POR CEDIL
En Coahuila, los casos de depresión continúan a la alza. Según el Boletín Epidemiológico del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológico, para la semana 22 del 2026 se reportan 1,271 casos de depresión. Para el primer trimestre del presente año, la entidad federativa cerraba con un aproximado de 970 diagnósticos, esto quiere decir que en solo 5 semanas los casos han aumentado cerca de un 32%. Aunado a esto, comparadas las cifras del 2026 con las del año anterior, se aprecia un aumento aproximado del 4.5% entre cada año.
La depresión suele abordarse como un problema individual, asociado a factores biológicos, emocionales o familiares. Sin embargo, cada vez más investigaciones señalan que las condiciones materiales de vida también influyen en el bienestar psicológico de las personas.
La forma en que trabajamos, nos movemos por la ciudad, convivimos con nuestros pares o enfrentamos la incertidumbre económica puede convertirse en una fuente constante de estrés. No se trata de afirmar que una sociedad produce depresión, sino de reconocer que el entorno en el que vivimos puede facilitar o dificultar el bienestar emocional.
En Coahuila esta reflexión resulta particularmente relevante. Con anterioridad hemos señalado cómo ciudades como Saltillo han crecido hacia la periferia, obligando a miles de personas a recorrer mayores distancias para llegar al trabajo, la escuela o distintos servicios. Para muchas familias, una parte importante del día transcurre entre traslados y tiempos muertos que reducen las oportunidades de descanso, convivencia y recreación.
Diversos estudios han encontrado que factores como la vulnerabilidad económica, la desigualdad urbana y la falta de recursos comunitarios pueden relacionarse con mayores niveles de depresión y malestar psicológico. Coahuila no es la excepción a este contexto, pues pese a sus fortalezas en indicadores de bienestar, La ENVIPE 2025 reporta que cerca del 31% de los coahuilenses considera el desempleo como uno de los principales problemas de la entidad, además, según el INEGI alrededor del 20.3% de la población carece de acceso a servicios médicos. Cuando estas condiciones se acumulan, la salud mental deja de ser únicamente una cuestión clínica para convertirse también en un asunto social.
La atención psicológica y psiquiátrica sigue siendo indispensable, pero los datos invitan a mirar más allá del consultorio. Si los casos continúan aumentando, quizá también valga la pena preguntarnos qué tan compatibles son nuestras ciudades y nuestras condiciones de vida con el bienestar emocional de quienes las habitan.
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