Natalia Riazanova, la mujer que dirige con el alma

marzo 11, 2026
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Por Kristel Reyes

Saltillo, Coahuila. – Desde Moscú hasta Saltillo la música para Natalia Riazanova no es solo una profesión, también representa una manera de existir. Violinista, fundadora y directora de la de la Orquesta Metropolitana de Saltillo (OMSA) ha aprendido que los galardones no definen a un músico, si no, lo que sucede cuando se levanta la batuta y logra que el público sienta que “la vida es bella”.

La primera memoria: un acetato

Sus primeros acercamientos con la música, menciona que fueron en su casa donde siempre había música, cuenta que su mamá colocaba discos de acetato sobre el tocadiscos mientras hacía las tareas del hogar, durante ese tiempo Natalia escuchó por primera vez El Cascanueces, El lago de los Cisnes de Chaikovski, así como las obras de Rajmáninov, Mozart y Joseph Haydn.

“Mis papás, sobre todo mi mamá siempre ponía discos, siempre oía música, hasta para trabajar o para hacer quehaceres de la casa, siempre ponía algún disco de acetato. Entonces ahí es donde yo conocí por primera vez al Cascanueces de Chaikovski, Lago de los cisnes, la Bella Durmiente, las obras de Rajmáninov, de Mozart de Haydn. Entonces mi acercamiento fue a muy temprana edad, lo que se llama ahorita estimulación temprana” recuerda con emoción.

También cuenta que cuando tenía dos años y medio comenzó a asistir a funciones infantiles de teatro, ópera y ballet donde los colores, la escenografía, movimientos e historia quedaron grabados en su memoria para siempre.

“De algunas producciones todavía tengo recuerdos, incluso de lo que te impacta visualmente. Cualquier niño entiende ese lenguaje, ese era ya un segundo acercamiento con más experiencia, más vivido sin tanto imaginar ya percibir imágenes y el movimiento dramático, la ópera y el ballet” cuenta.

A los cinco años comenzó sus estudios formales en la Escuela Especial para Niños Dotados Gnessin en Moscú, ahí menciona que aparte de la formación académica normal de cualquier escuela a todos los niños les asignaban un instrumento para estudiar y para Natalia su primera opción era estudiar piano, pero un maestro le dijo que por la estructura y tamaño de sus manos no sería posible.

“Yo quería piano, pero como tengo mano chica, no estaba dentro de mis posibilidades. En el programa, el piano era obligatorio a partir de los siete años, y me ofrecieron violín como una opción, porque tengo brazo largo y  mano ancha y eso es lo que se requiere para producir muy buen sonido” afirma.

La escuela rusa

Natalia vivió la época dorada musical de la entonces Unión Soviética, en donde fue formada por figuras como Víktor Tretiakov, Pyotr Klimov, Vladímir Spivakov y su maestro de violín Jascha Heifertz, personajes con quienes además llego a recorrer el país compartiendo escenarios con la orquesta universitaria.

“Tuve realmente el privilegio de tener a los grandes de los grandes Tretiakov, Klimov, Spivakov quien era muy joven comparado con otros dinosaurios con los que estudiábamos nosotros. Entonces, era la época dorada de Unión Soviética, a mí me tocó vivir todo eso, aún estaba Rostropóvich en su apogeo. Muchos nombres que para ustedes ya es historia, a mí me tocó vivir con ellos, convivir y tocar en los mismos escenarios” comenta.

Aunque su experiencia con la música de cámara realmente comenzó cuando cumplió 12 años como parte de la orquesta de su escuela, con el paso del tiempo comenzó a trabajar en el Teatro de Ópera y Ballet Stanislavsky Nemirovich – Danchenko; después a los 17 años mientras seguía con sus estudios, Natalia fue aceptada en la orquesta sinfónica de Radio y Tv, con la posición en quinto atril de segundos violines.

Después de seis meses y cinco audiciones se convirtió en el concertino mujer más joven de una orquesta sinfónica de 113 integrantes mayoritariamente hombres de la entonces Unión Soviética por casi 10 años.

“Fui una muy buena violinista y cuando empecé a trabajar en la orquesta sinfónica de Radio y TV, me aceptaron en quinto atril de segundos violines. Y en seis meses con cinco audiciones me convertí en la concertino más joven de Unión Soviética y aparte mujer, obviamente me tuve que ajustar al puesto porque era muy demandante” recuerda.

Llegar a México sin saber español

En 1994 Rogelio Montemayor, junto con las esposas de algunos empresarios de Torreón querían formar la Camerata de Coahuila con un buen nivel profesional, sin embargo, Natalia señala que no tenían un buen concertino, fue entonces que el ex director artístico Ramón Chade envió a una persona a Moscú para buscarla e invitarla a formar parte de la orquesta sinfónica de Torreón.

“En  Moscú, hicieron un concurso entre concertinos de las 24 orquestas que había en aquel entonces y Ramón me eligió a mí para que concursara y me viniera a trabajar de concertino a la camerata de Coahuila. Llegué sin saber ni sí ni no, como perrito moviendo la cola y pelando los ojos” cuenta entre risas.

Al poco tiempo de llegar a Coahuila cuenta que aprendió el idioma de manera rápida ya que en la vida de un musico la comunicación es esencial y después de siete meses como concertino fue seleccionada para ser subdirectora artística de la camerata.

Una de las razones principales por las que Natalia decidió quedarse en el norte del país fue porque “encontró mucho que hacer”. Para ella Coahuila es un estado muy interesante.

“Encontré mucho por hacer, me gustó Coahuila porque es un estado muy luchón, muy directo, la gente es directa, eso es lo que me gustó porque nosotros en Moscú nos gusta hablar con franqueza y aquí encontré eso” menciona.

Afirma que a pesar de que su lugar de nacimiento es Rusia, ella se considera latina.

Ser mujer en el podio

A Natalia Riazanova no le gusta hablar del género, sin embargo, menciona que ser mujer en el podio históricamente ha sido más complicado, dice que una de las cosas que se repetían constantemente en las orquestas del siglo XX en Alemania era que no aceptaban mujeres a pesar de haber pasado la audición y les negaban el puesto al momento de darse cuenta que era una mujer la ganadora.

“Había muchos casos de que tras la cortina ganaban y cuando veían que era mujer le decían que no podía entra a la orquesta. En mi caso sí hubo varios comentarios en ex Unión Soviética sobre todo en lo profesional pero nunca les hice caso” explica.

A pesar de esta limitación Natalia Riazanova cuenta que tuvo un referente que rompió ese molde desde adentro del sistema soviético: Veronika Dudárova.

Dudárova fue una figura histórica que en la época de los 90´s se convirtió en la primera mujer en dirigir de manera permanente una orquesta sinfónica en la Unión Soviética y durante años permaneció al frente de la Orquesta Sinfónica Estatal de Moscú, Veronika también era conocida en México ya que en distintas ocasiones dirigió la Sinfónica y la Orquesta Nacional.

Riazanova tuvo la oportunidad de trabajar junto a ella durante dos años y medio antes de llegar a México,  ante esto relata que más que clases formales (por que Dudárova casi no enseñaba por falta de tiempo) fue su tutora desde el escenario en donde Natalia la observaba dirigir y absorbía cada gesto y manera de expresión, al mismo tiempo recuerda que al dirigir con tan solo tres frases “te podía deshacer” por completo.

“Después de trabajar en radio y tv, yo tuve la suerte de trabajar todavía 2 años y medio antes de venir a México, con Veronika Dudárova. En Rusia ella tuvo que hacer cinco orquestas de cero y todas se las quitaban, se las quedaba alguien más y tenía que hacer otra y otra…

Entonces a mi me toco ya su última orquesta de trabajo con ella, lo que fue una gran experiencia, ya que el entendimiento era mutuo. Cada gesto yo lo absorbía por que veía que era lo que ella lograba sin decir ni una palabra. Cuando ya paraba la orquesta y decía las indicaciones la transformación era increíble. Podríamos decir una transformación mágica”

Aquella experiencia fue, en sus palabras, “un masterclass permanente” y la confirmación de que una mujer podía sostener el podio con autoridad en un entorno profundamente masculino.

Riazanova afirma que en los últimos años en el estado ha percibido una mayor apertura en cuanto a la inclusión de las mujeres en la música, ante esto considera que las mujeres en el podio tienen una faceta distintiva, similar al rol de una madre en el hogar que “lleva la batuta”.

“Hablando de las mujeres en el pódium yo creo que esa es nuestra faceta distintiva como en la vida, como la mama en la casa es la que lleva la batuta, quieran o no quieran, pero la batuta la lleva la mamá por que dice qué se come, a dónde se va, decide la educación de los hijos. Porque la mujer siempre es cuidadora, podríamos decir, nosotros preservamos las cosas” dice.

Ante esto Natalia insiste en la importancia de tener referentes femeninos visibles dentro de las orquestas, ya que afirma que es crucial que las nuevas generaciones, especialmente las niñas, vean a mujeres en el podio o como instrumentistas, para que sepan que es posible y que hay un lugar para ellas en la música.

“Entonces, si llevas a tu niña al concierto y la niña ve a una mujer en el pódium y varias mujeres instrumentistas y una mujer en solista. Ella dirá “Quiero” Eso es lo que nos falta todavía, esa educación a fondo para que las próximas generaciones sepan que sí es posible, que sí es lugar para nosotras y que sí podemos ser muy buenas, que sí podemos transmitir algo y sí podemos vivir de eso” dice con entusiasmo.

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