Arteaga, Coahuila.- El Museo de las Momias de San Antonio de las Alazanas es el más visitado de Coahuila. Sus vitrinas exhiben los restos momificados de integrantes de los Nuncio, una familia que no sólo contribuyó al desarrollo económico de la región, sino que, generación tras generación, participó en cada proceso social armado revolucionario del país: la Independencia, la Reforma y la Revolución.
En entrevista con El Coahuilense Noticias, el intelectual Abraham Nuncio Limón –prominente descendiente de esta familia– ofrece detalles sobre el hallazgo de los restos en 2008 y la decisión de exhibirlos en un museo que preserva algo más que cuerpos modificados: historia.
La visita al panteón transcurría con su colorido floral y los múltiples arreglos plásticos y textiles que desde días antes del 2 de noviembre suelen tornar festivo el camposanto. Notas de un acordeón, rezos rumorados por ancianas dolientes y niños que correteaban ajenos al culto de la ausencia.
Era 2008 y en el panteón de San Antonio de las Alazanas, en Arteaga, el tumulto anual se vio perturbado por el zumbido intenso de un enjambre de abejas. Las personas corrían de un lado a otro, los más avezados se tiraban al piso para evitar el ataque y el griterío de las personas se mezcló con la afirmación: son momias.
Los testimonios que se pueden recoger en la localidad recuerdan un túmulo de seis cavidades cuya datación parecía indescifrable. Al intentar limpiarlo movieron piedras. Al escarbar vieron asomarse un botín. Cuando la pared arenosa cedió, el enjambre salió al ataque mientras un cuerpo momificado quedó al descubierto.
“El botín de don Pedro” se apreciaba desde hacía muchos años, cuenta Israel Ramírez, habitante de la localidad. Recuerda que cuando era niño solía asomarse con sus amigos al túmulo para ver el zapato y a veces moverlo con alguna rama o varilla, siempre con la idea de que si se movía era un aparecido, pero antes de que eso ocurriera salían huyendo.
El don Pedro a quien se refiere Israel, fue Pedro Nuncio, quien fue parte de una familia muy prominente en la zona. Los estudios genealógicos, e inclusive de tenencia de la tierra, muestran que desde antes de la Guerra de Independencia, la familia Nuncio llegó a la región donde estableció enormes haciendas entre las comunidades que hoy abarcan los poblados de Los Lirios, Jamé y San Antonio de las Alazanas, en Coahuila, así como una parte de la zona boscosa del sur de Nuevo León más o menos a la altura de San José de los Nuncio y, una vez más, de Coahuila a Nuevo León por San José de la Martha.
Tan notable era la familia que en el panteón de San Antonio de las Alazanas, el lugar más poblado de la región, el túmulo donde se encontraron los cuerpos momificados es el único de su tipo, también el único monumento mortuorio que subsiste del viejo panteón, rebasado por tumbas más modestas de las últimas décadas.
UNA FAMILIA DE PROSAPIA
Los antecedentes de la familia Nuncio se remontan en la región al siglo XVII, de acuerdo con documentos de mercedes coloniales, contratos, testamentos y litigios localizados en el Archivo Municipal de Saltillo.
Una familia con antigüedad en la región, posiblemente haya sido reclutada por Diego de Montemayor, entrado por Tampico, para finalmente establecerse en la zona, dice Abraham Nuncio Limón, descendiente de la familia y uno de la larga lista de homónimos de varias generaciones.
Las actividades económicas y sociales de los Nuncio se habrían localizado principalmente en Saltillo. Pero no sólo eso. En cada proceso social armado revolucionario, los Nuncio tuvieron algún tipo de participación.
Hay indicios de que Juan Nuncio, como muchos de los ricos del norte, participó en cierta medida en el proceso de Independencia. Jesús Nuncio fue en la época de la Reforma comandante de una guardia en la frontera con Texas que combatía a los filibusteros.
En tanto Abraham Nuncio se enlistó en el batallón del general Francisco Coss, junto con sus hijos Reynaldo, Pedro y Abraham hijo. Los Nuncio participaron en la Revolución Constitucionalista. Intelectual destacado en el norte del país,
Abraham Nuncio Limón ha estudiado el papel de sus ancestros en la Revolución, de manera que logró acreditar cómo fue que por órdenes de Victoriano Huerta se expropiaron las tierras de su familia. La Revolución, en lugar de hacerle justicia regresándoselas una vez dispuesto Huerta, designó a Abraham Nuncio fraccionador de haciendas en Nuevo León. Una ironía de la política de la época.
En realidad, hasta ahora no hay quien haya documentado las extensiones territoriales que fueron propiedad de los Nuncio, excepto por las referencias que los hombres de mayor edad en la Sierra suelen dar, entre ellos Israel Ramírez.
Don Abraham perdió a su hijo Reynaldo, ya general de división, durante un enfrentamiento en el estado de Morelos. A Pedro lo mataron confundiendolo con Abraham, el padre del entrevistado, Abraham Nuncio Limón, el descendiente de los Nuncio que autorizó la exhibición de sus ancestros momificados.
EL HALLAZGO
Al horror de los primeros momentos por la aparición, o mejor dicho, el hallazgo, siguió el miedo. Israel Ramírez, vecino de la localidad y testigo ocular de todo aquello recuerda cómo fue que el comisariado ejidal pidió de inmediato apoyo al Ayuntamiento, para que una brigada de Protección Civil, valorara si había algún riesgo biológico.
Nadie recuerda muy bien, en los tiempos del entonces alcalde Jesús Durán, cómo fue que decidieron llamar al Instituto Nacional de Antropología e Historia, pero fueron arqueólogos y antropólogos del Centro INAH en Saltillo, los que se encargaron de las primeras diligencias.
El INAH dio el soporte forense y alguna recomendación técnica pues en los días del hallazgo, Armando Guerra, entonces secretario de Cultura de Coahuila, vio el potencial para que esos cuerpos momificados fueran el atractivo de un museo en la zona.
Un grupo de antropólogos físicos examinaron el caso, el cual cayó en manos del antropólogo Yuri Leopoldo de la Rosa, quien participó en el primer equipo de certificación y análisis inicial.
Yuri de la Rosa no parece ver ningún interés antropológico en el hallazgo. A nivel institucional el INAH tampoco lo tuvo y sólo apoyó en el aspecto técnico científico inicial.
Sin embargo, de la Rosa equipara los procesos de momificación de los cuerpos de San Antonio de las Alazanas con el que siguieron los de Guanajuato: falta de humedad, aire seco, confinados en mauseoleos o túmulos.
Desde que se hizo la primera inspección se conocieron los nombres de las personas. La investigación documental permitió solicitar a los descendientes de la familia su anuencia para que los restos momificados pudieran ser exhibidos. Y eso hace también especial el caso. -¿Por qué aceptó la exhibición?- se le pregunta a Abraham Nuncio.-Porque me dijeron que querían hacer un museo y pensé que si eso ayudaba al turismo, podía aliviar un poco la economía de las gentes del pueblo.
Para Abraham Nuncio Limón, actual director del Centro de Estudios Parlamentarios de la Universidad Autónoma de Nuevo León, los cuerpos momificados no son una novedad: desde hace años, junto con el historiador Benjamín Palacios, han mantenido una búsqueda por encontrar los restos de fray Servando Teresa de Mier, los cuales en algún momento fueron momificados y algún político sin sentido de la historia los vendió a un circo y ya nadie sabe dónde quedaron.
Así que, al enterarse del hallazgo extraordinario de sus ancestros, decidió que era mejor conservarlos, aunque no parece muy conforme con la idea de que la osamenta de su tatarabuela Petra Escamilla se exhiba en el Museo de la Catrina, un recinto privado en Saltillo.
EL MUSEO DE LAS MOMIAS
De acuerdo con Yuri de la Rosa, la momificación es un proceso más común de lo que pudiera pensarse y han tenido reportes de hallazgos similares en Parras de la Fuente y alguna otra localidad. Por extraño que parezca, hay gente a la que le interesaría tener una momia, así que se han mantenido eventuales llamados de la autoridad a evitar la profanación de tumbas
Nadie sabe muy bien cómo fue que el cuerpo momificado de Petra Escamilla fue a dar al Museo de la Catrina en Saltillo y, quizás como parte de las tradiciones populares que suelen construirse en torno a ciertos fenómenos, ha surgido la leyenda de que cada noche, el fantasma de la señora parte hacia San Antonio para reunirse con el resto de su familia.
Pero más allá de la leyenda, lo que sí es evidente es que la familia Nuncio parece estar inevitablemente ligada a la región: Fundó sus ranchos, participó desde ahí en cada proceso social armado revolucionario del país, fueron expulsados por participar en la Revolución Constitucionalista y cuando uno de los Nuncio regresó, comprando tierras, es a quien se atribuye la electrificación del pueblo y, la última generación radicada ahí, es decir, Óscar Nuncio, fue quien puso la primera y única gasolinera de la región.
Ahí en San Antonio, hay tres calles con los nombres de los Nuncio revolucionarios y la escuela secundaria se ubica en terrenos donados por la familia.
Finalmente, los mismos Nuncio pusieron sus cuerpos para convertir al poblado en un atractivo turístico, con su Museo de las Momias, que cumple 15 años el 1 de noviembre y se ha convertido en el más visitado de Coahuila.
(Con información de Ethel Arredondo).





