo, salía presuroso cargado de rotafolios a los centros de trabajo. Recorría las líneas de producción, avanzaba un acuerdo y salía disparado al antiguo edificio sede en el centro histórico de Saltillo, para tocar base con don Gaspar e informarle avances. Luego, arrancaba una jornada de capacitación en centros de trabajo, se ausentaba unos días para visitar diferentes municipios y el lunes, muy temprano, ya despachaba gestiones en el ayuntamiento, acordaba con el tesorero y el contralor municipal, para seguir su frenética agenda, recuerda Marco Antonio Cantú, quien por entonces era dirigente juvenil del PRI estatal.

“No paraba, picando piedra todo el tiempo. Conoció a todos y con todos, dentro de la CTM, alcanzaba acuerdos”, dice Cantú Vega.

Con todo, su llegada a la dirigencia estatal fue sorpresiva. En la CTM la fila era larga y los méritos insuficientes por la longevidad de los cuadros dirigentes. Que un joven de 33 años asumiera el liderazgo fue una primera barrera que Tereso rompió para convertirse en un factor relevante a nivel estatal.

A 29 años de distancia, Medina Ramírez asumió la dirigencia nacional. Con 63 años, es el más joven de los dirigentes nacionales de la CTM que sucedieron a Fidel Velázquez, pero también el primero que no es del centro del país y el primero que asume el liderazgo nacional en vida de a quien sucede: Carlos Aceves del Olmo.

“Cetemista que no parecía cetemista” 

La localidad de Juan Eugenio es un ejido de la región lagunera, allá rumbo al Cañón de Jimulco, con poco más de mil 800 habitantes. Es una zona desértica que colinda con pueblos como La Unión, al oeste; San Luis de Corea, hacia el sur; al este, Rio Escondido; y en dirección norte, con Noria de los Marchanes. Puro ejido pobre.

De familia campesina, Tereso nació en ese lugar el 15 de octubre de 1962. Sus primeros años los pasó entre la escuela rural y las labores del campo. El sindicalista Gerardo Montes le consiguió empleo en una fábrica y lo afilió a la CTM. 

A principios de los ochenta Tereso se hizo notar en una gira del dirigente nacional de la CTM, Fidel Velázquez, quien le ofreció una beca para estudiar en el Centro Sindical de Estudios Superiores de la CTM, la llamada “universidad obrera”, célebre por ser una alternativa para hijos de obreros de todo el país. El joven Tereso dejó la línea de producción y se fue a estudiar. Cursó en paralelo las carreras de derecho y administración, cuenta el periodista Daniel Valdez. 

Sus méritos académicos le permitieron cursar luego una maestría en la Escuela Libre de Derecho, una de las instituciones de educación jurídica más prestigiosas del país. Siete años después, en 1985, con sus títulos académicos liberados, regresó a Coahuila y asumió su primer cargo de relevancia: procurador de la Defensa del Trabajo. Tenía 26 años.

Fue postulado a síndico en 1992, en la planilla que encabezaba el empresario Miguel Arizpe Jiménez, heredero de una de las familias más conocidas por sus capitales, la industria y más de 200 años de influencia en Saltillo. La planilla llevaba como primer regidor a Jorge Dávila Flores, un comerciante que años después llegaría a la dirigencia nacional de la Canaco-Servytur.

Entre 1993 y 1996 esos dos jóvenes dirigentes, uno empresarial y el otro sindical, coincidieron y, con los años, llegarían a ser líderes nacionales de sus respectivos sectores. Se hicieron amigos.

Dávila Flores, en entrevista con El Coahuilense, destaca que Medina se preparaba con dedicación y coincidían en propuestas proempresariales que, a su parecer, beneficiaban directamente al trabajador. 

La visión no era convencional para un dirigente obrero. Tereso Medina hablaba de una “nueva cultura laboral” y mucho de lo que hacía partía de esa visión conciliadora entre los llamados factores de la producción.

Según Marco Antonio Cantú, quien entonces integraba la corriente crítica del PRI Democracia 2000, desde aquellos años percibían en él a un cetemista con una visión muy avanzada, involucrado en temas de productividad y desarrollo que, quizás por origen y limitaciones personales, no llegaban a estar en el horizonte de otros cetemistas de la época.

“Era un cetemista que no parecía cetemista, al menos no el cetemista que solíamos conocer en el Sector Obrero en Coahuila ni en el resto del país”.

La dirigencia estatal

Había un aspecto crítico. El poco tiempo que Tereso pasó en una fábrica como obrero, así como su proclividad a los acuerdos con el sector privado, le ganaron el mote de “obrero nylon” o “dirigente nylon”, y dentro de la propia CTM había sectores que veían con mayor simpatía a Ignacio Dávila, e inclusive a Jesús Berino, quienes, sin embargo, se disciplinaron.

En 1996, durante un curso a impartir en Cuernavaca, Tereso conoció a Sergio Félix Landeros, dirigente de la CTM en Matamoros, Coahuila. Era joven también, acababa de relevar al histórico dirigente de la localidad, Antonio de la Torre Silva. Tereso y Sergio compartían una visión similar del sindicalismo y eso los llevaría a consolidar una serie de relaciones para unir a las regiones.

“Nos tocó andar visitando Piedras Negras, Monclova, Acuña… porque en ese momento los patrones no aceptaban que el trabajador tuviera prestaciones como las tienen hoy; prácticamente nos tocó estar educando a los líderes para que cambiaran de mentalidad y vieran que el trabajador también tiene derecho a disfrutar”, detalla Félix Landeros.

Se refiere a la época en que buena parte del empleo maquilador era precario y los dirigentes obreros más proclives a la negociación de prebendas que a dejar a salvo los derechos de los trabajadores. La huelga, el sabotaje o el paro no era una opción porque podían perderse las fuentes de empleo. Así que Tereso procuraba, por la vía del diálogo y el acuerdo, obtener prestaciones y beneficios, sin radicalizar.

“Sabíamos que era en un marco de altísima responsabilidad para seguir impulsando el desarrollo a través de la inversión que generara empleos”, señala Landeros.

“Tereso siempre ha sido un factor de negociación, de unidad. No sólo en el PRI. Es un activo muy relevante por su mesura, ecuanimidad, que permite avanzar en diferentes aspectos y por supuesto en el tema laboral, en la relación empresa-trabajadores, pero sin ceder derechos”, explica.

“Más allá de un tinte partidista, es muy importante la llegada de él para mantener ese balance y seguir buscando oportunidades de inversión en el país”, dice Alejandro Gutiérrez.

De acuerdo con Landeros, antes de la llegada de Tereso a la dirigencia estatal, el antiguo líder, Gaspar Valdez, regía con mano dura el sindicalismo en Coahuila, en un contexto en el que los trabajadores debían negociar sus derechos en los centros laborales recurriendo a la violencia.

“Estaba muy convulsionado el tema sindical; el sindicalismo que yo conocí en el 85, 86 y 87 era un sindicalismo bravo. Las cosas se arreglaban a chingazos, porque pues los orígenes del sindicato son esos, había que llegar a los lugares en medio de mucha turbulencia”, recuerda Félix Landeros.

Con el fallecimiento de Gaspar Valdez en 1997, Medina Ramírez asumió la dirigencia en Coahuila, un perfil joven para los estándares de la confederación que buscaba cambiar la percepción que tenía la sociedad sobre la agresividad a la que recurrían los líderes sindicales.

Bajo su mando, la organización transformó su infraestructura de instalaciones modestas en el centro de Saltillo a la creación de oficinas, unidades deportivas, el salón de eventos “El Sarape”, la Universidad Laboral 4.0, diseñada para que los trabajadores concluyeran sus estudios de bachillerato y algunas licenciaturas, así como servicios funerarios para sus familias.

“Se trabajó en proporcionarles servicios funerarios cuando falleciera su esposa, su papá, su mamá, un hermano, una hermana… e ir creando condiciones para que ese tipo de aspectos que nos pasan a todos no les repercutieran tanto en lo económico”, explica Sergio Félix.

Marco Antonio Cantú dice que el cambio se percibió con un sindicalismo más a la vanguardia. Tereso estaba enfocado en el relevo generacional y los derechos de los trabajadores posicionando a Coahuila como un referente a escala nacional en formalidad laboral.

“Nos tocó platicar con personal de recursos humanos, con gerentes, para que no vieran al trabajador como un enemigo, sino que lo vieran desde otra perspectiva, como un socio de la empresa porque el empresario pone el capital y los empleados su conocimiento laboral, su mano de obra. Era una premisa básica, tanto como entender que, en la medida en que el trabajador es eficiente en la producción, también es justo que el empresario pague con buen trato, buenos sueldos, buenas prestaciones”, dice Sergio Félix.

Fue también a finales de los noventa que otro sindicalista, Alfonso Cepeda Salas, llegó a la dirigencia de la Sección 38 del SNTE. Desde entonces coincidieron. Una década atrás, la sección magisterial había sufrido convulsiones violentas y, tras el paso apaciguador del profesor Julián Montoya, Cepeda Salas atendió las viejas demandas laborales con un nuevo modelo de relación e interés en la educación. Hoy, Cepeda Salas es dirigente nacional del SNTE y la dupla se repite en el contexto nacional.

Tereso es el líder del sindicato más importante del Apartado A y Alfonso del sindicato más importante del Apartado B.

Así que, entre Tereso, Cepeda Salas y Jorge Dávila Flores, consolidando sus presencias en sus respectivos gremios, poco a poco extendían su influencia en la Ciudad de México formando un grupo de coahuilenses que se reunía mensualmente en la capital del país, donde intercambiaban opiniones con figuras como el productor Pedro Torres, el exsecretario de Agricultura Enrique Martínez y Rosario Robles.

Cómo negocia Tereso

“Ha habido negociaciones donde nos hemos aventado muchas largas jornadas, horas de negociaciones hasta que se puedan lograr todos los acuerdos, sin pararse al baño o para comer algo; nadie se levanta hasta que no se logra el consenso y esa firmeza es la que mantiene sus convicciones a flote”, menciona Nazira Zogbi, titular de la Secretaría del Trabajo de Coahuila, con quien Tereso ha mantenido una etapa de colaboración que implementó el primer modelo que ligó la productividad con el salario de los trabajadores mediante la certificación de competencias.

Esta capacitación ha sido crucial durante la crisis arancelaria propiciada por el gobierno de Donald Trump. Así, mientras que en el norte del estado se buscaba alborotar a los trabajadores con promesas de salarios elevados que causaban el cierre de empresas, la estrategia de Tereso se centró en conservar empleos y atraer inversiones.

“Cuando veíamos que algunos liderazgos en el país se desmoronaban o pretendían entrarle a esquemas que parecían rebasados o que parecían de la época de los setenta (como el chantaje, la presión, los paros que se daban en algunas otras centrales), vimos a Tereso propugnando, hablando de un sindicalismo responsable, de actitudes que coincidieran y donde convergieran diferentes factores vinculados al mundo del trabajo con el desarrollo como instrumento para garantizar los derechos del trabajador”, explica Cantú Vega.

En ese contexto, las negociaciones se han vuelto complejas y han llegado hasta la fractura en el seno de la CTM, como ocurrió con Leocadio Hernández Torres, el histórico dirigente en Piedras Negras. 

Las diferencias con Leocadio, y con su hijo homónimo, resultaron en su encarcelamiento por la presunta extorsión a la maquiladora VU Manufacturing. Tereso intervino la administración de la CTM y, desde entonces, padre e hijo nigropetenses se han convertido en los enemigos acérrimos de Medina Ramírez, a quien en días pasados, previo a su elección, acusaron de ser él quien quiso extorsionar a la empresa.

Un perfil distinto

Durante las últimas dos décadas, luego de su consolidación regional, Medina Ramírez fue asumiendo el liderazgo de los principales polos automotrices del país, mediante el liderazgo de los gremios de trabajadores automotriz, de autopartes, metalmecánica y aeroespacial. Después fue asesor de numerosos gremios nacionales de diferentes sectores productivos y, con esa presencia, fue integrado como secretario general adjunto de la CTM nacional en la dirigencia de Carlos Aceves del Olmo.

De hecho, su desempeño en ese cargo, así como su paso por la LXV Legislatura como diputado federal, perfilaron a Tereso como el sucesor natural de Aceves del Olmo. Sus relaciones las fue tejiendo dentro y fuera de la CTM. Abrió las puertas de la central obrera al presidente de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje en el peñismo y construyó buena relación con Marath Bolaños, subsecretario del Trabajo en el sexenio de López Obrador y actual titular de esta cartera. Ha mantenido buena relación en el IMSS con Zoé Robledo, donde Javier Guerrero (director de Operación y Evaluación), otro lagunero de origen campesino, es figura relevante; así como con el Infonavit.

Al cierre de 2025 la reelección de Aceves del Olmo era inminente, aunque Tereso mantenía su activismo en su liderazgo gremial automotriz, pero ya en enero fue cultivando la relación con dirigentes estatales, algunos de los cuales visitaron Saltillo. Pareciera que Aceves del Olmo hubiera anticipado su decisión a Medina Ramírez de manera que, al anunciar su retiro del Congreso Nacional, el coahuilense tenía prácticamente garantizada la unidad.

Sus oponentes se intentaron agrupar. Entre ellos Alfonso Godínez Pichardo, dirigente de la CTM en la Ciudad de México; Fernando Salgado Delgado, veterano de la juvenil cetemista formado al amparo del grupo del SUTERM que dominó la central después de Fidel Velázquez, y el dirigente del STIRT, Francisco Contreras Vergara, quien, sin embargo, debió ocuparse de su propio movimiento que estuvo a punto de estallar la huelga en la industria de la radio y la televisión, una negociación tan severa que implicó la intervención de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en los días previos a la elección cetemista.

Durante las semanas previas al Congreso Nacional, Medina Ramírez mantuvo los llamados a la unidad y construyó una planilla plural. El 24 de febrero fue electo como único candidato para la dirigencia nacional de la CTM.

“En esta nueva relación que tiene el mundo del trabajo con la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización, así como nuevos modelos de producción, quien conduzca el lado sindical para darle certeza al trabajador debe poseer una visión muy clara y amplia; creo que Tereso va a hacer un muy buen papel en la CTM nacional”, detalla Jorge Dávila.

“Durante su toma de protesta como dirigente nacional, Tereso hizo mención de su papá y a sus hermanos que ya fallecieron, también a su mamá, doña Chuyita Ramírez, que la recordó como una señora que no tuvo la oportunidad de ir a la escuela, pero que sabía que la educación era la forma de salir adelante”, relata el periodista Daniel Valdés Romo.

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