En un país donde la desigualdad y la falta de espacios dignos para la niñez son un problema estructural, la Fundación FEMSA anunció la creación de cuatro nuevos “Lugares Amigables para la Primera Infancia” (LAPIS) en Guanajuato, Estado de México, Chiapas y Guerrero. La iniciativa, que involucra a Coca-Cola FEMSA y OXXO, busca generar ambientes de aprendizaje y juego en comunidades vulnerables.
El proyecto, que intervino un total de 1,259 metros cuadrados, beneficiará directamente a 1,256 niñas y niños de entre 0 y 6 años, así como a sus familias y cuidadores. Sin embargo, más allá del discurso empresarial, la intervención de corporaciones en espacios públicos levanta cuestionamientos sobre el papel del Estado y la responsabilidad de las autoridades en garantizar estos derechos.
Los nuevos LAPIS incluyen desde remodelaciones en jardines de niños hasta la instalación de mobiliario urbano y murales comunitarios. En Chiapas, por ejemplo, Coca-Cola FEMSA impulsó la construcción del LAPIS Bosque del Huitepec, en San Cristóbal, un espacio en medio de la naturaleza con hamacas y bancas comunitarias. En el Estado de México, otro centro de este tipo se desarrolló con materiales reciclados y la participación de la comunidad.
OXXO, por su parte, intervino el Jardín de Niños Duarte en Guanajuato y el Parque Infantil La Laja, donde además de infraestructura, se pintó un mural con temática marina. La compañía, que ha sido señalada en múltiples ocasiones por prácticas laborales cuestionables, ahora busca posicionarse como un “buen vecino” comprometido con el desarrollo comunitario.
“En OXXO creemos que la educación es la base para un mejor futuro”, declaró Valeria Sanmiguel, gerente de Acción Comunitaria de la empresa. Un mensaje similar al de Coca-Cola FEMSA, cuya gerente de Sostenibilidad, Daniela Torres, destacó la importancia de la primera infancia en la creatividad y el aprendizaje.
Más allá del impacto positivo que estas acciones puedan tener en la comunidad, el involucramiento de las grandes corporaciones en proyectos de infraestructura social plantea un dilema: ¿se trata de un genuino compromiso con la infancia o de una estrategia para mejorar la imagen de empresas con amplio historial de críticas?
La directora del Jardín de Niños María Enriqueta Camarillo de Pereyra, Claudia Salazar, reconoce los beneficios del proyecto en Chiapas, pero también destaca la necesidad de mayor inversión gubernamental: “Los niños han aprendido sobre reciclaje y el cuidado del medio ambiente, pero es preocupante que sean las empresas quienes cubran estas necesidades y no las autoridades”.
En un país donde el gasto en educación y espacios públicos es insuficiente, la participación de corporaciones como FEMSA en proyectos de este tipo genera un doble discurso: mientras amplían su influencia en la vida comunitaria, su presencia en sectores estratégicos sigue siendo objeto de debate. La pregunta sigue en el aire: ¿quién debe garantizar estos espacios, el Estado o el capital privado?
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