Ciudad de México.- A dos décadas de la explosión en la mina Pasta de Conchos, el dolor volvió a tomar forma de oración frente al Antimonumento +65, instalado sobre Paseo de la Reforma como un reclamo permanente de verdad y justicia.
Entre fotografías, veladoras y una “cuerda de vida” que sostuvo los rostros de los mineros fallecidos, familiares, organizaciones civiles y acompañantes celebraron una misa en memoria de los 65 trabajadores que murieron el 19 de febrero de 2006.
Realizan misa en antimonumento +65
La eucaristía fue presidida por el obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López, quien elevó una oración por los mineros que aún permanecen bajo tierra y condenó la indolencia institucional y empresarial que, dijo, marcó la tragedia desde sus primeras horas.
“Pediremos a Dios por quienes siguen esperando el rescate de sus familiares caídos en esta mina de carbón”, expresó Luis Vera ante los deudos
El acto tuvo lugar frente a la Bolsa Mexicana de Valores, símbolo que para las familias representa la dimensión económica detrás de la tragedia y la deuda histórica en materia de justicia.
Bajo una carpa instalada junto a la escultura metálica de cinco metros de altura, colocada en 2018 como protesta permanente, los asistentes escucharon los nombres de los mineros y guardaron un minuto de silencio.
Un antimonumento contra el olvido
El Antimonumento +65 fue erigido en febrero de 2018 como el tercer antimonumento colocado en la capital del país. Concebido como una expresión de protesta y memoria colectiva, busca evidenciar la falta de respuestas oficiales y la impunidad en torno al caso. Para las familias, representa el espacio donde la exigencia no se apaga: recuperar los restos, esclarecer lo ocurrido y sancionar a los responsables.
Durante la ceremonia, integrantes de la organización Familia Pasta de Conchos recordaron que, hasta ahora, se han recuperado restos de poco más de una veintena de mineros, con cifras oficiales que reportan entre 23 y 25 identificados y entregados, mientras que 38 trabajadores permanecen aún en el subsuelo. La demanda, insistieron, es el rescate total.
Organizaciones solidarias, como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, acompañaron el acto y reiteraron que el caso sigue siendo emblemático de las deudas del Estado mexicano en materia de derechos humanos y laborales.
¿Qué pasó en Pasta de Conchos? La tragedia minera que sacudió a México
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La tragedia ocurrió la madrugada del 19 de febrero de 2006 en la mina 8 de la Unidad Pasta de Conchos, en San Juan de Sabinas, Coahuila. Una explosión, atribuida a la acumulación de gas metano en condiciones inseguras, provocó el colapso de galerías y dejó atrapados a 65 mineros a más de 150 metros de profundidad.
En los días posteriores, las labores de rescate se suspendieron bajo el argumento de que las condiciones representaban un riesgo para los brigadistas. Las familias denunciaron desde entonces negligencia en las medidas de seguridad y en la supervisión laboral.
También señalaron a la empresa operadora, Grupo México, por precariedad en las condiciones de trabajo y por la decisión de cancelar el rescate cuando aún existía esperanza de encontrar sobrevivientes.
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Durante años, 63 cuerpos permanecieron sepultados sin posibilidad de sepultura digna. La lucha de las familias incluyó protestas, recursos legales y la internacionalización del caso.
En 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que no se habían esclarecido oficialmente las causas de la explosión ni deslindado responsabilidades, además de advertir violaciones a derechos como la verdad y el acceso a la justicia.
Rescate en curso, justicia pendiente
En fechas recientes, el Gobierno de México informó avances en la recuperación de restos, con trabajos coordinados entre diversas dependencias federales. Excavaciones, apertura de nuevas galerías y monitoreo permanente forman parte de las labores actuales. Para algunas familias, el proceso ha permitido finalmente despedirse; para otras, la espera continúa.
En la misa celebrada en Reforma, el mensaje fue claro: la memoria no sustituye la justicia. Las fotografías atadas a la “cuerda de vida” simbolizaron no solo la unión de las familias, sino la determinación de mantener viva la exigencia.
Veinte años después, Pasta de Conchos sigue siendo una herida abierta. En el corazón financiero de la capital, el Antimonumento +65 volvió a convertirse en altar y tribuna: un recordatorio de que bajo la tierra aún hay historias sin cerrar y que la fe, para estas familias, camina de la mano con la demanda de verdad.
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