Por Arturo Rodríguez y Daniel Valdez
Dos coaliciones llegan al proceso electoral para disputarse la mayoría en el Congreso de Coahuila. Marcadas por rupturas con los respectivos partidos con los que se asociaron en elecciones precedentes, así como por movimientos en las cúpulas nacionales cuyas decisiones se imponen a las dirigencias locales, el PRI y Morena –con sus nuevas coaliciones reducidas– se disponen a una competencia que se advierte más estridente que cualquier otra elección legislativa en la entidad.
Este año, Coahuila es el único estado de la República que tendrá comicios y, con los preparativos de los partidos con mayor presencia electoral para 2027, las definiciones atienden a los acuerdos nacionales, anticipándose un año a la renovación legislativa federal y 17 gobernaturas.
Por un lado, el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, presentó en octubre pasado el relanzamiento de este partido con el anunció de que ya no será aliado electoral del PRI. Y ha cumplido: la coalición en Coahuila no se concretó pese a los esfuerzos de las dirigencias locales de ambos partidos por participar juntos.
La ruptura de la coalición sucede en uno de los peores momentos de la historia local panista, convertido en cuarta fuerza electoral y con un decrecimiento grave desde 2018.
Por el otro lado, Morena anunció el pasado 28 de enero la unidad de la alianza nacional que viene renovando desde 2021 con el PT y con el PVEM. En una conferencia de prensa celebrada en la Ciudad de México, los dirigentes de los tres partidos, Luisa María Alcalde Luján, de Morena; Alberto Anaya, del PT; y Karen Castrejón, del PVEM, suscribieron un acuerdo para mantener la coalición hacia 2027, apoyar a la presidenta Claudia Sheinbaum y caminar juntos en procesos legislativos, aunque sin mencionar lo que harán con la reforma electoral actualmente en discusión.
Pasaron apenas 24 horas desde el anuncio cuando en Coahuila Alcalde y Anaya suscribieron alianza local sin el PVEM.
Las dos coaliciones quedaron registradas en el Instituto Electoral de Coahuila (IEC), con lo que las boletas acumulan cuatro partidos adicionales a lo que se podía esperar, con la participación solitaria del PAN, PVEM y MC, así como de dos partidos locales de reciente creación: Nuevas Ideas y México Avante, para un total de siete opciones en cada uno de los 16 distritos electorales a votarse el próximo 7 de junio.
El naufragio de la alianza PRI-PAN
El PRI registró su convenio de coalición con el partido local Unidad Democrática de Coahuila (UDC), creado en los noventa por el extinto líder sindical Evaristo Pérez Arreola, y actualmente conducido por su hijo, Evaristo Lenin Pérez Rivera. Sólo con ese aliado, que ya lo fue en las municipales de 2024, refrendó el nombre de su coalición Alianza por la Seguridad.
El registro confirmó la ruptura que se perfilaba desde octubre, de manera que el 27 de enero, durante la sesión de la Diputación Permanente, la priista Edna Ileana Dávalos entonó estrofas de la canción “El Triste”, haciendo mofa de los panistas que, vía la coalición, aspiraban a reelegirse.
Y es que el PAN, sin el priismo, no ha tenido buenos resultados en el estado donde sufre una debacle desde 2018. Sólo en coalición con el PRI, el albiazul pudo obtener cinco distritos de mayoría aunque con una escasa votación, con casos tan extremos como el del local Distrito 1, en el que su candidata, Claudia Aldrete, ganó pero con una votación panista en torno al 2 por ciento.
Desde que el PAN nacional anunció su relanzamiento y la suspensión de coaliciones con el tricolor, en Coahuila, uno de los dos últimos estados gobernados por el PRI, hubo voces que llamaron a mantener la alianza. El dirigente estatal priista, Carlos Robles Loustaunau, aseguraba que la coalición era bien vista por la ciudadanía y llamaba a esperar los tiempos de registro.
“Lo que sí me consta es que los panistas aquí en Coahuila sí son muy proclives a la alianza, puesto que ya la experimentamos y obtuvimos una muy buena experiencia. Nosotros sentimos que a la ciudadanía sí le gusta que estemos unidos, pero vamos a esperar, no vamos ahorita a adelantar vísperas”, declaró el 26 de octubre, días después del relanzamiento presentado por Jorge Romero en la Ciudad de México.
Los liderazgos panistas evitaban fijar postura en el estado y todavía el 26 de enero pasado el coordinador parlamentario en el Congreso local, Gerardo Aguado, pedía esperar hasta el día 30 de enero, fecha en que vencía el plazo para registrar coaliciones.
Como Aguado, la dirigente estatal, Elisa Maldonado, evitó también fijar su posición mientras que, a partir de trascendidos, se explicitaba que la dirigencia nacional de Jorge Romero no suscribiría la alianza para cumplir con lo ofrecido en octubre, cuando se presentó un plan de corrimiento a la derecha y la decisión de no coaligarse más en futuras elecciones. Los panistas locales se quedaron esperando.
La primera ruptura
En 2023, además de ir en coalición con el PRI para la elección de diputados, lo fue también con el candidato priista a gobernador, Manolo Jiménez Salinas, quien ganó los comicios con amplio margen.
La coalición permitió al PAN, además de sus cinco curules, obtener dos espacios en el gabinete estatal: la Secretaría de las Mujeres, a cargo de la panista Mayra Valdez, y la Secretaría de Cultura, cuya titular es la exdirigente estatal del PAN Esther Quintana Salinas.
Pero al año siguiente la alianza ya no se mantuvo. La causa: una ruptura y la exhibición de un acuerdo de coalición con compromisos extralegales en materia electoral, que fue revelado por el entonces dirigente nacional del PAN Marko Cortés Mendoza.
El 9 de enero de 2024, cuando estaban por presentarse los convenios de coalición, Marko Cortés difundió un documento en el que se comprometía la asignación de notarías públicas, direcciones de escuelas, posiciones en el Poder Judicial y varias candidaturas, entre estas la del ayuntamiento de Torreón, donde el priista Román Alberto Cepeda procuraba su reelección.
La revelación del documento fue un escándalo, acentuado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia mañanera, porque dejaba en evidencia que más allá de lo electoral, se pactaban compromisos con poca transparencia.
A punto de vencer el plazo de registro de coaliciones, la dirigente estatal del PAN, Elisa Maldonado, se quedó esperando en la sede del Instituto Electoral de Coahuila la autorización nacional que nunca llegó. Así, en 2024, el PAN fue aliado del PRI en las elecciones federales, es decir, Presidencia, diputados y senadores, pero en la elección de ayuntamientos participó en solitario.
El resultado fue catastrófico para el panismo. Sólo pudo ganar el ayuntamiento de Cuatro Ciénegas, una localidad de menos de 13 mil habitantes ubicada en la zona desértica, de vocación rural y ecoturística. La votación para el PAN en todo el estado fue de 4.3% del total quedando como cuarta fuerza, aunque en empate técnico con el PVEM (4.2%) y MC (4%).
En sólo seis años, el PAN pasó de 363 mil votos a 67 mil votos; de segunda fuerza electoral a cuarto lugar y empatado con partidos sobrevivientes en la conservación de registro; de gobernar ciudades importantes, a tener alcalde en un pequeño municipio rural.
Supervivencias partidarias
Desde que en 2017 fue el partido más competitivo y estuvo a punto de romper con nueve décadas de hegemonía priista y aspirar a la primera alternancia, el PAN vive una debacle.
En la elección de 2017 para gobernador el PAN obtuvo 36.4% de los sufragios (el PRI 38.9%), con lo que además obtuvo seis de los 16 distritos de mayoría. A la siguiente elección legislativa, en 2020, el deterioro era notable pues sólo consiguió el 9.9% de la votación y no pudo ganar ningún distrito de mayoría.
En 2023 el PAN se alió con el PRI y aunque sus candidatos ganaron en cinco distritos, la votación no les favoreció como partido. De haber sido la segunda fuerza electoral hasta 2018, pasó a cuarta fuerza en 2023, cuando sólo obtuvo el 6.1% de la votación. Es decir, participando en coalición, sus candidatos ganaron, pero por los votos del PRI.
En las elecciones municipales la situación ha sido la misma. En 2017, cuando se eligieron alcaldías de un año, el PAN consiguió seis de los 38 ayuntamientos, entre estos los de Torreón y Monclova. Al año siguiente repitió en ambas ciudades, pero amplió su presencia para un total de 11 ayuntamientos y una votación que ya decrecía del 36.4% de 2017 al 26.7% en 2018.
Para la siguiente elección de alcaldías, el PAN sufrió la caída dramática que hasta ahora no logra frenar: consiguió apenas el 12.6% de los sufragios y sólo cuatro ayuntamientos.
Con esas condiciones, el PAN se viene aproximando a la pérdida de registro. Sin embargo, no es el único. El partido local UDC enfrenta la misma situación desde 2021, cuando fue perdiendo competitividad a partir de que algunos de sus principales líderes migraron a Morena o al PT.
En sus resultados históricos UDC se colocaba en torno al 4% de la votación de manera más o menos sostenida, lo que le ha permitido gobernar Ciudad Acuña y conseguir algún espacio en el Legislativo, hasta que en 2017 llegó a tres ayuntamientos. Fue 2018 su punto de inflexión que se profundizaría en los años siguientes.
UDC ha mantenido desde siempre una política de alianzas pragmáticas y, de ser aliado del PAN en 2018, terminó siendo aliado de Morena en 2021. Eso llevó a veteranos del partido, fundado en 1996, a ser postulados en coalición. Ya con el cargo amarrado, se asimilaron a Morena o al PT, como fue el caso de Brígido Moreno, diputado federal reelecto en 2024.
En ese contexto, UDC ha lidiado con la pérdida de registro y prerrogativas desde 2020. Logró sortearlas en 2023 y este año, con su alianza con el PRI, apuesta a su supervivencia.
Juntos, pero no tanto
El éxito electoral de Morena se cifró en la figura de Andrés Manuel López Obrador quien, en sus postulaciones a la Presidencia en 2006 y 2012, todavía siendo militante del PRD, llevó como aliado fiel al PT. Por entonces, el PVEM solía ser aliado del PRI y como tal se mantuvo hasta 2021.
Las condiciones de la coalición en 2021, se reprodujeron en 2024, con el PT y el PVEM aliados a Morena, el partido dominante, y esa alianza, ha enfrentado momentos críticos aunque nunca como en estos días que se discute una reforma electoral que podría reducirlos o colocarlos al borde de la extinción.
Entre diferentes disputas regionales, específicamente en San Luis Potosí y Veracruz, desde mayo de 2025, uno de los líderes del Verde, Arturo Escobar, fue categórico en rechazar alianzas locales.
En el caso de Coahuila, por ejemplo, sólo en las elecciones federales el PVEM va como aliado de Morena, pues en Coahuila ha participado en solitario, excepto en 2023, cuando fue aliado de UDC y llevó a su líder moral, Lenin Pérez Rivera, como candidato a la gubernatura.
El PT, por su parte, ha tenido una vida propia en lo local, casi siempre marginal hasta 2023, cuando consiguió el 8.3% de los votos emitidos por diputados locales, lo que por primera vez en su historia lo separó de los sotaneros partidos que se debaten entre mantenerse o perder prerrogativas y registro.
Esa proeza ocurrió en el contexto de una fractura ocurrida cuando Ricardo Mejía Berdeja no resultó favorecido con la candidatura de Morena al gobierno estatal, que ganó Armando Guadiana Tijerina. Mejía se registró por el PT y desde entonces asumió el liderazgo de ese partido en la entidad, el cual consiguió una alianza parcial en las municipales de 2024, cuando bajó su votación a 5.99%, lo que le permitió gobernar dos de los 38 municipios.
Siguiendo la estadística, Morena y PT juntos se colocan en una posición competitiva, aunque con el PVEM, siempre conforme a resultados previos, estarían empatando al PRI aun sin su alianza con el PAN.
Las elecciones de 2026
La debacle panista ha ocurrido a la par del crecimiento de Morena desde 2018 cuando obtuvo un 19% de la votación local (266 mil votos) que para 2024 ya era indiscutible segunda fuerza electoral con 31.11% de la votación, esto es, 486 mil votos.
En esas condiciones, el proceso electoral en curso en Coahuila proyecta por ahora a las dos coaliciones: la ya mencionada del PRI con UDC y la de Morena y PT.
La elección pone en juego 16 distritos de mayoría, de los cuales ocho se concentran en Saltillo y Torreón, dos más en Monclova y los seis restantes se reparten en las diferentes regiones del estado.
La importancia del proceso es de carácter local, pues se trata de la elección intermedia del gobernador Manolo Jiménez, hasta ahora, el último mandatario estatal priista electo en el país que esta vez, no contará con el aliado albiazul que lo acompañó en 2023 a ganar la gubernatura.
Para el PAN –que según fuentes internas pretende alcanzar 14% de la votación– está en duda la conservación de las dos posiciones en el gabinete y otros cargos obtenidos de manera extraoficial por su coalición.
La diferencia de este proceso con los de 2023 y 2024, es que no hay otra elección concurrente, como la de un candidato a gobernador o a la Presidencia.
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