Detrás de los Datos | Aprender distinto en un sistema que enseña igual

diciembre 18, 2025
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Por Andrés Flores & Daniel Cárdenas // CEDIL

En Saltillo siete de cada 10 casos atendidos en el Laboratorio de Psicofisiología de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) presentan signos de un trastorno del neurodesarrollo, de ellos se confirman al menos cuatro, explica el maestro Edgar Macías, neuropsicólogo titular del laboratorio. Su afirmación coincide con una tendencia estadística más amplia: entre 2019 y 2023 las instituciones de salud de Coahuila registraron dos mil 124 diagnósticos de Trastorno del Espectro Autista (TEA) y Trastorno Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en niños y adolescentes, con un incremento sostenido anualmente en el estado. 

Los datos muestran una realidad preocupante: los trastornos del neurodesarrollo no sólo están presentes, sino que aumentan, y la ciudad aún no está preparada para atenderlos. Dicho problema se posiciona de manera silenciosa en la población coahuilense y, a su vez, genera nuevas necesidades de atención e intervención. Sin embargo, son pocos los centros especializados en atención neuropsicológica en la capital del estado y que, además, la mayoría de estos son de atención privada por lo que son poco accesibles para la población. 

Lo anterior también abre la puerta a un posible dato invisible: el de todos aquellos casos que no llegan siquiera a ser diagnosticados y pasan desapercibidos reduciéndolos sólo a “niños que no ponen atención” o “estudiantes que no quieren aprender”, cuando la raíz de estos problemas viene de factores contextuales o psicofisiológicos. 

¿Qué son los trastornos del neurodesarrollo?

La neuropsicología no tiene una definición particular de estas dificultades. Los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que se separan del patrón común de adquisición, maduración y preservación de funciones cognitivas durante la infancia. Sus causas, explica Macías, suelen ser multifactoriales, aunque una buena parte tienen un origen genético.

Eso significa que el problema no es que los niños “no le echen ganas”, sino que sus cerebros funcionan y se desarrollan de maneras distintas. Y las escuelas tradicionales basadas en un solo modelo educativo para todos pocas veces están preparadas para esa diversidad.

Aprender no es igual para todos 

Una parte importante de quienes viven con un trastorno del neurodesarrollo tendrá dificultades en los aprendizajes escolares, no porque no puedan aprender, sino porque los contenidos y las formas de enseñanza no están diseñadas para ellos. La educación termina por expulsar simbólicamente a quienes requieren otras rutas, otros tiempos y otros apoyos.

En palabras del experto, los problemas de aprendizaje “impiden la adaptación a la manera en la que se ofrecen los contenidos de aprendizaje”. Y no estamos hablando de casos excepcionales: de cada 10 niños que llegan a consulta por dificultades escolares, en al menos cuatro se confirma el diagnóstico.

Acceso a servicios de evaluación, otra parte del problema

En Coahuila el acceso a servicios de evaluación neuropsicológica, intervención temprana o terapias especializadas sigue siendo muy limitado, especialmente para familias de bajos ingresos.

Las escuelas hacen esfuerzos, pero la realidad es que casi ningún plantel de educación básica tiene suficiente cobertura de maestros de apoyo, psicólogos o personal dedicado y capacitado para atender estas infancias. En ocasiones un plantel entero depende de una sola orientadora para cientos de estudiantes, y eso vuelve imposible el acompañamiento individual.

El papel del ambiente

Aunque la genética juega un papel central, Edgar Macías menciona otro factor clave: el ambiente donde crecen los menores de edad. Un entorno estructurado, acompañado y con estimulación adecuada puede mejorar significativamente el pronóstico. Propiciar las condiciones óptimas para el desarrollo de los niños requiere tiempo, información y recursos. Estos factores no siempre están disponibles en hogares que enfrentan precariedad económica, jornadas laborales extensas u otros factores del contexto familiar.

No se trata de curar, sino de darle a cada persona las herramientas necesarias para desarrollar su potencial sin ser castigada por la escuela.

Lo que nos toca como comunidad

Si queremos dejar de etiquetar a los niños que “no encajan” en el ritmo escolar, necesitamos cambiar el enfoque: apostar por evaluaciones tempranas, apoyos visibles, suficientes y efectivos en las escuelas, y formación docente en neurodesarrollo. La diversidad en el aprendizaje es un recordatorio de que la educación debe adaptarse a las personas y dejar de ser un sistema rígido.

También es importante adaptar el entorno y contexto de los niños con dificultades de aprendizaje de manera que sean estimulantes y brindarles un acompañamiento temprano; pues, aunque haya diagnóstico, sin terapias ni apoyo contextual los efectos en aprendizaje o socialización pueden agravarse. 

La implementación de instituciones públicas, un ejemplo, es la creación de un área especializada en la que se brindará terapia, tratamiento y seguimiento, además de reiterar su compromiso con las personas con trastorno del espectro autista y sus familias dentro de las instalaciones de DIF Saltillo, la cual fue recientemente anunciada en abril último. 

Eso demuestra que sí es posible la implementación de políticas e instituciones públicas que atiendan estas problemáticas y brindar una mejor calidad de vida a la población. 

Parece que Coahuila ya reconoció está problemática, ahora es momento de actuar. Si entendemos que los problemas de aprendizaje y neurodesarrollo no son una excepción, sino parte del enorme continuo de diversidad humana, podremos construir una sociedad donde ningún niño o joven tenga que esperar para aprender.

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