El aleteo de la mariposa

junio 15, 2026
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Por Alejandro Páez Varela

1. El primer golpe de la CIA

En agosto de 2013, el Archivo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, un órgano independiente, desclasificó documentos que confirmaron la participación de la CIA en el derrocamiento del Primer Ministro de Irán, Mohammad Mosaddeq, en 1953. Aunque pocos lo notaron, es de gran importancia porque se trata del primer reconocimiento formal de que esa agencia perversa había provocado eventos trágicos que dejaron miles de muertos, un saqueo de riqueza tremendo y un retraso en la evolución de la sociedad iraní. Y todo fue por la codicia del imperio, de dos imperios.

Los golpes de Estado contra democracias en tiempos de paz, organizados por Estados Unidos, empezaron allí, en el “Golpe de Estado 28 de Mordad”. Mosaddeq, elegido democráticamente, fue depuesto en una operación masiva que costó a Washington y a Gran Bretaña cientos de millones de dólares.

Las fuerzas occidentales acusaron a Mosaddeq de comunista por todos los medios. Financiaron grupos de choque. Usaron a la prensa para difamarlo y a líderes criminales para provocar inestabilidad social. Pagaron manifestaciones, bloqueos de calles y disturbios. Llenaron las paredes de propaganda golpista. Le dieron dinero a mafiosos y pandilleros que se apoderaron con violencia de las calles de la capital, Teherán, armados con garrotes, bombas incendiarias y armas de fuego. Presionaron con boicots económicos. Corrompieron a las élites políticas, empresariales y militares; a las agencias nacionales de seguridad y a los jefes de las distintas corporaciones de Policía.

Y finalmente lograron el arresto de Mohammad Mosaddeq, un convencido demócrata, un intelectual laico que rechazaba el comunismo. Muchos seguidores serían condenados a la horca. Otros serían fusilados.

¿Por qué la saña? Porque a las dos potencias les molestó que Mosaddeq nacionalizara el petróleo, como Lázaro Cárdenas menos de dos décadas antes, en México, en 1938. Derrocaron un gobierno democrático, provocaron una enorme destrucción y demolieron un Estado para entregarle el poder a Mohammad Reza Pahlavi, el Sha, quien reinaba desde 1941 pero no como rey absoluto. Impusieron a un dictador antes que permitir que el pueblo de Irán dispusiera de sus recursos.

Horas después de ser impuesto en esa revuelta antinacional, el Sha entregó a las potencias el 40 por ciento de todos los yacimientos de Irán. Mosaddeq fue acusado de traición en un tribunal militar y murió bajo arresto domiciliario, en 1967, a los 84 años. Estados Unidos e Inglaterra sacaron cuanto petróleo y gas pudieron y más adelante perdieron esa reserva en otra revuelta social que llevó al Sha al exilio.

Reza Pahlavi fue a dar a México y no por casualidad. Era 1979 y el PRI, un vergonzoso partido –grotesco, vendepatrias y traicionero–, gobernaba la Nación como poder absoluto.

2. La fiesta y el huracán

Vamos un poco antes. A tiempos de jauja para una élite. Estados Unidos saqueaba millones de barriles de petróleo de Irán y dejaba una baba a su dictador, el Sha, quien de inmediato brincó a la lista de los hombres con la mayor fortuna personal del mundo.

En 1967, 14 años después de que la CIA le entregara Irán, Reza Pahlavi se organizó una fiesta por sus 48 años. Se hizo un trono dorado y una corona con tres mil 380 diamantes. Aviones dejaron caer a su paso 17 mil 532 rosas, una por cada día de su vida. La princesa Farah, tercera esposa, usó una capa de visón de Christian Dior tan grande y pesada que requería la ayuda de una docena de pajes. Pasearon en un carruaje dorado jalado por caballos pura sangre como en cuento de Disney y presumieron una guardia pocas veces vista en Oriente Medio, y cómo no: el Sha sobrellevaba el aburrimiento comprando armamento por catálogo a Estados Unidos.

“No hay otro Jefe de Estado con quien me sienta más amigo”, dijo el Presidente Jimmy Carter. El Sha era la perrita de Washington, un vendepatrias, un zalamero dispuesto a entregar los recursos de los ciudadanos a cambio de diamantes y babas de poder.

Pero el dispendio de esa y otras fiestas no fue ignorado. Los líderes opositores endurecieron las críticas desde el exilio y Ruhollah Musavi Jomeini, clérigo chiita, hombre culto, buen lector y escritor incansable, llamó al pueblo a no festejarle nada al dictador.

El Sha no se iba a intimidar. En 1971, 18 años después de ser impuesto por la CIA, se organizó otra fiesta de cumpleaños doblemente escandalosa y en 1977 canceló los partidos políticos y ordenó la creación de uno solo, como el mexicano PRI, al que todos los hombres mayores de 18 años debían afiliarse.

El 7 de enero de 1978, el diario Ettela’at publicó un editorial en el que acusaba a Jomeini de ser agente británico y hasta afirmó, como si se tratara de una debilidad, que escribía poesía. El clérigo estaba escondido en Irak, fuera del alcance de los torturadores y asesinos del Sha, pero en casa ardió Troya o, más bien, la ciudad de Qom: religiosos salieron a protestar, agentes dispararon y mataron a varios y allí empezó el derrumbe del imperio. El destino de Mohammad Reza Pahlavi estaba cantado.

3. Cleopatra, Zapata y la revolución

¿Qué hubiera pasado si ese editorial no se hubiera publicado? Es un debate que sigue hasta nuestros días. Y es un gran ejemplo de cómo el aleteo de una mariposa puede provocar huracanes.

Un matemático del siglo XVII, Blaise Pascal, escribió que si la nariz de Cleopatra hubiera tenido un tamaño diferente, Marco Antonio podría no haberla amado tanto, haberse aliado con ella, haber perdido la batalla de Actium y, sin querer, haber provocado la transformación de Roma de una república a un imperio. “Cambiar el rostro de Cleopatra es cambiar el curso de la historia”, dijo el matemático. Nos lo recuerda un ensayo de Daniel Immerwahr en 2025, en The New Yorker.

Si Benito Juárez no hubiera nacido, ¿seríamos la Nación que somos hoy? Y si Emiliano Zapata derrota a Felipe Ángeles y le quita la Presidencia a Francisco I. Madero, ¿qué país seríamos? Son preguntas válidas. También podemos preguntarnos qué habría sido del Primer Ministro Mohammad Mosaddeq, donde comienza esta historia, si no se encuentra en el camino a Seyyed Hosein Fatemí, periodista y escritor que le propuso nacionalizar el petróleo y el gas de Irán. Durante la operación de la CIA, el periodista fue detenido, torturado y ejecutado por fusilamiento el 10 de noviembre de 1954.

También podemos preguntarnos qué habría sido del depuesto Sha de Irán si José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco, Presidente de México, no hubiera sido una perrita de Washington, un agente de la CIA. ¿A dónde se habría ido a vivir el pobre dictador iraní?

En 1979, Ettela’at publicó la foto de un pelotón iraní fusilando a militantes kurdos. Se utilizó para supuestamente denunciar la brutalidad del nuevo régimen a cargo de Jomeini. Rápido le dieron el premio Pulitzer: el diario era la perrita de la CIA. Sin embargo, nada pudo detener la rueda de la Historia en marcha. El editorial del diario sería recordado décadas después como un aleteo que se transforma en huracán. Michel Foucault diría de la Revolución iraní: “Quizás la mayor insurrección jamás vista contra los sistemas globales, la forma de revuelta más descabellada y moderna”. Y el grito de “¡Muerte al Sha!” alentaría otros aleteos en otras partes del mundo.

De la foto del Pulitzer nadie se acuerda y de López Portillo es historia conocida: en 2023 se relevó que fue informante de la CIA. Un documento desclasificado de la Administración de los Archivos Nacionales reveló que la colaboración duró al menos hasta poco antes de que asumiera el cargo de Presidente. También sabemos que Henry Kissinger, David Rockefeller y Carter le exigieron al mexicano que asilara al dictador persa. Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, padre del Canciller de Vicente Fox, era Secretario de Relaciones Exteriores. Fue él quien confirmó la llegada del sátrapa como asilado de México.

El nuevo gobierno iraní lo consideró un acto de hostilidad, pero había poco qué hacer: The Washington Post dijo en junio de 1979 que Kissinger había ejercido presión sobre México “desde el mismo día en que Reza Pahlevi abandonó Irán” para que le concedieran visado de residencia temporal. Seguramente le recordó a López Portillo un pasado que quizás era su presente.

4. Un aleteo en el estadio

Un grito emerge de la nada: “¡Perrita de Trump!”, resuena.

Viene de alguien que no tiene rostro; alguien a quien no se puede atacar desde la prensa con infamias y mentiras. Alguien lo suficientemente anónimo como para no ser víctima de ejércitos inmorales de periodistas e intelectuales paleros y violentos, que se transformaron en los últimos pocos años en propagandistas de un movimiento de ultraderecha en México.

La voz es de nadie. Es un comentario random, un video en el que nadie invirtió millones de pesos; de alguien que no puede volverse tendencia con millones y millones en troles, bots y promotores de una misma nómina tramposa y violentadora.

Y no se le puede llamar machorra, joto, lesbiana, jodido, pendejo, muerto de hambre o mierda. No se le puede llamar porque no tiene sentido: es un nadie, nada. Dijo “Perrita de Trump” y nadie puede responderle con alguno de los escupitajos habituales y eso, “Perrita de Trump”, ya sumó horas, días como tendencia en la red que le gusta tanto a los más sucios; la red que creen dominar porque tienen el dinero y el dinero, para gente como ellos, está por encima de la razón, el buen gusto y la verdad.

Es curioso cómo la cultura del odio, de las ofensas, de los apodos y los ataques personalizados; la cultura del abuso, del escupir en el rostro del que no puede defenderse se revierte en un tris.

Alguien con la fuerza de una mariposa aleteó y provocó un huracán. “¡Perrita de Trump!”, gritó a las afueras del Estadio Azteca, el día de la inauguración del Mundial de Futbol. Y ahora, “Perrita de Trump” es el segundo nombre de alguien ni tan poderoso, porque, ahora se da cuenta, no tiene control sobre el aleteo de una simple mariposa.

Ni la CIA se lo habría esperado.

SinEmbargo

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