Por Ernesto Núñez Albarrán
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Tocado desde hace más de un año por su cercanía con el presunto líder del grupo criminal La Barredora, el senador Adán Augusto López Hernández al fin se ha hecho a un lado. Este domingo por la mañana aprovechó la reunión del grupo parlamentario de Morena en el Senado para anunciar su renuncia a la coordinación, que ha recaído de inmediato en el poblano Ignacio Mier.
Adán Augusto era uno de los hombres más cercanos al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien lo llamaba hermano y lo llegó a considerar su heredero político. Cuando aún era priista, y ocupaba una secretaría en la dirigencia estatal del PRI tabasqueño, Adán Augusto servía de puente entre el gobierno de Roberto Madrazo y el opositor Andrés Manuel. Luego se fue del PRI, se unió al lopezobradorismo y al PRD; se hizo diputado local y federal, fundador de Morena, senador, gobernador de Tabasco, secretario de Gobernación y aspirante a la candidatura presidencial.
Su precampaña de 2023 se recuerda por el despilfarro, la polémica y uno que otro escándalo sobre su vida personal. Ser presidenciable le garantizó un lugar privilegiado en el acuerdo de El Mayor, el pacto en el que López Obrador obligó a las corcholatas a sellar la unidad del partido-movimiento con un reparto de posiciones políticas de gran poder.
A Adán le tocó la coordinación de Morena en el Senado, posición que ocupó desde septiembre de 2024 para convertirse en peso y contrapeso. Fue clave en las maniobras para obtener la mayoría calificada en la Cámara alta, doblando a dos senadores electos por el PRD para que se sumaran a la bancada guinda y negociando con los Yunes para que saliera del PAN el famoso voto 86, necesario para que se aprobara la reforma judicial.
También fue clave para vencer las resistencias de Alejandro Gertz Manero a renunciar a la Fiscalía General de la República, en noviembre de 2025.
Pero, al mismo tiempo, fue un dolor de cabeza para la presidenta Claudia Sheinbaum, quien tuvo que lidiar con la mala fama de Adán Augusto y las investigaciones que desde Estados Unidos se han abierto en contra de su exsecretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, conocido como “comandante H”, investigado en México y Estados Unidos por liderear La Barredora, un grupo dedicado a la extorsión, el narcotráfico y el robo de combustible en el sur del país.
Cuando Bermúdez Requena fue detenido, en septiembre del año pasado, las miradas se posaron sobre el coordinador parlamentario de Morena, quien aún así sobrevivió todo el periodo ordinario, y hasta se dio el lujo de protagonizar nuevos escándalos, como la revelación de su enorme riqueza, o la compra de miles de ejemplares del libro Grandeza, de López Obrador, para ordenar a sus senadores distribuirlos en sus estados. En las últimas semanas, Adán fue señalado en investigaciones del periódico Reforma por el uso discrecional de los recursos de la Cámara alta.
Pero nada de eso parecía moverlo del cargo, y siempre fue considerado un factótum en el partido-movimiento, que sin duda incomodaba a la presidenta.
Desde la coordinación, Adán tenía un plan para construir las 17 candidaturas del oficialismo para las elecciones de gobernador de 2027, impulsando a perfiles cercanísimos a él, como Andra Chávez, en Chihuahua; Raúl Morón, en Michoacán o Enrique Insunza, en Sinaloa, por mencionar sólo tres ejemplos.
Al renunciar a la coordinación, ha explicado que se dedicará al trabajo político de tierra de cara a las elecciones de 2027. Con ese argumento ha negado que se vaya a ir de la política por las presuntas presiones que estaría ejerciendo Estados Unidos para que sea investigado.
Muchos opositores y comentaristas fantasean con la posibilidad de que Adán Augusto sea detenido, o entregado a Donald Trump por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Lo cierto es que, si eso llegara a ocurrir, no sólo sería un golpe para Adán, sus allegados y para el expresidente López Obrador. También sería un revés durísimo para todo Morena y para el gobierno de Sheinbaum, quien no es afecta a tomar decisiones para complacer a la oposición y mucho menos a la comentocracia.
Pese a todo, la salida de Adán Augusto de la Junta de Coordinación Política del Senado sí le da un respiro a la presidenta, al gobierno y su partido, pero éste podría ser muy temporal, si el tabasqueño se empeña en convertirse en una especie de coordinador informal de las campañas de Morena en 2027.
Su presencia ahí, haciendo mancuerna con Andy López Beltrán, hijo del expresidente, opacaría el liderazgo de Luisa María Alcalde, de por sí endeble y desdibujado; confundiría a los partidos aliados, y le serviría a Adán Augusto como plataforma para volver a soñar con la candidatura presidencial en 2030.
Sólo el tiempo dirá si su salida fue pactada con Sheinbaum, para dejar de hacer ruido, complacer a Estados Unidos y permitir que su figura se vaya diluyendo, o si se trató de un movimiento para atrincherarse, cobrar fuerza desde la base partidista y el territorio, y convertirse en un contrapeso -quizás ahora más fuerte- para la presidenta y el llamado “claudismo”, que simplemente no termina de cuajar.





