Por Hiroshi Takahashi
La deuda con proveedores que tiene Petróleos Mexicanos, que al cierre del primer trimestre de 2026 ascendía a 375 mil 120 millones de pesos, se ha convertido en uno de los principales indicadores de la fragilidad financiera del Estado mexicano. Sin embargo, hay otra deuda que crece con menor exposición mediática, pero con consecuencias igual de delicadas: la del IMSS-Bienestar.
La dependencia dirigida por Alejandro Svarch acumula pasivos con proveedores de medicamentos y de servicios integrados de 112 mil millones de pesos, una cifra que se encamina a lo que pasa en Pemex y que comienza a reproducir el patrón de retrasar sistemáticamente los pagos como mecanismo para contener presiones presupuestales.
Pero entre estas dos deudas hay una gran diferencia. Pemex debe a empresas petroleras, constructoras, transportistas y prestadores de servicios especializados, pero el IMSS-Bienestar mantiene compromisos con compañías que sostienen la operación cotidiana del sistema nacional de salud.
Entre estos se encuentran grandes distribuidores y fabricantes de medicamentos, pero también están los proveedores de servicios integrados, es decir, los que se encargan de los laboratorios clínicos, empresas de hemodiálisis, bancos de sangre, servicios de anestesia, imagenología, radioterapia, nutrición parenteral, mantenimiento de equipo médico, lavandería hospitalaria, esterilización, oxígeno medicinal y otros esquemas que suministran insumos pero también personal técnico, mantenimiento, consumibles y operación especializada.
No se trata únicamente de medicamentos que pueden ser surtidos semanas después, lo que de por sí es ya un escándalo, son proveedores encargados de tratamientos oncológicos, diálisis, estudios de laboratorio o cirugías que, de no hacerse, pueden costar la vida de los pacientes.
En 2025, el director general de la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica, Rafael Gual Cosío, advirtió que los adeudos del IMSS-Bienestar complicaban la operación de los proveedores, mientras que la Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica insistió en que saldar los pasivos era indispensable para garantizar el suministro de medicamentos. Incluso Patrick Devlyn, presidente de la Comisión de Salud del Consejo Coordinador Empresarial, sostuvo que resolver esas cuentas permitiría resolver hasta 70 por ciento del desabasto nacional.
Por esto, no es una casualidad que se hable de una deuda a punto de colapsar. La paradoja aparece cuando la presidenta Claudia Sheinbaum insiste al sector privado que mantenga la confianza, amplíe inversiones y apueste por México como destino de largo plazo (el ejemplo de Toyota dice mucho de la situación de las extranjeras en este momento).
En el marco del proceso de revisión del Tratado Comercial con Estados Unidos y Canadá, que será cada año porque Estados Unidos rechazó renovarlo hasta 2042, la mandataria pidió a las empresas de Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación seguir trabajando en conjunto con el Plan México y cuidar las inversiones.
Pero la confianza no se construye sólo con llamados públicos. Depende de la certeza jurídica, del cumplimiento de contratos y de los pagos, y cuando el mismo Estado no cumple con esto, el mensaje a los inversionistas es muy distinto al que se pronuncia. Otra cosa, los inversionistas y los mexicanos no son tan ingenuos, cuiden sus mensajes.





