El Espectador | El T-MEC zombi

junio 22, 2026
minutos de lectura

Por Hiroshi Takahashi

Cuando Ian Bremmer publica su lista anual de riesgos globales, los gobiernos, inversionistas y corporaciones suelen prestarle atención. No porque sus pronósticos siempre se cumplan, sino porque Eurasia Group se ha convertido en una de las consultoras geopolíticas más influyentes del mundo. Fundada en 1998, asesora a fondos de inversión, empresas multinacionales y gobiernos sobre riesgos políticos capaces de alterar mercados, inversiones y relaciones internacionales. Su informe Top Risks 2026 coloca al llamado Zombi USMCA entre los diez principales riesgos del planeta, junto a la revolución política de Donald Trump, el ascenso tecnológico de China y la creciente presión de Washington sobre América Latina.

La hipótesis es simple, pero inquietante. El T-MEC no desaparecerá porque resulta demasiado importante para las tres economías norteamericanas. Estados Unidos necesita las cadenas manufactureras mexicanas; México depende de un mercado que absorbe más del 80 por ciento de sus exportaciones; y Canadá tampoco tiene una alternativa real. Sin embargo, la permanencia formal del acuerdo no significa estabilidad. Lo que está muriendo es la confianza de que las reglas serán respetadas.

El propio reporte describe un mundo donde Estados Unidos se vuelve cada vez más impredecible. Bremmer sostiene que la principal fuente de riesgo global ya no es China, Rusia o Medio Oriente, sino la propia transformación política estadounidense bajo Donald Trump. La Casa Blanca utiliza aranceles, sanciones y presiones económicas como herramientas de política exterior, muchas veces al margen de los mecanismos tradicionales de negociación.

México aparece varias veces en el documento. No sólo por el comercio. También por la llamada “Doctrina Donroe”, una reinterpretación trumpista de la Doctrina Monroe que busca reafirmar la influencia estadounidense en el continente mediante presiones comerciales, migratorias y de seguridad. Eurasia reconoce que la relación entre Donald Trump y Claudia Sheinbaum ha evitado una confrontación abierta, pero advierte que el equilibrio depende de que Washington siga considerando útil la cooperación mexicana.

Ahí está el verdadero problema. Durante tres décadas, México construyó su estrategia económica alrededor de una integración cada vez más profunda con Estados Unidos. El TLCAN primero y el T-MEC después funcionaron como una especie de seguro contra la incertidumbre política. Las empresas invertían porque asumían que existía un marco estable. Hoy ese supuesto comienza a erosionarse.

Paradójicamente, esto ocurre cuando México vive uno de sus mejores momentos manufactureros. El nearshoring, la rivalidad entre Estados Unidos y China y la necesidad de acercar las cadenas de suministro han fortalecido la posición mexicana. Nunca había sido tan evidente la importancia estratégica de las plantas instaladas en Monterrey, Ciudad Juárez, Tijuana, Saltillo o Querétaro. Pero nunca había sido tan claro tampoco que la política estadounidense puede alterar las reglas del juego de un día para otro.

Por eso el riesgo no es que el T-MEC desaparezca. El riesgo es que sobreviva convertido en una carcasa institucional cada vez más débil. Un acuerdo vigente en el papel, pero sujeto a amenazas constantes, excepciones temporales, disputas políticas y negociaciones paralelas. Un tratado que existe, pero cuya capacidad para generar certidumbre se reduce año tras año.

La revisión prevista para 2026 será la primera gran prueba. No sólo porque evaluará el funcionamiento del acuerdo, sino porque mostrará hasta dónde está dispuesto a llegar Washington para convertir el comercio en un instrumento de presión política. Para México, el desafío será demostrar que sigue siendo indispensable para la economía norteamericana sin quedar atrapado en las turbulencias de la política estadounidense.

El reporte de Eurasia Group deja una advertencia incómoda: el problema no es la muerte del T-MEC. El problema es que siga vivo, pero cada vez menos útil. Porque los inversionistas pueden adaptarse a reglas duras, incluso a malos acuerdos. Lo que difícilmente toleran es la incertidumbre. Y pocas cosas generan más incertidumbre que un tratado que nadie sabe si sigue vivo o ya comenzó a morir.

Eso tendrá que responder Marcelo Ebrard y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, muy pronto. Aunque todos estamos viendo que esto se cumple.

EL SOL DE MÉXICO

Edición Impresa

Lo último de

Spider-Noir

Por Luciano Campos Garza Spider-Noir (2026) Prime Video La serie tiene dos grandes fortalezas: su estilo de cine negro y Nicolas Cage.

Don't Miss