Por Valeria Cämun
La interrupción legal del embarazo es un derecho por el que se lucha, pero que se espera no ejercer.
Es el reconocimiento a la dignidad y libertad de las mujeres, y aunque parece algo básico, todavía hay muchas voces que las violentan por decidir sobre su propio cuerpo.
Hace cuatro años la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), con el ministro Arturo Zaldívar como presidente, dictó tres fallos fundamentales en la lucha por los derechos reproductivos y sexuales: reconoció el derecho a la interrupción del embarazo, estableció que el Estado no puede equiparar al embrión con un feto o con una persona, y precisó las condiciones para que la objeción de conciencia se ejerza sin atropellar los derechos de los pacientes.
“El delito del aborto reduce a la mujer a un instrumento de reproducción, orilla a una clandestinidad mortífera y termina por castigar la pobreza, pues son las mujeres pobres las únicas que en realidad son perseguidas y procesadas por este delito”, afirmó Arturo Zaldívar en septiembre de 2021, cuando el Tribunal Constitucional se pronunció a favor de que las mujeres decidan sobre su cuerpo y su vida, sin el estigma de la criminalización.
El hecho fue histórico: una conquista de los derechos humanos. Sin embargo, hoy los colectivos feministas temen que todo se haya quedado en el olvido, pues no basta reconocer un derecho humano, sino que es necesario garantizar las condiciones efectivas para su ejercicio.
“Decidí y no me arrepiento”
Teresa Meza es activista por los derechos reproductivos de las mujeres y las personas gestantes, e integrante de Aborto Libre Saltillo, colectivo que ya prepara actividades rumbo al 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Accesible.
“No se hace conciencia sobre ‘puedes abortar’, sino sobre ‘puedes decidir’”, afirma. “Mujeres que deciden seguir estudiando, que viven violencia, que no tienen economía suficiente, que no tienen un espacio seguro: la cuestión no es el aborto, es el derecho a decidir de manera libre”.
Como acompañanta de aborto, Teresa sabe que la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) no se cumple como debería, y que en el Hospital General y en la Clínica Morelos, en Saltillo, y en otras ciudades del estado, el servicio es intermitente debido a la constante falta de recursos.
“Las he llevado al Hospital General y hemos tenido esa negativa por parte del personal médico: ahorita no está abierto el programa, no podemos hacer nada; y al final, la persona recurre al medicamento”.
Aunque el misoprostol y otras pastillas son la opción más viable para la mayoría de las mujeres que buscan interrumpir el embarazo antes de las 12 semanas, hay quienes prefieren acudir a una clínica, y es cuando se topan con negativas e, invariablemente, con juicios morales.
“Tenía 40 años y embarazarme no estaba en mis planes; tengo un hijo de 15 años y una de 13; no me operé por desidia, quizá por miedo”, relata Susana, “comencé a salir con alguien, nada formal, nos cuidábamos con preservativos, pero un día se lo quitó a la mitad del acto, me lo dijo hasta después, y aunque tomé la pastilla de emergencia quedé embarazada”.
El ginecólogo le confirmó que tenía ocho semanas de embarazo, y cuando Susana le dijo abiertamente que no quería tenerlo, el doctor se molestó, comenzó a hablarle de Dios, del milagro de la vida, de los riesgos médicos que enfrentaría con un aborto, y se negó a recetarle el medicamento.
“Yo no era feminista, en realidad el movimiento me era totalmente ajeno, pero me sentía muy sola, con miedo, con culpa. Me acerqué a ellas buscando asesoría y me encontré con una hermandad maravillosa. Me acompañaron y me sostuvieron todo el proceso. Lo hicieron sin juicios, con empatía, y me uní al movimiento”, cuenta.
“Yo decidí y no me arrepiento: crío a mis hijos, trabajo, aborté y no soy una mala persona”, añade.
El factor Trump
Teresa Meza afirma que, como sociedad, nos cuesta mucho abrazar contextos: nos cuesta reconocer que lo que nosotros vivimos en nuestros espacios, con nuestras opciones, no es lo único, que hay muchas mujeres con vidas distintas a las nuestras, pero sí hay una verdad: ninguna quiere embarazarse para abortar.
“En un mes he tenido entre 15 y 20 acompañamientos de aborto, sólo locales, porque también colaboro con redes transfronterizas que acompañan a población migrante”, explica. “Ellos canalizan a mujeres hispanohablantes y nosotras las acompañamos a distancia, sobre todo por el tema de Trump, las redadas y que Texas es un estado rojo”.
“Yo he visto que, si antes brindaba acompañamiento a una persona al mes en la frontera con Estados Unidos, ahorita hay, por lo menos, dos al día”, asegura.
Alberto Xicoténcatl Carrasco, director de la Casa del Migrante de Saltillo, coincide en que, ante la persecución y políticas públicas de Trump, mujeres migrantes residentes en Estados Unidos, y hasta las mismas norteamericanas, buscan alternativas en México para ejercer su derecho al ILE.
“Sí hemos encontrado una constante, y no sólo en temas de interrupción del embarazo, también en la comunidad LGBTIQ+, que son perseguidos por su orientación, por los discursos de odio que tiene el presidente, y que buscan refugio en Piedras Negras, Acuña, Ciudad Juárez, Tijuana, lo cual era impensable”, detalla Carrasco.
“Sí ha habido un incremento considerable de mujeres que no van a las clínicas allá por miedo a ser deportadas o que las metan a la cárcel, así que cruzan la frontera para realizar la interrupción y se regresan”.
Tras la derogación de Roe vs Wade, desde 2022 Texas prohibió de manera total el aborto, excepto en emergencias médicas; y la ley permite que cualquier ciudadano demande a quien practique o facilite un aborto ilegal, lo cual provocó el cierre masivo de clínicas.
“Como colectivas ya teníamos contemplado que más personas buscarían acompañamientos después de esta medida; sabíamos que iba a suceder, ¡pero no sabíamos que en esta magnitud!; honestamente, no lo imaginábamos”, afirma Teresa.
Mujeres que se cuidan y acompañan
“Conozco a más hombres que han decidido no ejercer su paternidad -o sea, han decidido deliberadamente abandonar a sus hijos-, que a mujeres que han abortado, pero a ellos ni el Estado ni la sociedad ni los vecinos les reclaman, eso no pasa”, expresa Verónica, feminista e integrante de varios colectivos.
Michis Aborteras, Las Cuidanderas, La Morra Abortera, Acompañantes Laguna, Red Aborto Seguro Saltillo y Necesito Abortar, son sólo algunos de los muchos grupos que se encuentran en redes sociales de Saltillo, de Coahuila y de todo el país: miles de mujeres que se cuidan, se acompañan, se escuchan, se apoyan y tejen redes sólidas que remiendan las carencias del Estado.
“Como acompañantas nuestro ideal sería que no tuviéramos que acompañar, que el Estado proporcionara los espacios adecuados para que las mujeres accedan a abortos dignamente, ejerciendo su derecho a decidir”, expresa Teresa Meza.
“Pero nosotras no sólo acompañamos interrupciones, también acompañamos partos, gestaciones deseadas, testimonios, porque eso es lo que buscamos: que cada ser humano que llegue a este mundo llegue con la plena y firme idea de que fue deseado, y que va a tener la mejor calidad de vida que le puedan dar”.
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