Por Hiroshi Takahashi
El costo institucional es al parecer demasiado alto, pero la Secretaría de Marina se sacudió finalmente el cáncer que le representaba el llamado “Clan de los Farías”, ese par de hermanos que se enquistaron como altos mandos en la Armada de México para promover al interior todo tipo de prácticas criminales, entre ellas el muy rentable negocio de importación ilegal de combustibles por los puertos marítimos mexicanos.
Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna crecieron en la institución naval a la sombra de su tío político, el Almirante Rafael Ojeda. No se tiene certeza si el otrora secretario de Estado conocía de sus fechorías, pero nos confirman que es verdad que en algún momento pidió a su amigo, el Fiscal Alejandro Gertz, que los mantuviera vigilados; si no exactamente hace dos años, por lo menos a principios de 2024.
Ojeda impulsó a Manuel Roberto hasta convertirlo en vicealmirante y a Fernando en contralmirante; les dio influencia y control en la estructura de la Marina y después, según comentan algunas fuentes internas, ya no fue posible controlarlos. Fue tanto el poder que acumularon los Farías que ya no requirieron de “padrinos”, y poco a poco se fueron también haciendo de poderosos y peligrosos socios.
No obstante, las historias que se contaban en el sexenio pasado sobre el “Clan de los Farías”, por muy escabrosas que fueran, nunca alcanzaron la magnitud de lo que hoy se conoce como una realidad, de relatarse casos de irregularidades en la asignación de contratos para beneficiar a sus empresas aliadas, ahora se exhibe que estos personajes presuntamente estaban involucrados hasta en el tráfico de drogas.
La situación era insostenible para un gobierno de Claudia Sheinbaum que, carente del discurso político de Andrés Manuel López Obrador, requiere de entregar a la sociedad resultados. Además de que es consciente de que la Marina es la institución del Estado Mexicano que genera mayor confianza (o generaba, después de este fuerte escándalo). Por ello el Almirante Raymundo Pedro Morales llegó al cargo de secretario con la consigna de eliminar la corrupción (como todos los de la 4T, y del PAN y del PRI).
Lo que se encontró la nueva cabeza de la Armada desde el principio de sus investigaciones es que los Farías habían estructurado ya al interior de la Semar un verdadero emporio criminal, con el potencial de involucrar cada vez a más integrantes por la alta rentabilidad que tenían sus negocios, y también por la peligrosidad de sus socios externos, algunos de ellos famosos criminales.
A pesar de todo la Marina, con la autorización de la presidenta Sheinbaum, llevó las indagatorias hasta el final, hasta integrar una sólida carpeta de hechos delictivos que entregó a la Fiscalía General de la República, donde por cierto el proceso contra los Farías, que supuestamente solicitó alguna vez el Almirante Ojeda, no iba muy avanzado. De hecho, nos aseguran que la carpeta que se filtró a los medios de parte del Ministerio Público no es la que se presentó ante el juez para obtener las órdenes de aprehensión, sino el análisis completo que hizo la propia Armada de México para entregar a sus elementos corruptos. Es un paso difícil y costoso para la institución supuestamente más confiable del país, pero, sin duda, alguien tenía que darlo.
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