Regreso de Miguel Riquelme a Torreón: Dos momentos de aplausos que marcaron una sesión histórica

julio 2, 2026
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Por Ethel Arredondo

Torreón, Coahuila.- Hay sesiones de Cabildo que transcurren entre acuerdos administrativos y asuntos de rutina. Otras definen el rumbo político de una ciudad. Pero hay algunas que quedan grabadas en la memoria colectiva porque ocurren bajo circunstancias que nadie hubiera querido vivir.

La del mediodía de este jueves 2 de julio de 2026 pertenece a estas últimas.

La Sala de Cabildo, ubicada en el séptimo piso de la Presidencia Municipal de Torreón, volvió a ser escenario de un hecho histórico. No porque Miguel Ángel Riquelme Solís regresara a ocupar la silla que dejó hace casi diez años para convertirse en gobernador de Coahuila. El verdadero significado del momento radicaba en que ese regreso fue consecuencia de la irreparable pérdida de Román Alberto Cepeda González, cuyo fallecimiento obligó al Cabildo a garantizar la continuidad del gobierno municipal.

No era una ceremonia de cambio de administración.

Era una sesión solemne para dar continuidad a un proyecto interrumpido por el luto.

Un salón lleno antes del mediodía. La convocatoria estaba programada para las doce del día.

Sin embargo, quince minutos antes ya no había un solo asiento disponible.

Funcionarios estatales y municipales, legisladores, empresarios, representantes de cámaras, alcaldes, exalcaldes, integrantes de las Fuerzas Armadas, dirigentes políticos y ciudadanos ocupaban cada espacio de la Sala de Cabildo. Los pasillos también comenzaron a llenarse.

El aire acondicionado resultó insuficiente.

Con decenas de personas reunidas en un mismo espacio, el salón terminó convirtiéndose en un horno.

Pero nadie abandonó su lugar. Todos estaban conscientes de que presenciarían una sesión que pasaría a formar parte de la historia política de Torreón.

Pocos minutos después del mediodía cesaron las conversaciones. Desde las oficinas privadas de la Presidencia Municipal, ubicadas también en el séptimo piso, aparecieron caminando juntos el gobernador Manolo Jiménez Salinas y Miguel Ángel Riquelme Solís.

Ambos fueron recibidos con aplausos.

La imagen tenía un fuerte simbolismo.

Por primera vez en el edificio de la Plaza Mayor, un gobernador de Coahuila ocupaba un lugar en la mesa del Cabildo durante una sesión solemne de esta naturaleza.

Para Riquelme Solís significaba volver a un sitio conocido. Después de casi una década regresaba a la misma Sala de Cabildo donde encabezó sesiones como presidente municipal, antes de convertirse en gobernador del estado. Los años habían cambiado las responsabilidades, pero el escenario seguía siendo el mismo.

El primer aplauso

Correspondió al secretario del Ayuntamiento, Eduardo Olmos Castro, conducir la sesión. Tras dar la bienvenida al gobernador y al alcalde entrante, comenzó la presentación de los invitados especiales.

Mencionó a los mandos militares y del Mando Especial de La Laguna; al magistrado José Ignacio Máynez Varela, quien acudió en representación del magistrado Miguel Felipe Mery Ayup; a la diputada Beatriz Fraustro Dávila; al general Alberto Ibarra Flores; al fiscal general Federico Fernández Montañez; al dirigente estatal del PRI Carlos Robles Loustaunau; a los alcaldes Miguel Ángel Ramírez López, de Matamoros, y Carlos Villarreal Pérez, de Monclova; a la alcaldesa de Lerdo, Susy Torrecillas Salazar, y finalmente a Selina Bremer de Cepeda, esposa del fallecido alcalde Román Alberto Cepeda González.

Fue entonces cuando ocurrió el primer momento que rompió el protocolo. Sin que nadie lo solicitara, la Sala de Cabildo estalló en un prolongado y emotivo aplauso.

No hubo indicaciones ni llamados. Simplemente ocurrió.

Fue una muestra espontánea de solidaridad hacia la familia del alcalde fallecido y, al mismo tiempo, un reconocimiento al legado de quien hasta hace unos días encabezaba el gobierno municipal.

Durante algunos segundos, el protocolo quedó suspendido. La política cedió su lugar a la parte humana.

Superado el momento emotivo, se verificó la asistencia de los integrantes del Cabildo y se declaró el quórum legal. Después del desahogo de los primeros puntos del orden del día llegó el momento esperado.

Miguel Ángel Riquelme Solís rindió protesta como presidente municipal de Torreón para concluir el periodo constitucional 2025-2027.

“Hoy no comienza un nuevo gobierno”

Ya investido como alcalde, Riquelme tomó la palabra.

Antes de hablar del futuro, recordó a Román Alberto Cepeda González y expresó solidaridad con su familia. Después dejó claro el sentido de su administración.

“Hoy no comienza un nuevo gobierno; hoy continúa el gobierno que las y los ciudadanos eligieron democráticamente.”

Explicó que su responsabilidad será mantener el rumbo del municipio, consolidar los programas que han dado resultados y corregir aquello que la ciudadanía demanda.

La seguridad ocupó buena parte de su mensaje. Afirmó que seguirá siendo el eje de la administración mediante el trabajo coordinado con el Gobierno del Estado, el Gobierno de México, las Fuerzas Armadas y las corporaciones policiacas. Posteriormente dirigió un mensaje al gobernador.

Reconoció que Coahuila vive una etapa de estabilidad, desarrollo y coordinación institucional.

“Su liderazgo ha permitido construir un estado fuerte, con seguridad y con mucha visión de futuro. Estoy convencido de que Torreón seguirá encontrando en el Gobierno del Estado un aliado permanente. Trabajaremos hombro con hombro.”

Recordó que ambos ya habían hecho equipo años atrás y que los resultados fueron contundentes. Después vino una de las frases más firmes de la ceremonia.

“Gobernador, le garantizamos que Torreón no será la puerta de entrada de grupos criminales, ni mucho menos aval de extorsionadores que fingen ser organizaciones gremiales.” El mensaje fue recibido con un nuevo aplauso por parte de los asistentes.

Era el segundo momento que rompía la solemnidad del acto. Concluido el mensaje del alcalde, el secretario del Ayuntamiento cedió el uso de la palabra al gobernador Manolo Jiménez.

“Miguel Riquelme es un hombre de resultados; es un hombre con una gran experiencia. Conoce Torreón, pero también conoce el gobierno municipal de Torreón. Eso nos permite que esto no se detenga.” Destacó la relación que mantiene con los distintos sectores de la sociedad.

Después fue directo.

“Quiero decirle, estimado alcalde, que cuenta con todo mi apoyo y con todo mi respaldo.” Al igual que Riquelme, colocó la seguridad como prioridad absoluta.

“En el tema de seguridad no podemos bajar la guardia. Vamos a seguir fortaleciendo y blindando a Torreón, a La Laguna y a Coahuila.”

El gobernador anunció además que trabajarán en conjunto para fortalecer los servicios públicos del municipio y reiteró que la coordinación entre el Estado y el Ayuntamiento será permanente.

Concluida la sesión solemne, el ambiente cambió de inmediato. Los reporteros avanzaron hacia el frente intentando obtener declaraciones.

Funcionarios, empresarios y viejos colaboradores buscaron acercarse para felicitar al nuevo alcalde.

No hubo entrevistas. Ni el gobernador Manolo Jiménez ni Miguel Ángel Riquelme hicieron declaraciones adicionales.

Poco a poco la Sala de Cabildo comenzó a vaciarse. Los discursos dieron paso a los abrazos.

Los saludos sustituyeron al protocolo. Muchos de los asistentes tenían años sin recorrer los pasillos de la Presidencia Municipal. Paradójicamente, fue el regreso de Miguel Ángel Riquelme el que los hizo volver.

Sin embargo, nadie perdió de vista el motivo que los reunió. Porque el regreso de uno de los políticos más importantes de la historia reciente de Torreón no fue producto de una campaña electoral ni de una transición ordinaria: fue consecuencia de una ausencia.

Entre el duelo y la continuidad, Torreón escribió un nuevo capítulo.

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Ethel Arredondo

Ethel Arredondo es periodista con 24 años de trayectoria en medios de comunicación, entre ellos Milenio, Periódico Express, Multimedios Televisión y Heraldo Radio Laguna. Actualmente colabora en El Coahuilense, donde cubre temas como política, seguridad, cultura, salud pública y derechos humanos.

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