POR CEDIL
A poco tiempo de la temporada futbolera, Coahuila busca beneficiarse de la derrama económica que generará la llegada de miles de visitantes a Monterrey. Saltillo se perfila como una ciudad de hospedaje para aficionados, hoteles y servicios turísticos que esperan aprovechar el evento.
Sin embargo, la discusión sobre el fútbol pocas veces llega a los espacios donde realmente se juega todos los días.
Mientras el torneo moviliza millones de dólares en infraestructura, patrocinios y turismo, en Saltillo persisten importantes desigualdades en el acceso al espacio público y recreativo. De acuerdo con datos del Instituto Municipal de Planeación Saltillo, la ciudad cuenta con apenas 6.9 metros cuadrados de espacio público por habitante, muy por debajo de los 10 a 15 metros cuadrados recomendados por la OMS. La situación es aún más crítica en el oriente de la ciudad, donde apenas existen 2.9 metros cuadrados por habitante.
Esta realidad plantea una interrogante sobre el acceso cotidiano al deporte. Si los espacios públicos y recreativos son insuficientes o están distribuidos de forma desigual, también lo son las oportunidades para que niñas, niños y adolescentes practiquen actividad física cerca de sus hogares.
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De acuerdo con un reportaje publicado esta semana por Reuters, en México el fútbol se practica prácticamente en cualquier espacio disponible: debajo de puentes, en terrenos improvisados, en comunidades rurales e incluso dentro de un antiguo cráter volcánico. Miles de niños y jóvenes siguen jugando en canchas comunitarias con infraestructura limitada, impulsados por el mismo sueño que alimenta la fiebre mundialista.
Más allá de la derrama económica que dejará el torneo durante unas semanas, el verdadero legado debería medirse en las canchas de colonia, parques y espacios deportivos comunitarios. Porque el fútbol no sólo se juega en estadios mundialistas; también se juega en los barrios, donde miles de niñas, niños y adolescentes enfrentan diariamente la falta de espacios públicos suficientes, seguros y de calidad.
Quizá la conversación más importante rumbo al Mundial no sea cuántos turistas llegarán a Coahuila, sino si el entusiasmo por el fútbol será capaz de traducirse en mejores espacios para quienes lo practican todos los días.
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