Por @ArriagaXxximena
En esta cuenta no sabemos nada de interiorismo, decoración y mucho menos de arquitectura. Pero intentando pintar mi cuarto de un color “adecuado” –elegante, de moda, que aporte luz, amplitud, calma, calidez… y más requisitos– me topé con la tendencia del greige.
Muy de esta época, definirlo por la combinación de partes de sus nombres, es básicamente una combinación de tonos grises y beige, formando un tipo de gris cálido. Sabemos que el gris es frío y el beige cálido, y su combinación es para no elegir uno de ellos y que algo salga mal cromáticamente hablando…
Y ahí me pegó la reflexión incómoda: a veces el camino central no siempre es el mejor; a veces elegir lo seguro es sólo una versión jodidamente tibia de lo que en verdad queremos.
Nos enseñan a ser reservados, prudentes, correctos… a medir cada riesgo como si viviéramos en un simulador de decisiones. O a hacernos pendejos. Eso nos mantiene a salvo, pero también nos encierra en una habitación greige donde las experiencias memorables nunca pasan, pese a salir bien en las fotos.
Tal vez es tiempo de invertirle más a la inteligencia emocional que a la obediencia social. Aprender a reaccionar, a gestionar las consecuencias… y dejar de vivir como si la vida fuera un manual de seguridad industrial.
Arriesgarse, pese a la incertidumbre, suele dejar mejores historias que quedarse procesando eternamente si hacerlo o no; calculando el posible daño o viviendo en este término medio donde nadie se compromete a nada.
Vivir en “la franja gris” –por más cálido que sea– me está dando flojera. Esa vida donde comemos por comer, trabajamos por trabajar, opinamos lo que todos opinan, vestimos lo que todos visten, aplaudimos lo que todos aplauden… y hasta decoramos como dicta Pinterest.
Una existencia donde la autenticidad se diluye en el promedio.
Esa es la trampa del efecto Forer o Barnum: creernos únicos mientras caemos en generalidades diseñadas para cualquiera.
Según thedecisionlab.com, este efecto ocurre cuando creemos que información vaga y genérica –como un horóscopo– aplica exclusivamente a nosotros.
Más allá de la astrología, las personas que trabajan en profesiones de la “Nueva Era”, como lectores de cartas del tarot, adivinos, magos y videntes, son conocidas por emplear el efecto Barnum para convencer a los clientes de sus predicciones.
Y la verdad es que ni nosotros mismos creemos que somos tan especiales: dime si no pensarías que aplica para ti: “Tienes la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren; sin embargo, eres crítico contigo mismo” o “A veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que en otras eres introvertido, precavido y reservado” (frases del experimento Forer, 1949).
Entonces, ¿de verdad necesitamos un color “aceptable” para postergar decisiones?
¿Por qué conformarnos con un pantone del año, aunque no diga nada de nosotros mismos?
La vida se trata también de lanzarnos por nuevas combinaciones y tonos, alguna vez debemos probar el rojo, el azul, el morado y hasta el amarillo vibrante.
No más matices suaves para ocultar inseguridades.
Identifiquemos la manipulación masiva, seamos más escépticos a las generalidades, no caigamos en las modas. Dejemos a un lado la necesidad de que los demás nos validen.
“El efecto Barnum recibe su nombre del famoso showman estadounidense del siglo XIX, P.T. Barnum, cuya historia inspiró la película El Gran Showman. Barnum dijo la famosa frase: ‘Cada minuto nace un ingenuo’. Su afirmación se refiere a cómo la ingenuidad de las personas las lleva a creer lo que les dicen de sí mismas, refiriéndose explícitamente a los elaborados engaños de la industria circense que Barnum dominaba”, explicó Forer en su estudio “La falacia de la validación personal: una demostración de credulidad en el aula”, publicado por la revista The Journal of Abnormal and Social Psychology (1949).
Ese ingenuo, tristemente, podría ser cualquiera de nosotros cada vez que elegimos lo seguro.
Es momento de salir del monocromático y explorar lo desconocido.
Pensar cuántas oportunidades increíbles dejamos pasar por elegir siempre lo neutro, lo mate, lo que no incomoda.
Lo audaz no es sólo para los valientes: es para quienes deciden dejar la cautela a un lado y vivir un viaje vibrante, recordable y propio.
Arriesgarse da miedo, claro. Pero también transforma. Abramos otras puertas. Construyamos nuevas habitaciones.
La próxima decisión –decoración, un trabajo, una relación, una postura– pregúntate:
¿Qué color me identifica, cuál me prende, me llena?
Cada elección puede ser una declaración.
No te quedes en los greige.
Métele más ondita.
Métele personalidad.
Métele alma y carne.
Métele vida.
Es hora de pintar con jodida intensidad.
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