Fentanilo: De medicamentos a droga ilícita y letal

abril 10, 2023
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Alétheia

Por Jesús Gerardo Puentes Balderas 

Las iniciativas y propuestas realizadas por senadores y políticos de los Estados Unidos con relación al uso de las fuerzas armadas de su país en contra de los cárteles mexicanos, así como a declararlos grupos terroristas, obedecen a dos razones: la primera, aprovechar la coyuntura política para vender una idea fácilmente aceptada por el electorado; la segunda, la desesperación por resolver la  epidemia adictiva ocasionada por el consumo de opioides sintéticos.

Ambas ideas, desmesuradas e irresponsables, son generadas desde la perversidad de las mentes de los populistas de derecha y capitalizadas por las primitivas de los de izquierda; constituyen, en todo caso, un testimonio de la falta de seriedad para encontrar soluciones de fondo al problema.

Más allá del oprobio de semejantes desatinos, es totalmente irresponsable e hipócrita la posición sistemática de los Estados Unidos de culpar a otros países por la crisis de adicciones a todo tipo de sustancias psicotrópicas o enervantes en ese país.

Las conclusiones de diversos estudios clínicos y científicos alrededor del mundo sobre las adicciones señalan la necesidad de equilibrar los recursos utilizados para combatir la oferta de sustancias adictivas con los usados para prevenirlos y tratarlos.

De igual manera, recomiendan no categorizar a las adicciones como un problema de seguridad ciudadana, sino de salud pública.

Mientras esto no suceda, difícilmente los patrones de consumo de drogas disminuirán.

Así concluye el Informe final de la Comisión sobre el Combate al Tráfico de Opioides Sintéticos del Congreso de los Estados Unidos, de febrero de 2022. Otra publicación, auspiciada por la Sociedad para el Estudio de la Adicción, reflexiona: ¿La aplicación estricta de la Ley en contra de la oferta hace a las drogas más costosas? De ser así, no es combatiendo la oferta como solucionará su epidemia de opioides sintéticos nuestro vecino del norte.

Reitero mi afirmación, vertida en mi anterior entrega, en el sentido que la crisis fue ocasionada por los políticos estadounidenses en contubernio con las farmacéuticas, académicos, doctores y distribuidores de medicina, quienes –no es exagerado aseverar– actuaron como una mafia con el aval del gobierno.

Los médicos, por ejemplo, recibían regalos e incentivos por parte de los laboratorios en una dinámica tal que si se negaban eran sujetos a sanciones impuestas por las sociedades y colegios. Existía, a su vez, publicidad que azuzaba a los pacientes a denunciar a los doctores que se negaran a prescribirlos.

La campaña de marketing a favor de los opioides sintéticos fue engañosa. Se acuñó el término “Pseudoadicción”, definido éste como: “La idea de que un paciente no puede ser adicto –así tuviere todos los síntomas y signos– si se consumen los opioides bajo prescripción médica”.

Para fijar dicho concepto se instrumentó toda una campaña de mercadotecnia, lo mismo filtrándolo en artículos científicos, que en conferencias; en su uso coloquial por expertos académicos, publicidad y comunicación hacia los pacientes, entre otras estrategias.

Frases como “El dolor es la quinta señal vital”, “Ninguna dosis es muy alta”, “Los opioides son un tratamiento efectivo para el dolor crónico” o “El riesgo de adicción es muy bajo”, lograron su objetivo con creces.

Hoy el gobierno de los Estados Unidos, quizás sin medir adecuadamente el peso en las conversaciones domésticas de los gobiernos populistas y autoritarios, ha emprendido una campaña en contra de China, India y México, acusándolos de ser los responsables de la epidemia de consumo de droga más crítica en el último cuarto de siglo, sin la menor autocrítica ni asomo de sentido de responsabilidad.

Continuará…

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