Por Kristel Reyes
Saltillo, Coahuila. – Dentro de la academia Delta Fighting ubicada en la colonia Virreyes Residencial, se encuentra el tatami de color negro y sobre él aparece Karina Alejandra del Valle Villarreal de siete años que camina descalza sobre la lona y se prepara para pararse de manos con la ayuda de la pared. Detrás de ella está Alejandro del Valle, su papá quien la observa desde lejos y permanece atento a cada uno de sus movimientos.
En la academia, nadie le habla por su nombre completo, todos le llaman “Bodoque”, cuenta su papá que el apodo no nació en la academia, si no en el hospital.
“Bodoque fue un apodo que yo le puse desde pequeña porque cuando nació era la más grande de todos los bebés, cuando ella nació, nacieron 11 o 12 niños y era la más grande de todas y pues se le quedo ya” dice entre risas su papá.
Contrario a esto, Bodoque ahora es la más pequeña de la academia y de su grupo en donde hay niñas y niños de entre 8 y 9 años que practican Jiu-jitsu Brasileño.
La niña que entró sin permiso
Durante sus primeros años de vida Alejandra acompañaba a su papá a dar clases a niños y mientras esto sucedía, Bodoque lo miraba de lejos sentada en una banca. Con el tiempo y cuando apenas podía sostenerse en pie, Alejandro cuenta que ella imitaba desde el suelo cada uno de sus movimientos.
“Yo la veía que hacía todo. El calentamiento, girar caderas … todo lo hacía ahí afuera” dijo él.
“Porque mi papi lo hacía y pues a mí me empezó a gustar verlo todos los días y también me gustó mucho cómo hacían los movimientos, las marometas, y pues a mí me empezó a gustar” recuerda Alejandra de sus inicios.
El tiempo pasó y en cuanto Bodoque cumplió cuatro años su papá le dio permiso de comenzar a practicar Jiu-Jitsu y a pesar de que no existía una categoría específica para niñas de su edad, peso o estatura dentro de la academia ella creó su propio lugar en un grupo donde solo había niños.
“Cuando mi papá daba las clases abajo con los niños, pues yo estaba muy chiquita. No podía y hacía los movimientos hacia el suelo. Y ya cuando tenía unos 4 años, papá me dijo, “Ven.” y me explicó las reglas bien y empecé a practicar. Yo entreno ahí con todos los niños” dice.
Durante sus primeros combates de lucha de suelo en donde pondría en práctica las técnicas de sumisión, luxación o estrangulación aprendidas durante los días de entrenamiento, Bodoque cuenta que se sentía nerviosa por enfrentarse a niños más grandes que ella y a pesar del miedo ella no se detuvo.
“Pues como ya estoy acostumbrada a pelear con ellos, la primera vez que peleé me sentía nerviosa. Pero la coach les dijo a ellos que le dieran despacio porque yo era nueva. Así que ahí me sentí tranquila y pues empecé a luchar. Primero me bajó la guardia y mi papá me dijo, “Súbete.” Y pues yo me subí y fui a montada. Y luego le hice un mataleón y empezó a llorar y le ayudé a levantarse” recuerda de sus entrenamientos.
El tiempo de preparación inicial para Bodoque fue corto y aproximadamente cinco meses después de empezar a entrenar surgió su primera competencia en categoría infantil contra niños y desde entonces ese ha sido la constante que ha definido el rumbo de su carrera deportiva de manera estatal y local.
“Es muy difícil encontrar niñas de su edad, de su peso, de su todo, entonces la mayoría de las veces le toca pelear con la categoría de niños y para nosotros es totalmente indiferente” explica su papá.
Bodoque lleva tres años seguidos compitiendo en torneos en Monterrey y Saltillo, durante este tiempo ha acumulado alrededor de 23 medallas de primer y segundo lugar, pero antes de cada combate hay un momento en el que siente que el corazón el late fuerte y es justo ahí donde entra su papá a tranquilizarla y le recuerda los ejercicios de respiración que en clase les enseñan (inhalar, sostener, exhalar), de fondo casi siempre la acompañan sus canciones favoritas de películas de Disney.
“A veces siento que mi corazón late muy fuerte, muy fuerte, pero pues luego mi papá me dice, “Tranquila” y pues ya me tranquilizo”, cuenta su sensación al inicio de una competencia.
Una de las cosas que más disfruta de las competencias no ocurre dentro del área de combate, ocurre en el trayecto, mientras está en la parte trasera del automóvil Bodoque aprovecha para ver el cielo y las nubes mientras escucha sus canciones favoritas.
“Me gusta ir al carro muy lejos, me distrae ver las nubes y así y pues también me gusta luchar mucho. Antes de la competencia me ponen música, me gusta escuchar. De ellos aprendí”, cuenta.
Entre el Gi y el No-Gi
El Estatal de Coahuila en octubre del 2025 fue uno de los últimos campeonatos donde Bodoque se enfrentó y ganó el primer lugar en las dos modalidades de la competencia: Gi y No-Gi.
La técnica del Gi (con Kimono), consiste en portar el uwagi (chaqueta), el shitabaki (pantalón) y el obi (cinturón), este último va en la cintura y hace referencia al nivel de práctica en el que se encuentran y si tienen franjas de colores (como en el caso de Alejandra) indica los hitos intermedios antes de cambiar de color de cinturón, ella por ahora porta uno blanco (nivel principiante).
Con la técnica del Gi, pueden sujetar la tela de todo el traje o incluso sujetar al contrincante de la solapa y usarla como arma de estrangulamiento para lograr que el oponente se rinda. Mientras que la técnica No- Gi, se practica sin kimono, enfocándose en la velocidad, lucha de agarres, el control corporal, las sumisiones y el contacto de cada uno de los movimientos es más directo y físico.
Bodoque confiesa que la llave que le gusta y aplica en múltiples competencias es el “mataleón” que es una técnica de estrangulación posterior que se aplica desde la espalda del oponente, cuyo objetivo principal es cortar el aire.
“Mi llave favorita es el mataleón que le agarras del cuello (coloca su ante brazo alrededor de su cuello) y pues haces tu mano así (jala su brazo contrayéndolo hacia ella) y le empiezas a jalar a jalar y ya hasta que tope, pues a veces gano en primero y a veces gano en segundo, nunca he ganado en tercero. cuando gano el primer lugar me siento feliz y con el segundo pues también feliz pero no tan feliz como con el primero” contó.
“Eso es de niños”
En la escuela algunos compañeros le han dicho que no es justo que ella entrene jiu-jitsu porque ella es niña y la técnica es de niños, sin embargo, ella afirma “no les hago caso”, por la tarde ella vuelve al tatami y ahí el género o la fuerza no suma puntos, si no la técnica de ejecución.
“El jiu-jitsu está diseñado para darle ventaja al más pequeño, para nosotros el género es indistinto” afirma Alejandro.
Desde el inicio de la entrevista, una de las cosas que Bodoque recalcó es que lo que le gusta de entrenar Jiu-jitsu es poder defenderse si alguien le hace daño, sin embargo, su papá le deja claro que a pesar de saber aplicar llaves que podrían lastimar de verdad, ese debe ser su último recurso cuando alguien más la llegue a molestar.
“Me ayuda a defenderme bien. Por ejemplo, si me hacen algo en la escuela, si me hacen daño yo ya se cómo defenderme bien, yo les puedo hacer algo que sea del jiu-jitsu.” Cuenta Alejandra.
“Ella sabe aplicar llaves que podría romper un hueso, pero sabe que ese es su último recurso, sabe que primero tiene que ir con las autoridades de su escuela y ya si pasa a más ella tiene permiso de defenderse y aplicar sus técnicas” afirmó su papá.
A pesar de que en la academia ya hay niñas que practican su nivel de entrenamiento, Bodoque prefiere practicar con sus compañeros, porque siente que puede aprender más.
“Las niñas entrenan un poquito más bajo y los niños entrenan un poquito más fuerte, a mi me gusta más la manera de entrenar de los niños pues porque aprendo más y le dan más fuerte, para defenderme mejor y agarrar mis fuerzas mejor”
Competir bajo presión
Hay un detalle que rompe con la imagen de niña invencible y es que a veces, cuando Karina gana el primer lugar en la competencia, sale llorando del área de combate.
“Es muy competitiva y al momento de la competencia se frustra mucho, si en una pelea batalla mucho, aunque gane sale llorando porque siente que pudo hacerlo mejor” cuenta.
El Jiu-jitsu no solo exige fuerza o técnica al momento de combatir, también requiere control emocional y en un combate infantil que puede durar entre tres o cuatro minutos la presión por aplicar las técnicas adecuadas es constante. Entre el reloj, el oponente dando lo mejor de sí, las indicaciones de su entrenadora desde una esquina y la necesidad de tomar decisiones en cuestión de minutos estan presentes todo el tiempo.
“La frustración, las presiones y la toma de decisiones es parte de la vida, los niños de ahora no están acostumbrados a la presión, aquí desde muy pequeña ha aprendido a manejar la presión constante, le enseñamos a inhalar, sostener y exhalar para que pueda calmarse. La idea es que aprenda a pensar bajo presión, de que si está en una mala posición tiene que resolver sin desesperarse” dice su papá.
A los siete años Bodoque no busca demostrar nada, solo le gusta subirse al tatami y practicar lo aprendido dentro de la academia sea con un niño o niña.





