Vivir Quintana: la voz que aprendió a no callar

marzo 9, 2026
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Por Lilia Esperanza Cárdenas Treviño

Hay voces que entretienen.
Y hay voces que reorganizan el mundo.

Vivir Quintana pertenece a las segundas.

Nació en Francisco I. Madero, Coahuila, en 1985. No surgió del espectáculo, sino del territorio. Del norte. De esa tierra donde el viento endurece la piel y fortalece el carácter. Su historia no es la del éxito inmediato, sino la de una mujer que comprendió que cantar puede ser también una forma de intervenir en la realidad.

Antes de dedicarse por completo a la música fue maestra de secundaria. Algo de esa vocación permanece intacto en su obra: no canta para acompañar el ruido, sino para darle sentido. Sus canciones nombran lo que incomoda, acompañan lo que duele y sostienen lo que resiste. Hay en su voz una ética, una postura.

La conocí hace años, en un concierto de compositoras. Pregunté si había alguien de Coahuila. Siempre busco las raíces. Cuando me la presentaron, noté un detalle que me hizo sonreír: llevaba un mechón blanco, y yo también. Le dije: “Pareces mi hija”. Ella respondió con naturalidad: “Quiero que conozcas mi trabajo”. Me quedé a escucharla. Su manera de componer y de tocar la guitarra me sorprendió por su verdad. No buscaba agradar; buscaba decir.

Desde entonces seguí su crecimiento con atención. Durante mi presidencia en la Casa de Coahuila promovimos que se le otorgara la Medalla Nazario Ortiz Garza, reconocimiento reservado a quienes honran el nombre del estado más allá de sus fronteras. Fue un acto justo: Vivir ya representaba a Coahuila con dignidad y valentía.

Mi compañero de vida durante cuarenta y tres años, Albert, tenía una sensibilidad extraordinaria para reconocer voces auténticas. Años antes de conocer a Vivir, vivimos una escena que aún me acompaña.

Yo organizaba en Culiacán un programa cultural llamado El Patio de los Viernes. Una noche, la invitada fue Mercedes Sosa. La gran Mercedes. La mujer que cantaba como si cargara un continente entero en la garganta.

Durante su visita conoció también una obra arquitectónica diseñada por Albert. La recorrió despacio, observando la luz y el silencio del espacio. Al finalizar, con los brazos abiertos hacia el cielo, exclamó con emoción sincera: “Albert, te amo”.

No fue una frase ligera. Fue el reconocimiento entre dos espíritus que entendían que el arte no es ornamento: es postura frente al mundo.

Antes de despedirse, Mercedes le regaló una pluma. Una pluma especial. No como objeto, sino como símbolo: la herramienta con la que se escriben ideas, se firman decisiones, se sostienen convicciones.

Esa pluma la conservo. Y sé que un día llegará a las manos que continúen esa genealogía de voces que no se doblegan.

Años después, cuando Albert escuchó a Vivir en un escenario mayor, me dijo con serenidad: “Mercedes ha reencarnado en ella”.

No hablaba de imitación. Hablaba de esa fuerza que no depende del volumen sino de la verdad.

El punto de inflexión llegó en 2020 con Canción sin miedo”. En un país herido por la violencia feminicida, aquella canción dejó de ser composición para convertirse en himno. Se cantó en marchas, en plazas, en distintos idiomas. Millones la hicieron suya. Vivir dejó de ser promesa para convertirse en referente.

Pero su obra no se agota en una sola canción.
“Te mereces un amor” afirmó el derecho a relaciones libres de violencia.
“La casa de la esquina” devolvió al norte su memoria íntima. Una Navidad llevé uno de sus discos a mis nietos en Barcelona. Lo cantaron como si la geografía no existiera. Cuando una canción nace de la verdad, no necesita traducción.

En años recientes, Vivir decidió escuchar a quienes casi nadie escucha: mujeres privadas de la libertad por haberse defendido. Durante más de una década visitó cárceles, recogió testimonios y resignificó el corrido tradicional para narrar historias de violencia y resistencia femenina. Muchas enfrentan procesos bajo el argumento jurídico del “exceso de defensa”, expresión que revela más del sistema que de ellas.

No es oportunismo. Es coherencia.

El 9 de octubre de 2025, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, abrió su concierto con “Gracias a la vida”, de Violeta Parra —la única canción del repertorio que no era de su autoría— en homenaje a Mercedes Sosa. Allí estábamos Ally Quetzal y yo, testigos de ese puente entre generaciones.

La escenografía, elaborada por mujeres de Santa Marta Acatitla, convertía el escenario en símbolo: un gran corazón alado rodeado de luz. “El arte sana”, dijo Vivir. Y no sonó a consigna, sino a certeza nacida de la experiencia.

Hubo celebración con invitados. Hubo reflexión cuando habló de las mujeres encarceladas. Y al final, inevitablemente, “Canción sin miedo”. El teatro entero de pie. Luego el áncora. Y antes de despedirse, una frase que resume su trayectoria:

—Queremos un mundo libre de violencia.

Al terminar, me recibió en su camerino junto a mi hija Ally Quetzal, con la misma sencillez de siempre. Nos abrazó con esa calidez que no se aprende en los escenarios. Desde el teléfono saludó a Esmeralda, mi hija, y a mis nietos Leo, Cloe y Gaia, hasta Barcelona. Fue un gesto breve pero lleno de afecto, como si el concierto se extendiera más allá del teatro. La artista no había cambiado; sólo había crecido.

En 2025 publicó Sobre-vivir para la música y lanzó Cosas que sorprenden a la audiencia, confirmando una etapa de madurez creativa. Próximamente recibirá la Medalla Nancy Cárdenas, reconocimiento que honra a mujeres que han transformado la cultura con valentía.

La Fundación Nancy Cárdenas Martínez A.C., que tengo el honor de presidir, trabaja por preservar la memoria cultural, impulsar la libertad de expresión y defender los derechos culturales como parte esencial de la democracia. Nancy, también coahuilense, rompió silencios en su generación. Vivir lo hace en la suya.

Es un orgullo que su libro se presente en la Feria Internacional del Libro de Coyoacán (FILCO). Para mí es un honor presidir su Fundación, nombramiento que agradezco profundamente a Gerardo Valenzuela, Presidente Ejecutivo de la FILCO Coyoacán, quien me ha distinguido con esa responsabilidad y es uno de los inteligentes hiperactivos, hijos intelectuales que tengo.

La FILCO es un espacio donde la palabra circula libre, donde los libros se convierten en diálogo y la cultura en encuentro. Que la obra de Vivir llegue allí, en el Mes de la Mujer, no es un acto aislado: es continuidad histórica.

Dos mujeres del norte.
Dos épocas distintas.
Un mismo gesto: no callar.

Y quizá, algún día, aquella pluma que Mercedes dejó en nuestras manos, escriba nuevas canciones que sigan ampliando esta historia de mujeres que cantan para liberar.

VIVIR QUINTANA |

Nombre completo:
Viviana Monserrat Quintana Rodríguez

Nacimiento:
1985

Origen:
Francisco I. Madero, Coahuila, México

Formación inicial:
Maestra de secundaria antes de dedicarse de tiempo completo a la música.

Canción insignia

Canción sin miedo (2020)

  • Himno feminista internacional.
  • Surgió en el contexto de la crisis de feminicidios en México.
  • Ha superado decenas de millones de reproducciones en plataformas digitales.
  • Traducida a múltiples idiomas.
  • Cantada en marchas, plazas públicas y escenarios internacionales.

Canciones emblemáticas

  • Te mereces un amor – Defensa del derecho a relaciones libres de violencia.
  • La casa de la esquina – Memoria íntima y raíz norteña.
  • Gracias a la vida (Violeta Parra) – Interpretada en homenaje a Mercedes Sosa.

Producción reciente

Libro:
Sobre-vivir para la música (2025).
Reflexiones, diarios y proceso creativo.

Álbum más reciente:
Cosas que sorprenden a la audiencia (2025).
Resignificación del corrido tradicional para narrar historias de mujeres que enfrentan violencia estructural y resistencia.

Compromiso social

  • Más de una década visitando centros penitenciarios femeninos.
  • Recopilación de testimonios de mujeres procesadas por “exceso de defensa”.
  • Integración de esas historias en corridos en primera persona.

 Proyección internacional

  • Presencia en plataformas globales de moda y cultura.
  • Embajadora EQUAL de Spotify (2023).
  • Reconocida por Forbes México.
  • Distinción de la Academia Latina de la Grabación.

Reconocimientos

  • Medalla Nazario Ortiz Garza (otorgada durante la presidencia de Lilia Esperanza Cárdenas Treviño en Casa Coahuila).
  • Próxima entrega de la Medalla Nancy Cárdenas, reconocimiento a mujeres que transforman la cultura con valentía.

Lilia Esperanza Cárdenas Treviño es abogada, feminista y librepensadora. Productora cultural y promotora de proyectos de memoria histórica, ha presidido numerosas asociaciones y organizaciones civiles dedicadas a la cultura, los derechos humanos y la formación ciudadana. Actualmente encabeza la Fundación Nancy Cárdenas Martínez A.C., orientada a la defensa de los derechos culturales y la libertad de expresión, y preside la Fundación de la Feria Internacional del Libro de Coyoacán (FILCO). Es socia fundadora de La Huella Editores, sello independiente comprometido con el pensamiento crítico, la creación artística y la preservación de la memoria cultural. Es también colaboradora del El Coahuilense.

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