Sobremesa | La maldición de La Cruz Azul: disputas, traiciones y muerte

julio 1, 2026
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Por Lourdes Mendoza

Quizá su mayor error fue creer que la lealtad es recíproca si uno la ofrece. ‘Billy’ Álvarez le tendió la mano a Víctor Velázquez y lo hizo socio cooperativista en el año 2001. No importó que el padre de Víctor hiciera fiesta cuando falleció el padre de ‘Billy’, unos años antes.

El pasado domingo 28 de junio estuve en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Ciudad Cooperativa Cruz Azul, Hidalgo, donde se celebró, a casi un mes de su deceso, la misa en honor a Guillermo Álvarez Cuevas. Un hombre que llevó a La Cruz Azul a números y logros que no se habían visto desde la fundación de la Sociedad Cooperativa, el 2 de noviembre de 1931. Billy, le duela a quien le duela, convirtió a La Cruz Azul en la cementera más importante de Latinoamérica tras crecer en un 600% la producción cementera entre 2010 y 2020, años en los que él fungió como director general.

¿Se equivocó Billy Álvarez? Todos nos equivocamos. Pero quizá su mayor error fue creer que la lealtad es recíproca si uno la ofrece. Ya lo he relatado antes. Billy Álvarez le tendió la mano a Víctor Velázquez y lo hizo socio cooperativista en el año 2001. No importó que el padre de Víctor hiciera fiesta cuando falleció el padre de Billy, unos años antes. ¿Por qué Billy hizo socio a Velázquez? Esa respuesta no la podremos conocer, pero, habiendo conocido a Billy, seguramente consideró que lo hecho por el padre no debía condenar al hijo.

Fue Billy quien le dio de comer física, intelectual y emocionalmente a Velázquez. Lo que Billy nunca calculó es que, con cada día de apoyo a Velázquez, estaba cavando, literalmente, su propia tumba. Si Billy era culpable de los delitos que el gobierno le imputó, Velázquez también lo es, pues era su director comercial.

Velázquez, confirmado por quienes lo conocen, vive en un estado permanente de insatisfacción. No le sabe el triunfo; no le sabe el poder; nada es suficiente. Todo lo que tenía, en los tiempos en los que Billy era el jefe, le parecía poco. Quería más. Y fue por ello, a un precio altísimo. Quedó expuesto frente al mundo cementero y futbolero, como un ser humano sin escrúpulos, capaz de mentir, robar y traicionar. Capaz de regalar cárcel y muerte a cambio de salirse con la suya.

Utilizado por el entonces consejero jurídico de AMLO, se agandallan de La Cruz Azul con la toma del edificio de Gran Sur y los tokens (del dinero) el 6 de agosto de 2020, gracias al beneplácito y/o la complicidad del juez a modo José Manuel Salazar Uribe. En una trama digna de Netflix, se ha girado un sinfín de carpetas de investigación y órdenes de aprehensión contra Billy y sus cercanos, al grado de “obligar” al hermano de Billy, Alfredo, a declarar en contra del ex-CEO.

Velázquez se valió del CFO de la cementera, Juan Manuel Briseño, para sustentar la maquinación de acusaciones que Scherer operó. Ahora, Juan Manuel Briseño, el CFO hasta el día de hoy, se está desdiciendo de sus primeras declaraciones. Está en la cárcel acusado de violar con las manos a una trabajadora sexual, adentro de un table dance capitalino, en el salón principal, frente a toda la clientela.

Velázquez es solo el instrumento para convertir a La Cruz Azul, de cooperativa, en una sociedad anónima.

Tras años de persecución, en enero de 2025 detuvieron a Billy, lo llevaron al Altiplano y lo tenían en un lastimoso aislamiento. Pasaron por encima de sus derechos humanos, pues tenía no solo la edad, sino su salud tan mermada que hubiera podido defenderse en arraigo domiciliario; no como si fuera El Chapo Guzmán.

Estando prófugo, pude entrevistar, vía Zoom, a Billy Álvarez, y el texto en el que cuenta cómo fue perseguido por no querer vender La Cruz Azul lo pueden leer en la columna “Una cosa es doblegarse y otra quebrarse: Billy Álvarez”, publicada el 17 de junio de 2024.

Para ese momento, las traiciones ya se habían consumado.

Aquí es donde la muerte se hace presente y la sangre salpica manos, cara, nombre y reputación de Víctor Velázquez.

Con procesos llenos de vicios judiciales, sin el menor decoro jurídico o el debido proceso, están en la cárcel:

En Oaxaca, el hijo del socio cooperativista Figueroa.

En el Sur: Jorge Ortega, Janitzio Amaya, Pablo Chuc, Luis Miguel Campos, Rodolfo García Trujillo, Humberto Tapia, Víctor Luna, Guillermo Morales y el Lic. Muñoz.

En el Oriente: Federico Sarabia.

La parroquia, de donde fueron exhumados los restos de sus padres, se llenó. Al final de la misa hubo un sentido aplauso que duró varios minutos en memoria de Billy Álvarez. Enfrente, en la planta, hay gente armada, ¿de quién se protegen?, ¿a quién le tienen tanto miedo?

Víctor Velázquez, una vez más, se vistió de cuerpo completo, pues a los socios cooperativistas disidentes no solo les quitó ilegalmente el modo de vivir, su sueldo, su jubilación, el servicio médico, vamos, absolutamente todo, sino también sus casas, y el domingo mandó a su jefe de seguridad privada para intimidarlos. Hubo coches con propios sacando fotos con la intención de amedrentar. Sin palabras.

Hoy Velázquez va de la mano de Alberto Petrearse, personaje siniestro con antecedentes de trabajo no muy presumibles, digamos, pues cuando quebró Interjet él era quien mentía como director de Comunicación Social al asegurar que estaba volando muy alto; también estuvo cerca del abogado Ángel Junquera, quien está huido del país, por el tema de La Cruz Azul y de García Luna, andan amedrentando a periodistas para que dejemos de cuestionar el cómo ilegalmente se hizo presidente de la cooperativa.

Billy, el padre político de Velázquez, murió a los 80 años en una celda del Altiplano, después de haber recibido el trato de un capo. La injusticia la quisieron reescribir Scherer, Gertz Manero y Víctor Velázquez. Ayudaron también en ese proceso los magistrados penales Armando Hernández Orozco y Juan José Olvera López, así como el góber Menchaca (quien, me dicen, está arrepentido de haberles entregado la planta, pues le habrían ofrecido muchos millones de pesos y solo recibió centavos), Loretta Ortiz, Lenia Batres, Ernestina Godoy, Ulises Lara, Bertha Alcalde y numerosos jueces que colaboraron, por las buenas o por las malas, para alargar los tiempos y engrosar las carpetas en contra de Billy, con la intención de convertirlo en “el villano de La Cruz Azul”.

Hoy, “el villano” que se inventó Víctor Velázquez está muerto. Pero la verdad se quedó viva, en este mundo. ¿Cómo le va a hacer Víctor Velázquez para continuar distrayendo la atención de su “administración fraudulenta”? Si la maldición de La Cruz Azul establece que el CEO cae para después perder la vida, entonces Víctor Velázquez ya sabe cuál es su destino. La pregunta que seguramente se hace todos los días es… ¿cuándo?

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