Por Hiroshi Takahashi
A la par del Mundial de Futbol de la FIFA, del proceso de renegociación del T-MEC y de las pesquisas que Estados Unidos ha iniciado contra funcionarios mexicanos, otro reto de alto calibre que se presentará para el gobierno mexicano en el segundo semestre del año será la mega compra bianual de fármacos, aquella con la que se espera remediar de una vez por todas el ya permanente desabasto en el sistema de salud.
La Secretaría de Salud, de David Kershenobich, y los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México —mejor conocidos como Birmex—, de Carlos Ulloa, planean ejercer un presupuesto de 400 mil millones de pesos para adquirir todos los suministros que requieren los institutos y dependencias del sector en el período 2027-2028. La meta es comprar seis mil millones de piezas de medicamentos genéricos y de patente.
La historia reciente habla de sendos fracasos con el modelo de compra aplicado, en el que se otorgan contratos a las farmacéuticas que ofrecen mejor precio sin verificar que el producto esté en disponibilidad o que el proveedor asignado tenga la capacidad de distribuirlo a los diferentes puntos de entrega. Se calcula por ejemplo que, de los acuerdos de compra que se han cerrado en años anteriores, cerca de la mitad no llega a ser objeto de abasto.
A los problemas técnicos habrá que sumarle también el factor de la corrupción, tan imperante que la propia Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, de Raquel Buenrostro, ya echó para atrás el primer ejercicio de compra de este gobierno, por irregularidades insalvables relacionadas con los precios a los que se adquirieron los fármacos, generando un daño importante al erario.
Justo por esos señalamientos de irregularidades y corrupción, la presidenta Claudia Sheinbaum envió a mediados del año pasado a Carlos Ulloa a encabezar Birmex, uno de sus hombres de mayor confianza. El reto era poner orden en un sistema y operación de compra que diseñó un inexperto Eduardo Clark como subsecretario de Salud, quien no tenía antecedentes o conocimiento alguno del sector sanitario.
Pero las cosas con Ulloa Pérez, según las versiones que llegan a este reportero, no han cambiado del todo. Nos cuentan que el director de Birmex presuntamente se encuentra ofreciendo un apartado de claves a los laboratorios que se acerquen de manera previa para hacer “acuerdos”. Estos acercamientos los opera a través de su hermano Emilio Ulloa, otro reconocido político de Morena.
Tal vez esta es la razón por la que Carlos Ulloa decidió rechazar la oferta que Sheinbaum le hizo para sustituir a Rafael Marín Mollinedo en la Agencia Nacional de Aduanas México y mandó por delante a esa posición a Héctor Alonso Romero Gutiérrez; éste un perfil más cercano al titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, José Antonio Peña Merino.
Es claro que muchos preferirían quedarse a repartir en Birmex una bolsa de casi medio billón de pesos.





