Ser partera tradicional es rebeldía

mayo 7, 2023
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Foto: Pexels.

Ser partera tradicional es rebeldía, es decir: “yo tengo el poder de acompañar a otras mujeres, pero también ese grito de que las mujeres son dueñas de sus cuerpos y ellas deciden cómo traer hijos a este plano”, así define su labor Estela Hernández Martínez, partera tradicional, presidenta y fundadora de Mim T´sabal parteras, organización de mujeres indígenas en San Luis Potosí.

Una partera tradicional acompaña a las mujeres y a las y los bebés, a quienes ellas consideran sus nietas y nietos. Acompañan a las familias y a comunidades enteras que encuentran en sus saberes la seguridad, tranquilidad y amor que una sociedad rara vez brinda. Ellas “crean hermandades” y no están dispuestas a ser olvidadas ni minimizadas en una labor que consideran “un legado poderoso”, contó Estela Hernández a Cimacnoticias.

“Para mí decir que soy partera es ese grito de libertad, de rebeldía ante sistemas que nos ha obligado a solo creer que existe una sola opción”, cuenta la mujer que acompañó el primer parto a los 15 años y desde entonces hasta ahora ha visto a 150 bebés integrarse a este mundo. Aunque, asegura, hay parteras que han acompañado 500 o incluso mil partos.

Estela, como nieta de parteras tradicionales, reconoce que hay mujeres que han formado comunidades enteras, viendo nacer a los hijos, de los hijos, de los hijos de las primeras mujeres que depositaron su confianza en ellas. 

Para Estela, la emoción del primer parto que acompañó se repite y se intensifica con cada mujer que la “hace parte de su familia” cuando la eligen para “traer a sus hijos a este plano”, asegura.

La rebeldía en el acompañamiento amoroso

“Las parteras acompañan y actúan conforme a las decisiones de la mujer embarazada”, afirma Estela. Desde que se conocen, ambas conforman una hermandad que no se rompe después del nacimiento. Así ha sido desde años y también es la consigna de aquellas que forman parte de Mim T´sabal parteras. 

El acompañamiento que las parteras brindan a las mujeres no solo es atender el parto, hay una escucha directa, es mirarse a los ojos y saberse una para la otra. 

“A veces hay búsqueda de seguridad y la encuentras en la otra mujer, en la partera”. 

El acompañamiento incluye el empoderamiento del cuerpo, narra Estela. “El decir: yo puedo, mi cuerpo es majestuoso, imponente, puede crear vida y después traerla a este plano”. 

Las parteras explican a las mujeres el proceso del trabajo de parto, por otro lado las mujeres embarazadas dan a conocer sus deseos para cuando llegue ese momento, pueden pedir que se preparen flores, velas o música; elegir el espacio donde desean parir y quién la acompañará. Este acompañamiento incluye a la pareja (en los casos donde esté presente). Al hombre se le integra y se le aclara que no hay riesgo de llevar a cabo un parto en casa.

«¿Si comienza el trabajo de parto y tú no estás?«, cuestionan ellos. Sin embargo, Estela afirma que una partera puede conocer el momento exacto en que una mujer va a parir con solo verla, «no es necesario tocarla». De esta forma, ellas llegan a los hogares incluso días u horas antes de que la mujer comience este proceso. «Una partera únicamente necesita sus manos, su mente y su corazón para guiar y acompañar».

Integrantes de la familia llegan a mostrar reticencia ante un parto en casa. Es ahí cuando las parteras explican los beneficios para la madre y el bebé. Y es que ellas son la respuesta ante un sistema de salud que ejerce violencia obstétrica, la cual es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “toda acción u omisión por parte del personal médico y de salud que dañe, lastime, denigre o cause la muerte a la mujer durante el embarazo, parto y puerperio”.

En México las cifras hablan por sí solas. De las mujeres de 15 a 49 años que tuvieron un parto o cesárea entre 2016 y 2021, 33.4 por ciento experimentó maltrato en la atención obstétrica durante la cesárea y 29.6 por ciento en el parto. Del mismo modo, 19.5 por ciento de las mujeres que tuvo cesárea vivió maltrato psicológico y/ o físico y a 23.7 por ciento se le realizó tratamiento médico no autorizado.

Asimismo, de las mujeres que tuvieron un parto, 22 por ciento experimentó maltrato psicológico y/ o físico y a 16.9 por ciento se le practicó tratamiento médico sin su autorización, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021.

Es por eso que las parteras cuidan el parto como “una experiencia de respeto, amor y confianza”. En la que se mantiene como prioridad los deseos de la madre y el acompañamiento a sus emociones, al mismo tiempo que se cuida de la nueva vida.

E incluso cuando de último momento una mujer decide acudir a parir a un hospital, las parteras la respaldan y abrazan. 

“Nosotras creemos y estamos seguras de que la mujer es quien tiene la última palabra”. 

Cuando la bebé o el bebé ha nacido, el acompañamiento no termina. “Hay parteras que se van una semana antes del parto y se quedan una semana más para acompañar a las mujeres durante la lactancia materna”, detalla Estela.

Muchas veces ellas cumplen 24 o hasta 72 horas en el hogar de la mujer que acaba de parir, preparan caldos de pollo, la abrigan y le hacen saber que está protegida.

“Sabemos que andan muy cansadas, las dejamos dormir y si el bebé necesita algo nosotras nos encargamos de él, de cuidarlo, arroparlo, cambiarlo. Queremos que las madres estén tranquilas y cómodas. Después de unas horas le ayudamos a levantarse, a bañarse y a revisar cómo se siente”. 

Finalmente las parteras y las familias bañan al recién nacido con agua que incluye diversas plantas, además dedican un día a la presentación del bebé a los cuatro puntos: agua, tierra, fuego y viento. 

“Para que crezcan sanos, no se enfermen a cada rato, para que estén conectados con la madre tierra, con la naturaleza”. Desde el nacimiento, las niñas y niños se convierten en nietos de las parteras, a quienes acompañarán el resto de su vida o hasta donde ellos lo permitan.

Parteras tradicionales, pilares de las comunidades

De acuerdo con Morada Violeta –primera casa de partería feminista en la Ciudad de México–, hasta ahora se reconocen tres tipos de parteras: las profesionales, las autónomas y las tradicionales o en la tradición.

Las parteras tradicionales, como Estela, son aquellas que laboran en comunidades indígenas, alejadas de las zonas urbanas y en donde la atención médica es escasa o muchas veces nula. 

Es por ello que las parteras son consideradas “una pieza importante en las comunidades, pues puede pasar que un persona tarde hasta tres horas en llegar a un centro de salud y de ahí otra hora para llegar a un hospital”, detalla Estela.

Es por ello que buscan preservar su labor, lo anterior aún cuando actualmente las parteras tradicionales enfrentan un sistema que busca crear una Norma Oficial Mexicana de Partería, lo cual para ellas representa “un riesgo inminente para sus conocimientos ancestrales”. 

El proyecto para la creación de esta Norma Mexicana lo dio a conocer el pasado 6 de septiembre de 2022 el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, asegurando que con ello se buscaría garantizar “las condiciones necesarias para que la práctica de la partería sea segura para todas las personas involucradas”. 

Sin embargo, para las parteras hay claridad: su labor es segura para las madres y sus bebés.

“Estamos para ayudar, acompañar y hermanarnos. Nosotras no traemos niños al mundo, la partera acompaña a la mujer a traer a su hijo al mundo. Cuando nace el bebé nos encargamos de darle amor y comodidad, porque niños que nacen con amor, son sociedades que surgen con amor”, sentenció Estela Hernández.

CIMAC Noticias

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