Una Coahuilense | El sabor del éxito

marzo 12, 2026
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Por Kristel Reyes

La historia de Kristal Marfileño, joven emprendedora de Matamoros, Tamaulipas, avecindada en la capital coahuilense, es un relato de perseverancia, pasión y reinvención. 

Su día comienza temprano para que a las 08:30 en punto abra las puertas de su negocio, Viva la Mexa Snack & Heladería, para revisar inventarios, preparar el local y atender a los primeros clientes, en una rutina que combina la gestión administrativa con la atención directa al público alternando con visitas a su hogar al mediodía para retomar por la tarde sus labores.

Licenciada en Administración de Empresas por la Universidad Americana del Noreste, Kristal llegó a Saltillo hace seis años con la determinación de comenzar una nueva vida. Sin embargo, su espíritu emprendedor germinó mucho antes, en 2018, en una humilde mesa improvisada junto a la papelería que sus padres regentaban en Matamoros. Ese pequeño espacio, llamado Viva la vida, ofrecía vasos de fruta enchilada y dulces con chamoy. Fue entonces cuando Kristal decidió dar un paso más y comenzó a elaborar y vender nieve artesanal de picafresa, un producto que, sin saberlo, se convertiría en el catalizador de su futuro.

El punto de inflexión llegó de manera inesperada. Tras meses ofreciendo su nuevo producto, Kristal publicó una fotografía de su creación “monchosa” en Facebook. El resultado fue una viralización inmediata. En cuestión de días su cuenta pasó de quince seguidores a treinta mil, con cientos de compartidas y réplicas por parte de personas conocidas en la ciudad. 

La demanda fue tan abrumadora que incluso un noticiero local grabó la larga fila que se formaba para comprar su nieve, mientras Kristal, con apenas un litro preparado, luchaba por atender a todos. 

“Me acuerdo que había hecho como un litro de nieve picafresa y de repente se hizo una filonona enorme, enorme de gente afuera formada y yo sólo tenía un litro y pues se acabó rápido. Mi mamá y mi papá se quedaron como con cara de ‘qué raro’. Entonces, en la noche nos pusimos a hacer un chorro de nieve, hicimos como dos litros, pero se acababa rapidísimo”, dice entre risas.

Ese éxito inicial también trajo consigo sus primeros desafíos. En una ocasión, mientras sus padres viajaban a Ciudad Victoria y ella atendía en solitario tanto la papelería familiar como su incipiente negocio, la viralidad de su producto atrajo a tal multitud que no pudo “estar pendiente” del negocio familiar. 

“Me acuerdo que hasta habían ido noticieros porque se había hecho superfamosa y me acuerdo que ese día hasta me robaron papitas, coca… porque, pues, yo ni estaba pendiente de la papelería, yo estaba dentro de la bodega preparando nieves y de ahí mi negocio empezó a pegar”.

De la adversidad a la reinvención

En 2019 un grave accidente frenó en seco el impulso de Kristal obligándola a cerrar su negocio temporalmente. El cansancio físico y emocional posterior al incidente se combinaron sumiéndola en una profunda desmotivación. Fue entonces cuando el apoyo incondicional de sus padres se volvió fundamental. “Tuve un accidente muy fuerte y ya no quise abrir. Ya no quería hacer nada. Mi mama y mi papá como que se enfocaron mucho en ayudarme a retomar el negocio, me distraían de muchas cosas que habían pasado. Aparte, como que a mí me pesó mucho lo que me ocurrió, pero empecé a vender y la gente comenzó a apoyarme”, relata con la voz entrecortada evidenciando cómo el negocio se convirtió en una terapia que le permitió sobrellevar la adversidad.

Pero a raíz de ese difícil episodio, Kristal sintió la necesidad de un cambio radical. En 2020 tomó la valiente decisión de dejar atrás su zona de confort y todo lo conocido para emprender una nueva vida en Saltillo.

La determinación de Kristal no era nueva; era un rasgo que la había caracterizado desde su juventud. Durante la preparatoria deseaba tener un teléfono de cierta marca que sus amigos poseían, pero su padre se negaba a comprarlo. Lejos de resignarse, la joven Kristal respondió con una determinación que prefiguraba su futuro: “Me acuerdo muchísimo que yo quería un iPhone y mi papá no me lo compraba y yo me acuerdo que esa vez le dije ‘me voy a meter a trabajar’ y mi papá me dijo: ‘Quién te va a contratar si no sabes hacer nada’; esa vez me enojé demasiado y fui a una plaza cerca de mi casa a pensar cómo hacerle”. 

Sin saber siquiera cómo llenar una solicitud de empleo, logró que la contrataran en una heladería cercana. Esa fue su primera experiencia laboral y la que marcó la pauta de su destino, pues fue ahí donde, según sus propias palabras, se “enamoró” del mundo de las heladerías.

Posteriormente Kristal incursionó en el ámbito industrial trabajando como operaria en empresas como “Motherson” y otra fábrica donde cumplía largos turnos y se levantaba temprano. Sin embargo, su espíritu emprendedor no se apagaba. Durante los descansos aprovechaba para vender “de contrabando” dulces enchilados o con chamoy a sus compañeros, quienes pronto comenzaron a identificarla y a solicitarle sus productos incluso fuera del horario laboral. 

La demanda fue creciendo hasta que las ventas de los fines de semana igualaban el salario de toda una semana. Fue entonces cuando, al darse cuenta de que había relegado su pasión por las ventas y las combinaciones enchiladas, una conversación con su jefe se le grabó profundamente y se convirtió en la clave para tomar una decisión definitiva. “Hay gente que nace para ser ingeniero y gente que nace para emprender. No a todos se les da lo que tú haces”, le dijo.

Salto de fe y estafa

Aquellas palabras resonaron en su interior, llevándola a cuestionarse si realmente deseaba pasar toda su vida en la rutina de la fábrica. Un día, antes de comenzar su turno, dentro de su vehículo llamó a su padre para confesarle que, aunque le gustaba su trabajo, no se sentía motivada porque todos los días “hacía exactamente lo mismo”. La respuesta de su padre fue contundente: que renunciara y abriera su propio negocio. Sin ahorros, pero con una fe inquebrantable, Kristal decidió apostarlo todo y comenzar de nuevo con la elaboración de nieve artesanal hecha por ella misma, el origen de todo.

Sin embargo, el camino del emprendimiento no estuvo exento de obstáculos. El golpe más duro que ha enfrentado Kristal no fue una mala racha en ventas, sino una estafa. Cuando su marca, entonces llamada Viva la Vida Snack & Heladería comenzaba a ganar reconocimiento en Saltillo, un supuesto gestor empezó a visitarla con frecuencia. Con discursos sobre registro de marca, propiedad intelectual y los riesgos legales de no proteger su negocio, la amenazaba con que “si no la protegía cualquiera podría arrebatársela”. “Cuando recién pegó mi negocio llegó este señor y él se hacía como que compraba y así. Entonces una vez me dice, ‘oye, ya tienes el registro de tu marca.’ Y yo, ‘Sí, ya estoy dada de alta.’ Y él ‘No, pero el registro de marca, la R de que a veces vienen en los productos’. Entonces me empezó a enredar, pero de una u otra forma me entró un mal presentimiento. Después de eso me empezó a acosar, ósea de que me lo topaba en Walmart, en HEB, donde sea me lo topaba, me esperaba dos horas adentro de mi local para hablar conmigo”, relata Kristal describiendo la intimidación a la que fue sometida.

Pese a sus reservas, tras consultarlo con su padre, comenzaron a pagarle. Tiempo después, al preguntarle por el avance, el hombre le indicó que su marca ya estaba registrada y que podía usar la “R” junto al nombre. “Un día estaba aquí en el negocio y hablando por teléfono con quien sabe quién, yo le pregunté que como iba lo del registro y así como si nada me dijo que le pusiera la R a mi marca porque ya estaba registrada y no había ninguna marca registrada con ese nombre y le empecé a cambiar a todo Viva la Vida R”, recuerda.

Meses después, la verdad salió a la luz. Su marca estaba siendo demandada por plagio, supuestamente por el uso no autorizado de la imagen de Frida Kahlo. El trámite de registro nunca se había realizado correctamente. Fue entonces cuando, en una conversación con la dueña de Chick N Chicken, una amiga y colega emprendedora, descubrió que no era la única víctima; el mismo hombre había estafado a otros negocios al norte de Saltillo. 

“Ya cuando iba a terminar de liquidarles mi amiga me dice ‘oye, Kristal, ¿te está atendiendo tal persona?’, le contesto que sí y me dice que a ellos los estafaron con casi 40 mil pesos y que ya no les contestaron y les ponía un chorro de excusas. Ya después contacto a un abogado, le explico la situación y me dice que la página oficial de Frida Corporation, que es la de la Casa Azul en Ciudad de México, pues metieron una demanda por plagio porque pues tenía imágenes de Frida Kahlo, había copiado el nombre, tenía la sandía, vinieron y tomaron fotos de mi negocio. O sea, eran como unas 88 hojas y ahí especificaba de cada cosa y este señor nunca me dijo nada”, denuncia.

La conquista de Saltillo

Ese duro golpe le costó no sólo dinero, sino también su nombre comercial y seis años de identidad construida con esfuerzo. Actualmente, Kristal se encuentra inmersa en un proceso legal para buscar justicia, no sólo para ella, sino para todos los afectados por el estafador. Sin embargo, lejos de hundirse, su negocio resurgió con más fuerza. Kristal cambió el nombre a Viva la Mexa, renovó por completo su imagen y comenzó de nuevo.

El crecimiento de Viva la Mexa en Saltillo ha sido imparable. En octubre de 2025 la alta demanda la obligó a cambiar de local, pues los dueños del anterior le pidieron que lo desocupara “porque era mucha gente”. Enfrentando la falta de ahorros e incertidumbre, Kristal vivió un momento de profunda angustia por eso.

El cambio de ubicación trajo consigo escepticismo y comentarios negativos. Le advirtieron: “En esa plaza no pega nada”, “busca otro lugar”. Sin embargo, Kristal respondió con una frase que se ha convertido en su mantra personal: “No es el lugar. Soy yo”. 

Esa afirmación, según aclara, no nace del ego, sino de la profunda convicción de que un negocio, sea grande o pequeño, requiere de la presencia constante y el cuidado de quien lo dirige. 

Kristal incluso sostiene la creencia de que los negocios tienen sentimientos y que cuando los abandonas, “ellos se van para abajo”. 

Pese a que muchos la consideran una empresaria, Kristal Marfileño prefiere definirse a sí misma como emprendedora, pues, como ella dice, “empezó desde abajo”. Con el tiempo, ha ido aprendiendo sobre estandarización, gastos fijos, nómina y estrategias de venta, conocimientos que hoy la posicionan como una de las heladerías más innovadoras de la ciudad. 

Para ella, la clave del éxito reside en la disciplina y acción constante. “Sin disciplina no hay negocios, no hay carreras, no hay nada. No es nada más pedirle a Dios y esperar que te caiga del cielo. Yo lo decretaba, pero mientras lo decretaba seguía trabajando, seguía vendiendo, seguía viendo cómo pagar mis cosas”. 

Kristal recuerda en que no siempre estuvo en el lugar que soñaba, pero que nunca dejó de agradecer por lo que tenía. Afirma que esa gratitud es la clave para un crecimiento constante. 

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