Detrás de los Datos: El espejismo de la seguridad en Coahuila: violencia cotidiana desgarra el tejido social

septiembre 24, 2025
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Por Andrés Flores & Daniel Cárdenas // CEDIL

Una riña campal con un desenlace trágico en Saltillo, donde perdió la vida un joven de 22 años, evidenció una problemática más profunda que las cifras oficiales no siempre reflejan: la erosión del tejido social en Coahuila.

Aunque el discurso oficial presenta a la entidad como un estado estable y seguro, la violencia de “baja escala”, esa que se vive en las calles y barrios populares, está desgarrando la convivencia diaria de sus habitantes.

Coahuila ocupa un alarmante tercer lugar a nivel nacional en el número de carpetas de investigación por amenazas, según las cifras de julio de 2025 del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Saltillo y Torreón, las ciudades más grandes del estado, se encuentran entre las tres ciudades con más denuncias por estos delitos, superadas únicamente por León, Guanajuato, pero por encima de Iztapalapa, Puebla, Guadalajara, Mexicali y Monterrey. Además, estas ciudades están entre los 30 primeros lugares a nivel nacional en delitos como lesiones dolosas y daños a la propiedad. 

Estas estadísticas reflejan una preocupante realidad: el miedo de los padres a que sus hijos jueguen en la calle y el silencio que prevalece en barrios donde la convivencia vecinal se ha deteriorado.

Una red rota

En palabras concretas, el tejido social puede entenderse como la red de confianza, respeto y cercanía que une a una comunidad. El dinamismo económico de la capital coahuilense, que suele ser concebido como un gran logro a ojos ciegos, trae consigo dinámicas de las grandes ciudades como una despersonalización inherente. 

Lo anterior puede conducir a que los conflictos cotidianos se conviertan en agresiones, donde el miedo reemplaza a la confianza entre vecinos y una calle se transforma en un espacio de hostilidad, esto genera que las redes de solidaridad se vayan desgarrando. En Saltillo y Torreón, el auge de las agresiones vecinales, amenazas y daños a la propiedad puede interpretarse como una manifestación de anomia, donde las reglas tácitas de respeto mutuo se han desvanecido, abriendo paso a la violencia como medio de resolución de conflictos.

Esta condición se exacerba por la erosión del capital social, concepto popularizado por el politólogo Robert Putnam. El capital social no es otra cosa que la red de relaciones y normas de reciprocidad que facilitan la cooperación para el beneficio mutuo. Según esta teoría, una comunidad es resiliente cuando sus miembros confían unos en otros, se adhieren a normas de reciprocidad y participan activamente en la vida cívica. Cuando este capital social se debilita, la capacidad de la comunidad para autogobernarse y resolver sus propias disputas de manera pacífica se deteriora.

En Saltillo, esta ruptura se percibe en gestos cotidianos: vecinos que no se saludan, juntas vecinales que terminan en pleitos y una falta de diálogo que hace imposible la resolución de conflictos. El simple hecho de ignorar a quien vive a unos metros erosiona la posibilidad de construir vínculos de respeto. Y cuando no existe ni siquiera un saludo, resulta aún más difícil pensar en la mediación como una salida frente a la violencia.

¿Cómo recuperar el tejido social?

Recuperar el tejido social no significa eliminar los conflictos, pues estos siempre van a existir; sin embargo, se puede aprender a resolverlos mediante el diálogo y con ayuda de elementos o instituciones que brinden seguridad a los habitantes, facilitando la resolución de conflictos sin violencia. Las respuestas deben residir en algo más que respuestas policiales.

Además, se requiere implementar programas de prevención o atención primaria desde el ámbito psicosocial con proyectos que promuevan la reintegración social y comunitaria en los barrios y colonias con el fin de evitar que aumente el individualismo entre sus habitantes. 

Los crímenes, la seguridad pública, el cumplimiento de la ley y otros temas de gran escala deben estar en la agenda, pero mientras no se atiendan las violencias de “baja escala”, Coahuila seguirá construyendo lo que sólo es un espejismo de seguridad. Lo que se juega en la cotidianidad no sólo son los índices delictivos, sino la capacidad de la sociedad para convivir, cooperar y construir la confianza y unión comunitaria.

El reto no es sólo para las autoridades; es también de cada ciudadano que decide saludar, escuchar o mediar en lugar de agredir. Reconstruir el tejido social empieza recuperando la confianza en el otro. 

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