Saltillo, Coahuila. — El Museo del Desierto fue escenario de un anuncio que amplía el árbol genealógico del pasado remoto de México: la presentación oficial del Xenovenator espinosai, una nueva especie de dinosaurio troodóntido identificada en territorio coahuilense, y la primera de este grupo descrita formalmente para México.
El hallazgo no fue inmediato ni fortuito. Los fósiles que permitieron describir a esta especie fueron localizados en distintos momentos —en los años 2000, 2002 y 2004— y corresponden a tres individuos distintos, recuperados a nivel de superficie en la región sureste del estado, cerca del municipio de General Cepeda.
Por razones de seguridad y conservación, los especialistas evitaron revelar las ubicaciones exactas de los hallazgos, con el fin de prevenir el vandalismo y el tráfico ilegal de piezas fósiles.
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Durante la presentación, el presídium fue integrado por el licenciado Francisco Aguilar, el biólogo Arturo González, director del Museo del Desierto, y el maestro Héctor Rivera-Sylva, figura clave en el desarrollo científico del descubrimiento. También estuvo presente Luis Espinosa, a quien se dedicó el nombre específico del dinosaurio, como reconocimiento a su trayectoria y a su aportación al fortalecimiento del museo y de la divulgación científica en Coahuila.
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De acuerdo con los investigadores, Xenovenator espinosai alcanzaba una altura aproximada de entre 1.50 y 1.60 metros. Se trataba de un cazador nocturno, una conclusión sustentada en la orientación frontal de sus ojos y en el tamaño de sus órbitas, rasgos que recuerdan a los de un búho moderno: precisión visual en la oscuridad y eficacia letal sin necesidad de anunciarse.
El nombre de la especie responde a las reglas internacionales de la nomenclatura científica. Xenovenator proviene de raíces grecolatinas que significan “cazador extraño”, mientras que el epíteto espinosai termina en -i, una forma utilizada cuando una especie es dedicada a una persona en particular, en este caso, Luis Espinosa, homenajeado en vida.
Durante la sesión de preguntas, se subrayó que los restos permanecerán resguardados en colecciones científicas accesibles para la comunidad académica, reafirmando el carácter público del conocimiento. En ese contexto, el licenciado Francisco Aguilar dirigió un mensaje claro y contundente sobre la protección del patrimonio paleontológico:
“El agarrar una pieza y echártela a la bolsa es un delito. El desconocimiento de la ley no te exime de la culpabilidad. Esto es daño al patrimonio cultural de la nación y se persigue de oficio. Estas piezas no deben privatizarse ni esconderse en una casa o un cajón; deben quedarse en los museos, donde son patrimonio de todos.”
La presentación concluyó con un mensaje que dejó claro que este hallazgo es solo una capa más dentro de una historia geológica mucho más profunda. Arturo González, director del Museo del Desierto, subrayó que el conocimiento actual sigue siendo limitado y que el territorio aún guarda más preguntas que respuestas al señalar que “no llegamos ni al 10 por ciento del conocimiento de las especies que habitaron esta región antes”, finaliza Arturo González.





