Por Daniel Cárdenas y Andrés Flores // CEDIL
“Mi sueldo solamente cubre gastos fijos y es muy difícil ahorrar para una emergencia o gastos aparte”.
Esa frase, dicha por un joven coahuilense, puede resonar en la cabeza de muchos. Representa la realidad de una generación que expresa cada vez más abiertamente su preocupación por pagar renta, transporte, alimentos, estudios y salud. Ni hablar de la esperanza de una casa propia, que para muchos parece un sueño imposible.
La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (Ensafi) 2023 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) lo confirma: aunque seis de cada 10 jóvenes tienen algún ahorro, apenas 10.3% cuenta con más de tres meses de respaldo. Incluso, quienes logran guardar algo, lo hacen al límite. Y ante una emergencia, 63.2% recurriría a familiares o amigos –no a sus propios recursos. Mientras tanto, 41.3% vive con altos niveles de estrés financiero.
La situación financiera de los jóvenes va más allá de los hábitos de ahorro. ¿Realmente se puede tener salud financiera con los ingresos que existen hoy? Para responder esa pregunta, encuestamos a jóvenes de 18 a 29 años en Coahuila. La historia no mejora.
En el estado, aunque 45.5% de los jóvenes encuestados tiene ingresos propios, sólo 43.6% expresa que siempre le alcanza. A la mitad le alcanza “a veces”, lo que en realidad significa incertidumbre permanente. Mientras tanto, 58.2% depende económicamente de su familia.
La independencia económica deja de ser una transición natural y se vuelve un privilegio cada vez más difícil de alcanzar. El ahorro aparece como un indicador de reacción: 54.5% reporta tener alguna reserva, pero sólo cuatro de cada 10 logra ahorrar de manera constante. Además, 43.6% ha tenido que usar sus ahorros para enfrentar emergencias recientes. El ahorro deja de ser acumulación para el futuro y se convierte en un modo de contención –que además resulta insostenible para muchos.
Las deudas tampoco son un tema menor: 30.9% de los encuestados tiene deudas, y uno de cada cinco ha tenido dificultades para cumplir con sus pagos. La deuda deja de ser por emergencias y se vuelve financiamiento para sobrevivir.
Solo 10.7% de los encuestados se considera económicamente independiente, y casi la mitad percibe que está en peor situación que sus padres a su edad. “No rinde tanto (la quincena) como antes, no hay capacidad de ahorro o de seguros, hay mucha informalidad”. La idea de progreso, la de que cada generación estaría mejor que la anterior, empieza a erosionarse.
Los datos nacionales y locales apuntan en la misma dirección: los ingresos no se están traduciendo en estabilidad. Hay ahorro, pero es difícil hacerlo durar.
Las implicaciones en el bienestar psicológico no se pueden ignorar. En nuestra encuesta, siete de cada 10 jóvenes reportan que su situación económica afecta su bienestar emocional: 23.6% dice sentirse “algo afectado”, 43.6% “poco” y 3.6% “mucho”. La preocupación está presente, aunque no siempre se nombre como crisis.
Vivir con ingresos que apenas alcanzan implica una tensión constante. La ansiedad financiera no siempre nace de la mala administración individual, sino de la imposibilidad de planear con certeza.
Precariedad normalizada
En un contexto donde sólo uno de cada 10 jóvenes se percibe económicamente independiente y casi la mitad considera estar en peor situación que sus padres, resulta insuficiente explicar el problema desde la responsabilidad individual.
Los jóvenes encuestados son claros sobre lo que cambiarían: salarios dignos, empleos formales, acceso a servicios públicos y vivienda. Frases como “Tengo el salario mínimo, no me alcanza para pagar nada, no puedo pagar la renta y trabajo 50 horas a la semana” se repiten constantemente y reflejan las carencias estructurales que minan la salud financiera de una generación entera.
La evidencia apunta a la dependencia familiar como red de apoyo, ingresos que no alcanzan, ahorro que no dura, deudas que se acumulan, y el bienestar psicológico que paga el costo.
Hablar de salud financiera juvenil implica trascender el tema de hábitos, y contextualizarlo como un fenómeno social y complejo. Sin modificar esas condiciones, cualquier recomendación individual seguirá siendo, en el mejor de los casos, insuficiente.
TE PUEDE INTERESAR:





