Somos Todas Siempre

marzo 7, 2026
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Por Valeria Cämun

Yunuen Castillo Menchaca es especialista en género y derechos humanos, abogada y madre de una niña. Tuvo la fortuna de crecer en una familia que la animaba a externar su opinión y a creer en ella misma, pero pronto entendió que su contexto no era el mismo que el de otras compañeras.

Su sentido de consciencia social la llevó a los comités de desarrollo comunitarios, donde daba clases de baile, charlas, talleres, y entró al mundo de la política desde muy joven, pensando que desde ahí podía erradicar las violencias estructurales que atraviesan, sobre todo, las mujeres.

“Pensé que la política era el camino; presidí una asociación de jóvenes y nos dedicábamos a hacer labor social, fui a Cuba en representación del estado cuando tenía 17 años, y de verdad pensé que iba en el camino correcto, pensé que en la política iba a poder incidir, a hacer cosas, pero mientras más adentro estaba, menos me gustaba”, relata.

“En ese camino de la política me fui dando cuenta de las diferentes violencias y cómo estaba tan normalizado el acoso, el hostigamiento, entonces aventé todo y empecé a hacer mi activismo desde las colectivas”.

Yunuen recuerda que, por allá del 2018, unas cinco chicas se plantaron el 8 de marzo en la Plaza de Armas con cartelones para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, cuando la fecha todavía no trascendental en Saltillo, y el término “feminista” causaba resquemor.

“En Saltillo hay compañeras que ya tienen muchos años trabajando desde sus trincheras: están las colectivas de maternidades, colectivas que defienden el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, colectivas de acompañamiento a mujeres víctimas de violencia, compañeras que dan atención psicológica, y muchas otras”, señala.

“Pero en el momento en que va creciendo el movimiento, también se va complicando, y creo que eso pasa, no solamente en Saltillo o en nuestro estado, sino en todo México y en el mundo; porque siempre hay diversidad de ideas, y hablar de feminismo es muy amplio, porque el feminismo entra y debe estar en todos lados, porque feminismo es por los derechos de todas las mujeres”.

Hoy, a sus 36 años, después de décadas en el movimiento, Yunuen reconoce que su manera de entender el feminismo ha cambiado.

“Yo para el gobierno era demasiado feminista, y para muchas compañeras feministas yo era súper institucional porque estaba en gobierno”, comenta, “pero el feminismo no es una persona, el feminismo somos todas, por eso siempre decimos: no somos una, somos todas”.

“Cada una de nosotras tenemos nuestra historia, cada una de nosotras tenemos nuestros procesos, pero yo creo que se trata de un despertar, de un despertar en la congruencia y en la coherencia de cómo vivimos el feminismo y la sororidad… tenemos que empezar desde lo más íntimo, desde adentro: desde nuestra mismidad, desde nuestros microespacios”.

Nos necesitamos todas, subraya, nos necesitamos muchas, conscientes, congruentes y todas coherentes.

“Lo que buscamos el a través del feminismo es la libertad, y creo que no hay cosa más liberadora que soltar prejuicios, estigmas, juzgamientos, constructos: ganar esa lucha interna, con nosotras mismas, vivir nuestro feminismo desde nuestra libertad”, recalca.

“Sé que es difícil de explicar y me gustaría dejarlo claro:  para mí el feminismo es que podamos ser libres, felices, sin miedos, sin violencia y con todos los derechos de hecho para nosotras”, señala, “son muchos procesos, para mí misma ha implicado muchos obstáculos, adversidades, juzgamientos también, porque hay muchos juzgamientos dentro del movimiento feminista, cuando no debe ser así”.

Porque no podemos enfrentarnos a un monstruo que es el sistema patriarcal, cuando la base del feminismo está peleando; cuando la base se tambalea perdemos piso y dejamos de ver que el enemigo es mucho más grande y es un monstruo, de verdad es un monstruo todo el sistema patriarcal, y realmente nos necesitamos todas.

“Siempre va a haber diferencias de pensamientos, de ideales, de principios, y qué bueno, o sea, de la diversidad también nos enriquecemos, pero no podemos permitir que eso nos divida y que por eso se pierda credibilidad del movimiento, y que por eso no logremos concretar un feminismo de resultados”.

CORAJE Y AMOR

Teresa Meza transmite fuerza, seguridad y convicción, sabe que cada día cuenta y que la lucha no se puede detener, no ahora, porque aunque hay leyes aprobadas, falta muchísimo para que sean puestas en marcha.

Pionera feminista e integrante de Aborto Libre Saltillo, Teresa ha brindado acompañamiento a cientos de mujeres que deciden interrumpir su embarazo; sin juzgar, sin cuestionar, sin señalar, sólo con la firme convicción de que la maternidad será deseada, o no será.

“Creo que se nos olvida que esta lucha es en contra de un sistema, que es el patriarcado, que es un sistema que oprime muchos núcleos que vienen vulnerados, y que evidentemente quienes más en número y en estadística, pues son las mujeres: por trabajo, por discriminación laboral, físico, moral, emocional, en las leyes”.

Para Teresa es criminal que el estado no responda a las necesidades de las mujeres, en todos los contextos, y que la Interrupción Legal del Embarazo no esté garantizada de forma segura y gratuita en el Sistema de Salud, de ahí que entre ellas se organicen para comprar medicamentos, ofrecer asesorías médicas y psicológicas, brindar acompañamiento y trabajar todos los días para avanzar en el tema.

“Ahorita nos enfocamos en el 8M, que sí es una fecha evidentemente representativa, que para muchas mujeres simboliza un día de grito, de lucha, de escucha, porque hay muchas que en el día a día y en la cotidianidad, no tienen esa oportunidad, sólo tienen un día para salir y gritarle a su opresor, a su violentador, a su transgresor, pero muchas de nosotras trabajamos en el activismo diario, pues lo que buscamos es que eso no sea sólo la lucha de un día, sino que sea el recordatorio constante de que todos los días suceden cosas para que las leyes sean viables y aplicables, sobre todo para la población vulnerable, que sí, en su mayoría, son las mujeres y las disidencias”, explica.

Su pañuelo verde en la muñeca izquierda es parte de su vestimenta; ha sido atacada por otras feministas, ha sido juzgada por la sociedad, muchas personas están en contra de “lo que hace”, pero, para muchas otras, Teresa es la mujer que les salvó la vida, y es quizá la esperanza de que el patriarcado, algún día, se puede caer.

“Sí, y yo sé que suena mucho a una utopía y suena mucho a un sueño, pero eso también creían las mujeres antes de votar, que era una utopía, que era un sueño; o las que luchan todavía por la igualdad en los trabajos, en las áreas laborales, en los cuidados, que haya retribución económica para el bienestar, no sólo de ella, sino también de las que tienen infancias”, comenta, “entonces sí, sí considero que el patriarcado es algo que, si no se va a caer, ¿adivinen qué?: lo vamos a tumbar”.

ABRIR CAMINOS

Isa Ruiz fue la primera en Coahuila en utilizar el recurso jurídico de violencia vicaria, y lo tuvo que hacer por su hija, porque a pesar de lo que digan los varones, la mujer siempre es la más perjudicada cuando se concreta una separación.

Es parte del colectivo Madres Coahuilenses contra la Violencia Vicaria, y considera que todos los movimientos son igual de importantes, que el feminismo es anti jerárquico y horizontal, y que su fin primordial es buscar la equidad.

“El feminismo coincide en que todas estamos unidas para ir en contra de una violencia machista y patriarcal, pero hay diversidad dentro del movimiento; por ejemplo, yo soy abolicionista, yo no creo que el trabajo sexual sea un trabajo elegido, sino que todo el sistema te obliga a parar ahí por todas las circunstancias que existen, lo permiten y lo fomentan, pero sería ilógico que yo diga “tú no eres feminista porque tú eres una colectiva que regula el trabajo sexual”, explica.

“Llega un punto en el que todas tenemos ciertas diferencias, pero todas tenemos que ir de acuerdo en que los asuntos jurídicos o las leyes que protegen a todos, deberían de bajar a las usuarias; para mí eso es el feminismo: un feminismo que tiene que englobar a todos los feminismos porque a final de cuentas, una cosa es ser radical y otra cosa es ser anti derechos”.

Isa reconoce que el movimiento ha ganado espacio y ha visibilizado luchas que antes eran totalmente ignoradas, y esa ya es una gran victoria: abrir camino para que las demás sepan por dónde transitar cuando se sientan perdidas.

Y pone un ejemplo claro: el Registro de Deudores en Coahuila consta de 300 nombres, lo cual es irrisorio para la cantidad de personas que, en la práctica, deben pensión alimenticia, debido a que les dan muchas, muchas oportunidades para huir de la acción penal.

“Las mujeres ya estamos hartas, queremos exigir que sí se cumplan las leyes y los derechos que dicen, porque a final de cuentas es eso: es llegar a una instancia y que te reboten y digan que no, que no está disponible, que no procede, que no pueden tomar tu denuncia”, expresa.

“El patriarcado se va a caer sí, en las casas se está cayendo, en las en las familias se está cayendo, hay un gran descontento sobre todo en las nuevas generaciones, en donde te sientes completamente fuera de tu familia, porque tienen ideas retrógradas y te hieren; cuando logremos hacer esa separación entre opinión y derecho, podremos ver un cambio”.

Respecto a los desencuentros entre colectivas sobre la organización del 8M, Isa asegura que todas tenemos un lugar en la marcha.

“Marchen en el contingente que ustedes quieran, sabiendo que es un derecho de cualquier civil contenido en el artículo sexto de nuestra Constitución: cualquiera puede tomar ese espacio público para hacer evidente el descontento o las afectaciones que está viviendo; yo no me considero alguien que tenga que pedir permiso o pedir autorización para que se me deje marchar, pero mientras haya dos o más víctimas que necesiten tomar el espacio público para poder hacer visibles esas injusticias, es completamente válido”, subraya.

“Creo que nadie debería tener el derecho de decir quién entra y quién no, a un movimiento que a final de cuentas es de todas; así que cada quien suma desde su autonomía: todas tenemos que tener una idea de horizontalidad en la que nadie vale más que nadie, y la presencia de todas es completamente válida”.

SORORIDAD

YUNUEN

“Es esa hermandad entre nosotras: vernos, reconocernos, saber y ser conscientes que no somos competencia, sino que nos necesitamos todas; que todas somos importantes con nuestras historias, con nuestros procesos, con nuestros ideales, con nuestras diferencias; que todas sumamos y nos enriquecemos, conscientes desde nuestra mismidad, y que ese feminismo desde nuestra mismidad pueda trascender a la colectividad, así es como realmente puede ser una sororidad sólida”.

“La sororidad es darnos cuenta de que necesitamos tejer redes, y no tenemos que ser las mejores amigas, pero saber que, si tú necesitas ayuda, te la voy a dar, y que juntas podemos seguirnos abriendo camino por estas brechas, para terminar con el sistema patriarcal”.

TERESA

“Creo que al concepto de sororidad lo quieren enmarcar con la empatía, y son cosas totalmente distintas, porque la empatía te genera un sentimiento de afecto hacia la otra persona, y la sororidad no antepone un sentimiento, te antepone un derecho, una necesidad de que todas tengamos bienestar común”.

“Lo queremos romantizar y no es romántico: la sororidad es un acto político, es un acto de rebeldía, es un acto de incomodidad, de plantear lo que nos está vulnerando, y exponer la inacción por parte de los gobiernos para poder actuar conforme a las leyes y nos respalde, eso es la sororidad”.

ISA

“Yo creo que una cosa es la amistad y otra cosa es centrarnos en que todas deberíamos de tener acceso a la justicia, el acceso a las mismas oportunidades.

La sororidad tiene que ser una cuestión política en la que una entienda que las cuestiones personales no se pueden inmiscuir en el trabajo que todas tenemos que llevar a cabo, y que tenemos que tener esa comunicación entre todas para poder seguirnos moviendo en bloque”.

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