Por Jaime Martínez Veloz
Presidente del Centro de Estudios y Proyectos para la Frontera Norte “Ing. Heberto Castillo Martínez” A.C.
En Veracruz, los comicios municipales de 2025 dejaron al descubierto unamaquinaria institucional que, lejos de custodiar la democracia, la vulneró conprecisión quirúrgica. Poza Rica y Papantla, municipios con historia, cultura y dignidad, fueron convertidos en laboratorios del fraude técnico, donde la voluntad popular fue intervenida como si fuera propiedad del Estado.
Poza Rica: el voto restado, la dignidad negada. En Poza Rica, ciudad petrolera y obrera, el recuento electoral restó 2,048 votos a Movimiento Ciudadano. No fue error: fue estrategia. Cada voto desaparecido equivale a una voz silenciada, a una casilla intervenida, a una comunidad ignorada. Nos quitaron 8.5 votos por casilla. Nos quitaron la confianza. Nos arrebataron el derecho a decidir.
El Tribunal Electoral de Veracruz, convocado en día feriado y sin auditoría independiente, anuló casillas, alteró resultados y favoreció al partido en el poder.
Lo hizo sin transparencia, sin ética, sin respeto por la ciudadanía. Lo hizo como si el sufragio fuera cifra manipulable, y no acto soberano.
Papantla: el vuelo truncado de la voluntad ciudadana En Papantla, tierra de voladores, vainilla y memoria ancestral, la historia se repitió. Bonifacio Castillo Cruz y Mariano Romero González impugnaron el triunfo de Gonzalo Flores Castellanos, candidato de Morena. Movimiento Ciudadano denunció fraude: manipulación de actas, nulificación de votos válidos, rebase de gastos de campaña.
El Tribunal Electoral del Estado sesionó en condiciones irregulares, desestimó las impugnaciones y ratificó el triunfo oficialista. La legitimidad quedó en entredicho.
La democracia fue reducida a trámite, y la voluntad popular, a cifra desechable.
Una democracia intervenida
En ambos casos, la constante fue la intervención del gobierno de Rocío Nahle. Dirigentes de oposición denunciaron presiones directas sobre los magistrados electorales. La institucionalidad electoral en Veracruz se ha convertido en un instrumento de control político, no en garante de la voluntad ciudadana.
Como arquitectos del territorio y ciudadanos que no se rinden, decimos:
- Basta de fraudes técnicos disfrazados de legalidad!
- Basta de tribunales que operan como brazos del poder!
- Basta de restar votos como si fueran cifras y no esperanzas!
Exigimos:
- La revisión federal de ambos casos, con garantías de imparcialidad.
- La defensa del voto como acto ético, territorial y democrático.
- La reconstrucción de la confianza ciudadana desde abajo, con verdad y justicia.
Este artículo no es solo una denuncia. Es una convocatoria. A quienes votaron. A quienes fueron borrados. A quienes creen que la democracia se construye con dignidad. Porque la democracia no se decreta: se vive. Se defiende. Se honra.
Inspirados en la vida ejemplar del veracruzano Heberto Castillo Martínez, reafirmamos que la ética pública no es un adorno institucional: es una práctica cotidiana, una convicción profunda, una responsabilidad compartida.
Poza Rica no se calla. Papantla no se rinde. Veracruz se levanta.
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