Interior de la Casa del Migrante en Saltillo.
Foto: César Espinoza/El Coahuilense.

Migrantes en Coahuila: Un refugio lejos de casa

En la Casa del Migrante de Saltillo, el frío de diciembre se mezcla con acentos, historias y edades distintas
enero 2, 2026
minutos de lectura

Por Kristel Reyes 

Fotos: César Espinoza/El Coahuilense.

Saltillo, Coahuila.- La Navidad llegó puntual incluso para quienes no tienen casa, país o familia cerca, en la Casa del Migrante de Saltillo, el frío de diciembre se mezcla con acentos, historias y edades distintas que una sola esperanza los une: reunirse con su familia en una de las fechas más significativas del año.

En vísperas de fin de año el equipo de El Coahuilense acompañó a las personas que están en el albergue en su rutina de mañana. En el lugar, los habitantes fueron reunidos en el comedor comunitario en punto de la 1:00 pm para su almuerzo. Fue ahí que las historias comenzaron a fluir.

Brian Aguirre, migrante hondureño, contó que salió de su país para salvarse a sí mismo. La violencia, las malas decisiones y la distancia con su familia lo convirtieron en alguien que ya no quería ser. Su madre lo impulsó a salir del país en busca de algo mejor y México se volvió un punto de quiebre. 

Al poco tiempo de haber llegado sufrió un accidente que lo obligó a detenerse y replantear su vida. “Yo ya no me reconozco como antes”, dice. Desde entonces, su meta es clara: trabajar, alquilar una casa, ser independiente y apoyar a su madre. “Para mí, mi jefa siempre va primero”.

Estar lejos de su familia en estas fechas le “duele más” ahora que entiende lo que antes no valoraba.

“Cuando estás lejos es cuando aprendes a valorar… y ese dolor se queda por dentro”. Las navidades ya no son como antes; hoy las vive sobrio, acompañado por recuerdos de la infancia que lo mantienen en pie.

Para Brian, la Casa del Migrante no es solo un albergue. “Es un hogar”, un lugar donde aprendió a valorar lo esencial y a mirar al otro con empatía.

A unos pasos de distancia, Nicolás Hernández, originario de la Huasteca, comparte una historia distinta marcada por la resistencia. Él llegó a Saltillo “derrotado” hace apenas un mes y a diferencia de otras experiencias no perdió documentos ni pertenencias, pero sí cargaba “una vida golpeada desde la infancia”.

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Nicolás lleva dos años sobrio, el alcoholismo fue parte de su pasado, pero hoy vive estas fechas con claridad. 

“Yo pienso que es un gran privilegio tener un hogar, saber que está uno aquí enfocado en trasladarse, vivir mejor. Así como están las cosas yo llegué aquí sin la esperanza de obtener nada.
Y, aunque es así, estoy agradecido por lo que esta gente ha hecho por mí y por lo que hace por toda la gente que llega aquí. Aquí hay mucha gente que tiene sus historias y les gustaría hablar porque hablar es desahogarse de la mente, de lo que uno encierra en su persona”, expresó.

A pesar de confesar que pasar las fechas decembrinas lejos de la familia duele, aclaró que aquí no se siente solo. “Hay gente que se preocupa por uno, gente que da sin conocerte”. 

Para él, lo material es secundario. Lo importante es la oportunidad de empezar de nuevo y la dignidad de ser visto como persona.

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Nicolás hace una petición sencilla a la comunidad: que se acerquen, que pregunten, que escuchen sus historias sin juzgar. 

“Que no juzguemos solo lo que miramos, sino que conozcamos la historia y la necesidad de cada persona”.

Saliendo del comedor se encuentra el área donde lavan los trastes que utilizan durante el día. Ahí, Antonio y Gilberto se hacían compañía durante sus labores. Antonio, quien es originario del sur del país, ha cruzado la frontera más de una vez y sabe que el camino no es fácil, el frío y la incertidumbre política lo han obligado a pausar sus planes. Admite que espera a que el clima mejore para intentar cruzar de nuevo y que estar lejos de su familia en estas fechas es doloroso y diferente.

“Sinceramente uno se pone triste por el lado que no está uno conviviendo en los días festivos, pero a la vez tenemos que superar esa fase” comenta Antonio.

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Por su parte, Gilberto, originario de San Luis Potosí, menciona que es la primera vez que intentará cruzar al país vecino. A diferencia de todos los demás, cuenta que a pesar de que es doloroso estar lejos de su familia, prefiere evitar todo lo que pueda quebrarlo emocionalmente. 

“Yo no escucho música romántica, no oigo, así como cosas o a la gente que está hablando de que sus ciudades o familia. Si me meto en eso, no me voy a parar. Si alguien está llorando, que, de tristeza, yo me voy. No puedo estar en ese estado de depresión porque no voy a parar”, explica. 

El refugio de Gilberto durante estas fechas es mantenerse ocupado, pensar en el futuro y rodearse de personas que le aporten fortaleza. 

“Me ocupo en actividades, pensar qué voy a hacer, cómo voy a lograr salir adelante. En qué voy a apoyarme, o en quién apoyarme, por ejemplo, con Eli, me da buenas ideas, me habla de la confianza que es más importante que cualquier cosa, en cierto tipo de personas que son positivas son las que te van a apoyar y beneficiar”, dice.

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Un hombre que solicitó mantenerse en el anonimato y se identificó como AR, es originario de Venezuela, llegó a la Casa del Migrante de Saltillo la noche anterior a la entrevista. Es defensor de derechos humanos y abogado de profesión en su país de origen, pero actualmente se encuentra en México en calidad de refugiado, luego de haber sido perseguido políticamente por el régimen de Nicolás Maduro.

En su país fue encarcelado y detenido por motivos políticos en un contexto donde, dice, “no existe la libertad de expresión ni de prensa”. Debido a esta persecución se vio obligado a huir de Venezuela en diciembre de 2023 y desde entonces ha recorrido distintos puntos de México, en donde desde hace un año y ocho meses ha ido viajando. Su intención principal era llegar a Estados Unidos, sin embargo, el cierre de la frontera truncó ese objetivo.

A pesar de que reconoce que las dificultades han sido muchas, afirmó que México lo ha tratado bien, sin embargo, admite que las fechas decembrinas suelen ser especialmente duras.

“Las he pasado bien, bueno, bien porque estamos con vida, pero uno extraña su comida navideña, que en el caso de los venezolanos es la hallaca, el pan de jamón, el pernil asado, pero son costumbres, me he adaptado al picante de la comida de aquí”, relató.

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Durante la Nochebuena, A.R. se encontraba en la Casa del Migrante de San Luis Potosí, en donde participó en actividades organizadas por las personas en tránsito con cenas, concursos y entrega de regalos. 

Esta experiencia la describió como “bonita” pero marcada por la tristeza de estar lejos de casa. Posteriormente viajó a Saltillo, donde asegura haberse sentido bien recibido.

Al hablar de lo que le da fuerza para continuar, A.R. afirmó que es su hijo de 12 años, quien permanece en Venezuela. Viudo y separado de su hijo por la migración forzada, señala que ese es el motor que lo impulsa a seguir adelante, con la esperanza de reencontrarse algún día con él. 

Reconoce que uno de los momentos más difíciles ha sido enfrentar la posibilidad de cruzar fronteras de manera irregular, un camino que describe como peligroso y lleno de riesgos.

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Para A.R., las casas del migrante representan “paz, acogida, amor, alimentación, techo y ropa”, elementos básicos que considera fundamentales para quienes se encuentran en tránsito. 

El contraste entre su vida profesional en Venezuela y su situación actual es uno de los cambios más duros. Como abogado, hoy no puede ejercer su profesión, aunque ha comenzado a informarse sobre el proceso de revalidación de su título en México, en caso de no lograr ingresar a Estados Unidos, ya que regresar a su país no es una opción. 

Actualmente espera la oportunidad de trabajar algunos días para reunir recursos y continuar su camino hacia Piedras Negras, Coahuila.

“Es difícil salir, salir de tu país y donde no puedes ejercer una profesión, salvo que revalides. Entonces, he estado en información de todo eso si no llego a pasar a Estados Unidos, voy a revalidar mi título aquí para poder ejercer. Porque yo no puedo regresar a Venezuela porque tengo orden de captura, no por delincuente, sino una orden de captura política, por delitos políticos por ese régimen. Entonces, una vez que caiga el régimen, sí abandonaría México y me iría a mi país. Una vez que vuelva la democracia a Venezuela.” Dijo.

Mientras afuera la ciudad celebra, dentro de la Casa del Migrante las fechas se viven distinto, las historias que este albergue guarda son un recordatorio de que detrás de cada persona en tránsito hay decisiones difíciles, pérdidas profundas y un deseo genuino de salir adelante.

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