Adán, si no debes nada… ¿por qué tiemblas?

Aquí no hay mañanera ni helicóptero. Solo una pregunta clara: ¿Tuviste relaciones con el narco, sí o no?
octubre 2, 2025
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Aquí no hay mañanera ni helicóptero.

Solo una pregunta clara:

¿Tuviste relaciones con el narco, sí o no?

Por Jaime Martínez Veloz

Adán, ¿te atacan los conservadores?

Nel, carnal. Te saludan. Te aplauden. Te patrocinan.

Eres uno de ellos. Solo que con guayabera y frase dominguera.

La izquierda no te reconoce.

Y el barrio… el barrio te huele desde lejos.

Porque aquí no hace falta leer a Marx pa’ saber quién es tranza.

Aquí basta el colmillo, el oído, la memoria.

¿Que los millones en tus cuentas son herencia?

¿Que también eres ganadero?

¿Que los contratos son legales y los muertos “no te tocan”?

No, Adán. No basta con citar a Juárez pa’ parecer digno de Zapata.

No basta con decir “me atacan los fifís” mientras firmas con ellos.

Más respeto pa’l pasaje. Más pudor pa’ la historia.

Tu biografía no está escrita en huelgas ni en marchas.

Está escrita en notarías, helicópteros y silencios.

No hay en tu historia ni una toma de tierras, ni una defensa indígena, ni una asamblea obrera.

Lo que sí hay es un secretario de Seguridad —Hernán Bermúdez— que terminó siendo operador del CJNG, jefe de “La Barredora”, esa organización criminal que desde Tabasco extorsionaba, secuestraba y huachicoleaba con protección institucional.

¿Y tú qué hiciste, Adán? ¿Denunciaste? ¿Te indignaste?

Nel. Te hiciste el menso.

Dijiste que solo hablarías si la Fiscalía te llamaba.

Como si la ética dependiera de citatorios. Como si la decencia necesitara notificación oficial.

Y mientras tanto, el CJNG atentaba contra Omar García Harfuch en plena CDMX.

¿Y tú? ¿Alguna palabra? ¿Algún reclamo de justicia?

Nada. Silencio. Porque cuando el crimen toca a tus cuates, callas.

Y cuando toca a los demás, también.

Pero eso sí, en tu precampaña presidencial te cayeron más de 80 millones de pesos.

¿De dónde? Según Simón Levy, del CJNG, por la venta de huachicol.

¿Y el ISR que pagaste? Una burla.

Mientras tu hermana Rosalinda era jefa de Auditoría Fiscal del SAT.

¿Coincidencia? ¿Familia blindada? ¿Fiscalización selectiva?

¿O simplemente el nuevo modelo de “izquierda fiscalmente creativa”?

La izquierda no es eso, Adán.

Y el barrio tampoco.

Porque aquí, en la esquina, en el mercado, en la escuela pública, sabemos que la decencia no se maquilla.

Que el que calla ante el crimen, se vuelve cómplice.

Que el que se esconde tras el discurso, algo tapa.

Y tú, Adán, tapas mucho.

¿Dónde estabas en el 68?

¿Dónde cuando asesinaron a Samir Flores, opositor indígena al megaproyecto energético?

¿Dónde cuando murieron quemados 40 migrantes en Ciudad Juárez, bajo tu Secretaría?

¿Dónde cuando los desplazados chiapanecos cruzaban la frontera por miedo?

¿Dónde cuando el crimen tomó comunidades enteras y tú solo veías “flujos migratorios”?

No estuviste. Porque nunca estás cuando la dignidad se defiende desde abajo.

Porque para ti, los chiapanecos no fueron víctimas, fueron cifras.

Y las cifras no lloran. Las cifras no votan.

Y ahora que te incomoda que te nombren, te decimos desde la banqueta, con voz de tianguis y verso de vecindad:

La ética no tiene partido.

La decencia no necesita ideología.

Y el sentido común no se compra ni se hereda.

Se vive. Se camina. Se defiende.

Y tú, Adán, ¿por qué no te vas?

¿Por qué te aferras al cargo como si fuera salvavidas?

Porque sabes que en cuanto sueltes el poder, se suelta también el expediente.

Porque no es el pueblo el que te sostiene, son los intereses con los que te coludiste.

Porque no es la convicción lo que te mueve, es el miedo.

Miedo a que se abran las carpetas.

Miedo a que hablen los muertos.

Miedo a que los contratos se lean en voz alta.

Miedo a que la historia te nombre como lo que fuiste:

Operador del silencio.

Notario del crimen.

Cómplice del despojo.

Cualquiera con sentido común te diría que estás dañando a tu partido, a la presidenta, a la sociedad.

Pero eso no te importa.

Te puedes tardar lo que quieras, o lo que puedas.

Pero entre más tardes en irte, más se eleva el conflicto.

Y entre más alto lo subas, más duro será el madrazo.

Porque la memoria no se acomoda al poder.

Porque la ética no se calla ante el expediente.

Porque la dignidad no se negocia.

Esto no es crítica.

Es sentencia.

Es juicio público.

Es la voz del barrio que no se vende.

La voz del sur que tú no conoces.

La voz del sentido común que no te cree.

La que no te perdona.

La que no te espera.

La que no te necesita.

Una propuesta para dejar de hacer como que la virgen te habla… o lo que es lo mismo: dejar de hacerle al pendejo.

(Al respetable le ofrezco disculpas por la expresión, pero la gravedad de la situación lo amerita.)

Desde los barrios de la rebelde frontera norte, desde el sur profundo, desde la esquina digna, desde la memoria que no se rinde, te lanzo esta propuesta, Adán:

Que tú y yo —sin fuero, sin escolta, sin batea de babas— nos sometamos a un examen de confianza.

Uno solo. Uno claro. Uno que no se maquilla:

¿Ha tenido usted relaciones financieras y/o políticas con grupos ligados al Crimen Organizado?

Que lo haga la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la del gobierno que tú dices representar.

Y si te sientes muy internacional, pues que también lo haga el FBI, allá en el gabacho, si tienes visa y no te tiembla la mano.

Y si alguno de los dos sale positivo, que se entregue sin chistar, sin fuero, sin mañanera.

Que se le aplique la ley, en el país que haya sido perjudicado, con todo y sus cómplices, sus súbditos o sus patrones.

¿Le entras, Adán? ¿O te vas a rajar como siempre?

¿Vas a salir con tu batea de babas, con tu “no me toca”, con tu “yo no firmé”?

¿O vas a demostrar que no eres solo otro notario del silencio?

Y ya que andamos en confianza, hazle extensiva esta propuesta al que se dice tu hermano, el que vive en La Chingada —literal y simbólicamente—

Y también a su hijo putativo, el de la doble camiseta, el que ahora se volvió republicano de Trump por conveniencia: Jaime Bonilla.

Que también se mochen con el examen.

Que también se retraten.

Porque si no tienen cola que les pisen, que se dejen revisar.

Y si sí la tienen, que no se escondan detrás de discursos ni de partidos.

Aquí no hay ideología, hay dignidad.

Aquí no hay fuero, hay barrio.

Aquí no hay miedo, hay memoria.

Y aquí, Adán, no se perdona la tranza.

Ni el silencio.

Ni la omisión.

Ni el cinismo.

¿Le entras o te rajas?

Desde la esquina que no se vende. Desde la memoria que no se calla. Desde el barrio que no se rinde: El Compa Veloz

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