Por Arturo Ortega Santillán
El 9 de septiembre de 1985 robaban los titulares de los diarios del mundo las sanciones económicas que Ronald Reagan imponía al gobierno racista de Sudáfrica; en Madrid se reportaban 16 guardias civiles heridos como resultado de un ataque con coche-bomba perpetrado por ETA; en Londres había una manifestación contra las sanciones de la Casa Blanca contra Pretoria, al tiempo que David Bowie y Mick Jagger colocaban Dancing in the Streets como el número uno en las listas musicales británicas.
Ese mismo día en Zadar, una pequeña ciudad de la extinta Yugoslavia ubicada al otro lado del Mar Adriático, nacía Luka Modrić. En un país que transitaba los obstáculos de la posguerra, los padres de Luka decidieron apoyar su desarrollo como futbolista, pese a las complicaciones económicas que esto significaba.
Luka heredó el nombre de su abuelo, quien murió en diciembre de 1991 junto con otros seis civiles ancianos a manos de milicianos serbios. Sus casas fueron quemadas después del ataque. La infancia de Modrić transcurrió en medio de otras familias de refugiados quienes habían sido desplazados durante la guerra de independencia de Croacia.
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En su autobiografía titulada Mi partido (Roca Editorial, 2019), escrita junto con Roberto Matteoni, Luka Modrić relató:
“Mi abuelo Luka murió acribillado por una metralleta, a quemarropa. Tenía 66 años. Se me parte el corazón cada vez que pienso en cómo murió, literalmente, en la puerta de su casa.
“Lo echo de menos y me habría hecho tremendamente feliz tener la oportunidad de compartir con él la alegría de mi éxito como jugador. Estoy seguro de que se habría sentido orgulloso… siempre que vuelvo a casa visito los lugares a los que iba con mi abuelo.
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“La casa de mi abuelo es ahora un montón de ruinas abandonadas donde crecen las malas hierbas. El cartel que dice ‘Peligro, minas’ es un escalofriante recuerdo de los sucesos que ocurrieron allí. La casa es del gobierno. En el lugar donde el 18 de diciembre de 1991 encontraron a mi abuelo Luka hay una pequeña lápida. La hizo mi padre. Siempre que voy a verla me acuerdo de lo lleno de vida que estaba mi abuelo y me vienen a la memoria las cosas que hacíamos juntos”.
Luka firmó en 2001 su primer contrato como profesional. Tenía 16 años. Dos años después debutó como profesional con el Dinamo de Zagreb, equipo con el que ganó tres ligas y dos copas de Croacia; fue nombrado como el mejor jugador de la competición en 2007.
En 2008 fue vendido al Tottenham Hotspur de la Liga Premier de Inglaterra, por 16.5 millones de libras. Fue, junto con el de Darren Bent, el fichaje más caro en la historia del club. Juande Ramos, técnico español que había insistido en su contratación, fue cesado ya comenzado el torneo al tiempo que Luka sufría de una lesión de rodilla, una situación que algunos medios de comunicación calificaban como consecuencia de ser un jugador “ligero” para un torneo como la Premier.
Harry Redknapp, su segundo entrenador en la era de Luka con los Spurs, subrayó la calidad de Modrić en los campos ingleses con estas palabras: “Luka es increíble, de otro planeta, está en otro nivel. Es un futbolista fantástico”.
Los clubes insignia de la Premier League como Chelsea y Manchester United no tardaron en mostrar interés por contratar al “ligero” futbolista croata con ofertas que llegaron a los 40 millones de libras. Sólo que Tottenham cerró todos los caminos y le negó a Modrić toda posibilidad de salir aún cuando era su deseo dejar el club.
En 2012 José Mourinho era el entrenador de un Real Madrid obsesionado con ganar su décima Copa de Europa. Como parte de su plan, el portugués quería la contratación de Luka, mismo que al saber del interés del club español se declaró en absoluta rebeldía ante los poseedores de su contrato en Inglaterra. Fue la única forma en la que logró cumplir su anhelo de jugar en un equipo de mayor alcance en Europa.
El 27 de agosto de 2012, con 27 años cumplidos, Luka Modrić se presentó como nuevo jugador del Real Madrid. Se unía a una plantilla dirigida por uno de los técnicos más cotizados de la década y en la que tendría que encontrar espacio para jugar junto a verdaderos “pesos pesados”, como Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Mesut Özil y Sergio Ramos, cada uno pilar del equipo y figura de sus países.
Al mismo tiempo, ese Madrid tenía como misión hacer frente a uno de los clubes más poderosos de la época: el Barcelona de Messi, Xavi, Iniesta, Busquets y compañía, que amenazaban con dominar Europa en tiempo y espacio.
Pocos meses después, la prensa en España etiquetó en primera plana a Modrić como “el peor fichaje de La Liga”.
Una vez más, el entorno en el que se involucraba el hasta entonces poco conocido jugador nacido en Zadar era absolutamente adverso. Sólo un par de años más le tomaron a Modrić para comenzar a erguirse como el jugador con más títulos en la historia del Real Madrid.
El 24 de mayo de 2014, un centro de Luka Modriç en un tiro de esquina, culminó con el histórico remate de Sergio Ramos que significó a posteriori la conquista de la décima Copa de Europa para el Real Madrid.
Desde entonces, este exquisito creador de futbol ha sido un ejemplo para toda una generación de jugadores y un referente para la afición de todo el mundo. Un motor dentro del campo, un revolucionario futbolista capaz de entender la velocidad a la que se juega el futbol moderno y poner todo su talento al servicio de su equipo. Lleno de imaginación, creatividad y siempre dispuesto al sacrificio físico en cualquier parte de la cancha.
En tiempos de dominio portugués y argentino, únicamente el croata se instauró como el mejor jugador del mundo indiscutible en 2018, cuando la selección de Croacia consiguió llegar a la final del Mundial en Rusia. El mismo año en que alcanzó una de las cumbres más altas de su carrera. Luka fue ganador del Balón de Oro, del premio The Best, del mejor jugador del Mundial además de ser campeón de Europa con el Real Madrid por cuarta ocasión (tercera consecutiva).
Otro 24 de mayo, pero de 2025, Luka Modriç se despidió del Real Madrid. Después de 13 años se fue con seis Champions League y 22 títulos más. Nadie en la historia del club logró tanto (nadie en la historia del futbol, de hecho).
En su último partido de liga también se despidió el entrenador con más trofeos conseguidos en el club: el italiano Carlo Ancelotti. “Nadie puede olvidar el pase de Modriç a Rodrigo contra el City (en 2022)”, dijo Carletto entre lágrimas en su discurso de despedida.
“He ganado muchos trofeos aquí pero el más grande que he ganado es todo el cariño que ustedes me han dado… No llores porque terminó, sonríe porque sucedió”, fueron las frases con las que se despidió Luka del Estadio Santiago Bernabéu.
Futbolista humilde, alejado de los escándalos, cabal cumplidor de su papel en el terreno de juego, sin los patrocinios estratosféricos ni campañas mediáticas descomunales, Luka Modrić es autor de memorables pinceladas que, por fortuna, la inagotable videoteca de nuestros tiempos tiene en su registro. Todas las virtudes de este magnífico futbolista croata han quedado para ejemplo de muchas generaciones.
Luka ya es una leyenda del deporte, un ícono que dejó huella y que fue respetado por todos los lugares por donde pasó.
En tiempos de sobreinformación, saturación, eterna polarización y pasiones malentendidas, la figura de Luka Modrić y su extraordinario legado son, a mi entender, la esperanza de devolvernos el amor al juego y un poco más.
La historia del futbol es otra gracias a Luka Modrić.
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