Ellas toman el control y se apoderan de la noche

Entre el techo y el perro subversivo, figuras como Liquid Blue, Mamisonga e Ivonne están conquistando una escena.
marzo 13, 2026
minutos de lectura

Por Ana Castañuela

En una industria en la que los ‘lineups’ suelen ser una lista interminable de nombres masculinos, una nueva generación de mujeres DJs ha decidido dejar de ser espectadora para tomar el control de la música.

Entre el techo y el perro subversivo, figuras como Liquid Blue, Mamisonga e Ivonne están conquistando una escena que suele cuestionar su talento y capacidad por el simple hecho de ser mujeres.

Para ellas, la tornamesa no solo es una herramienta de trabajo, sino un espacio conquistado a base de técnica, oído y una resistencia inquebrantable.

El primer beat

Andrea González, ‘Liquid Blue’, de 22 años, creció entre melodías y bailes, pues su familia es ‘muy musical’, sin embargo, nunca proyectó la música como un oficio.

Su curiosidad despertó en ‘Local Bar’, un bar ubicado en el centro de Saltillo, en donde trabajaba como encargada de limpieza, observaba con fascinación las manos de los DJs mientras mezclaban la música.

“Yo tal cual trabajaba ahí limpiando y recogiendo, mi chamba era esa, mantener el lugar limpio”, recuerda.

“Me fascinaba mucho ver desde afuera como podían intercambiar canciones o mezclarlas entre sí y que eso se viera tan sencillo. Considero que tengo un oído muy desarrollado con la música, y cuando alguien toca bien yo lo siento y me hace disfrutar mucho, entonces pensé: “yo podría hacerle sentir esto a las a las demás personas”, comparte.

Impulsada por sus compañeros, Andrea empezó a practicar con la tornamesa de un amigo durante su tiempo libre en el trabajo. Nadie le enseñó, su aprendizaje fue por instinto y observación.

“Soy muy buena aprendiendo visualmente, entonces yo estudiaba mucho a los DJs que veía todos los fines en el Local. Me quedaba religiosamente viendo qué tanto hacían para yo tratar de imitarlo a mi manera, pero con mi controladora, en mi casa, con mi música”, explica.

En contraste el camino de Alba Iris, “Mamisonga”, de 21 años, estuvo marcado por una red de apoyo femenina.

Su carrera como DJ inició cuando tenía 18, en espacios como ‘Casa floral’ y el colectivo de mujeres “Satas”, donde perfeccionó su dominio de géneros urbanos como el reggaetón.

“Todo fue muy orgánico. Empezó en grupos de amigas y luego se fue haciendo todo más formal (…), aquí en Saltillo hay una chica que se llama Neru y ella fue la que me inspiró mucho y también me apoyó mucho”, recuerda Mamisonga.

A sus 23 años, Ivon Guajardo, conocida en la escena musical como “Ivonne”, se ha consolidado como una de las DJs predilectas del público local. Empezó a involucrarse con la música gracias al entorno creativo en el que desarrolló su adolescencia, rodeada de ritmo, cine, moda y amigos artistas.

“Me empezó a llamar la atención porque me gusta mucho la música. No me considero una persona que sea buena ejecutando arte como dibujo o artes plásticas, pero me gusta el baile, el cine, la moda, entonces yo creo que a partir de ahí empecé a involucrarme más”, platica.

Abrirse espacio en la pista

A pesar de su talento, abrirse espacio en la escena musical saltillense es todo un reto para las artistas, pues constantemente luchan contra los prejuicios y estereotipos en un entorno en donde las oportunidades suelen favorecer a los hombres.

Mamisonga asegura que sus habilidades han sido cuestionadas por el simple hecho de ser mujer.

“Todavía hay muchos estigmas por ser mujer. A veces me ha tocado escuchar: ‘ay, es que no vas a tocar bien’ o ‘es que él tiene más tiempo y él es hombre’. Siempre he visto mucho esa diferencia del lugar y cómo se le cierran las puertas a una mujer solo por su género”, asevera.

A pesar de lo que ella describe como una “mafia” de espacios que priorizan a los hombres, la joven DJ ha logrado apropiarse de la escena y demostrado que el talento no tiene género.

“Yo creo que hay como un tipo de mafia en Saltillo de todos estos hombres que quieren todo para ellos y los lugares les abren las puertas solo a ellos. Ha sido todo un reto apropiarse de la escena y traer a más morras, ahorita hay pocas mujeres DJs en la ciudad”, señala.

Incluso, relata un episodio de “sabotaje técnico” que refleja esta disparidad.

Durante el cierre de un evento, relata Alba, el equipo del bar en el que estaba tocando comenzó a fallar, e incluso sintió ‘toques’ eléctricos. Sin embargo, la respuesta del DJ residente no fue de apoyo, sino de crítica.

“Cuando voy al bar, el equipo con el que estaba tocando me estaba dando toques, entonces la memoria ya no me la empezó a leer, y el residente de este bar, que era un hombre, me dijo que era yo”, recuerda.

“Yo vi como el chavo le estaba hasta echando aire a los discos y todo porque no funcionaban. Me quitó de ahí, me dijo ‘no, ¿sabes qué? pues yo voy a cerrar y tú no’. Me enojé, dije, ‘neta, ¿a mí me está pasando esto?’”, comparte.

Para Liquid Blue el reto principal es la cosificación. Asegura que en muchas ocasiones el público e inclusos sus colegas las catalogan como “un objeto” o “rostro bonito” y ponen en duda sus capacidades.

“A veces creen que tú eres como un producto. Mucha gente piensa que por estar bonita y arreglarme, creo que ese es mi fuerte y que por eso me contratan, o que por eso les gusta, y realmente no”, señala.

“Yo siento que genuinamente conecto con las personas, conecto con la música que pongo y nunca he sentido que me tengo que esforzar el doble porque todo esto lo hago desde el disfrute”, explica.

Liquid Blue también advierte que el machismo persiste en estos espacios.

“Existe este machismo de decir ‘no, es que es morra’, o ‘es la morra DJ’, y es como ‘no, no soy la morra DJ, simplemente soy el DJ y ya’”, subraya.

En contraste, la llegada de Ivonne a la escena musical no ha tenido complicaciones, sin embrago, la joven acepta que para otras mujeres aún representa un reto involucrarse en este medio.

Señala que la hostilidad aumenta según el género musical. Mientras que hay más apertura para que las mujeres toquen reggaetón, la electrónica es considerada por los demás como un terreno “difícil” para ellas.

“Cuando las DJs quieren tirarles a otros géneros a parte del reggaetón, como la música electrónica, es un poco más difícil por la manera en que los bookers (quienes se encargan de gestionar las presentaciones de los artistas) están involucrados. Ahí se reciben un poco más de comentarios de odio o de percepciones negativas, ya sea porque son mamás o porque son muy jóvenes, por su físico, etcétera”, señala Ivon.

“Afortunadamente a mí no me ha tocado”, asegura.

El escenario como trinchera

El acoso es la sombra constante del trabajo de las DJs. Lo que para sus colegas varones es una jornada laboral normal, para ellas es un ejercicio de vigilancia constante y de alerta.

Durante su estancia en el escenario, las artistas deben atenerse a condiciones y exigencias a las que sus colegas varones rara vez se enfrentan.

Mamisonga confiesa haber normalizado el tener que ir al baño acompañada o mantenerse estrictamente arriba del escenario para evitar acercamientos físicos no deseados.

“Siempre pasa y es muy normal. Es muy triste que yo lo esté normalizando, pero siempre trato de mantenerme arriba del escenario o ir al baño con alguna amiga o con algún amigo que me acompañe, porque siempre suceden estos acercamientos físicos”, expone Mamisonga.

Ivonne destaca la falta de respeto al espacio personal y la exigencia de canciones por parte del público.

“Te das cuenta de cuando un grupo de chicos te ven y tienen esa libertad tal vez de exigirte una canción. Además, sienten la libertad de acercarse demasiado a ti cuando estás tocando, de invadir el espacio personal. Creo que aún no se ha mostrado tanto respeto a comparación de cuando un chico está tocando”, advierte Ivonne.

Incluso para ellas, la “camaradería” masculina suele tener un precio. Liquid Blue señala que algunos colegas condicionan su ayuda técnica a cambio de su numero telefónico o una cita.

“Hay situaciones en las que a veces hombres DJs que están ahí te dicen: ‘sí te ayudo, pero me pasas tu número’, o ‘sí te ayudo, pero vamos a cenar’. Entonces piensan que no puede haber esa camaradería de decir ‘te ayudo porque sí, porque me gustaría que te vaya bien’”, señala.

“Creo que son espacios que están liderados por hombres, entonces desde antes de entrar a todo este mundo tú ya sabes que probablemente sea un territorio hostil y que probablemente haya mucho acoso. Una como mujer lo sabe desde antes”, insiste Liquid Blue.

Un futuro de espacios seguros

Pese a que han logrado encontrar su lugar en la escena musical, las tres artistas señalan que hacen falta más espacios de mujeres para mujeres.

“A mí sí me gustaría bastante que hubiera más espacios de mujeres para mujeres en donde pudieran no solo tocar con libertad, sino también que fueran valoradas por su trabajo”, expresa Liquid Blue.

“Los espacios son pocos. Me encantaría que se volvieran a abrir los que ya estaban y se abrieran otros más para seguir aprendiendo, para tener más horarios y que siempre haya al menos una mujer en un line up, y si no que esté en la organización de eventos en general”, propone Ivonne.

Por su parte, Mamisonga invita a más mujeres a arriesgarse, a atreverse a hacer lo que les gusta y tocar puertas.

“Si les llama la atención la música, anímense, siempre hay personas que están dispuestas a ayudarles. Ahorita la escena de DJs está creciendo mucho y estaría muy chido que se unieran más mujeres de Saltillo, entonces las invito mucho a que se arriesguen, a que toquen puertas. Siempre van a tener el no y no hay por qué no buscar el sí”, expresó.

TE RECOMENDAMOS LEER:

Edición Impresa

Lo último de

Don't Miss