Psicosis, precariedad, fanatismo… un coctel peligroso en tiempos de incertidumbre

mayo 12, 2026
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Por Valeria Cämun

Los retos virales, la precariedad económica y los fanatismos pueden interpretarse como síntomas de una misma crisis que hoy genera ansiedad colectiva, violencia exacerbada y un vacío social que encuentra formas peligrosas de llenarse. 

Son tiempos extraños en donde la fragmentación del mundo genera réplicas que llegan a las paredes de escuelas con amenazas de tiroteo, a las cocinas de las familias que cada día comen menos, y a los discursos de odio en nombre de Dios. 

Ingredientes 

“Tiroteo mañana… no es broma”, fue el mensaje que apareció durante la semana en distintas partes del mundo, incluido Saltillo, Monclova y Piedras Negras. 

Frases pintadas con marcador en baños de una secundaria pública, del Colegio Montessori y en el CBTis 34 activaron el Protocolo de Seguridad y decenas de policías, bomberos y personal de Protección Civil irrumpieron en las aulas para implementar el Operativo Mochila Sana y Segura. 

La tranquilidad se rompió ese día y alteraron la realidad: los elementos aseguraron una pistola de balines y un cuchillo de cocina, detuvieron a dos estudiantes que fueron remitidos a la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (Pronnif), y varios alumnos y docentes sufrieron crisis nerviosas. 

Karla Patricia Valdés, psicóloga y suicidóloga, afirma que las afectaciones en la salud mental son frecuentes y, hasta cierto punto, inevitables, sobre todo cuando se está sometido a un entorno hostil. 

“Tenemos que entender que la consecuencia más grave de tener un trastorno de salud mental es la muerte”, asegura. 

“Ya sea porque tengo depresión, bipolaridad, esquizofrenia, un trastorno límite, un consumo de sustancias, una adicción: si tengo algún tipo de problemática, lo más grave que puede llegar a pasar es que la persona se quite o atente contra la vida de los demás”, expone.

Claro que hay señales de alerta –subraya la experta–: enojo, frustración, llanto, soledad, trastornos del sueño o de la alimentación; sin embargo, muchas veces las ignoramos, o peor, la minimizamos. 

“Debemos recordar que estas problemáticas sí pueden llegar a ser de vida o muerte, si no se atienden, si no se les da una ayuda, si la sociedad no reduce este malestar que está percibiendo la persona, en su familia, en su entorno, en su trabajo, en donde se encuentre, puede llegar a una terrible decisión como quitarse la vida”.  

Jóvenes hiperconectados criados en pandemia, envueltos en apocalipsis climáticas, sectas digitales y foros resentidos, son los primeros ingredientes de un cóctel peligroso. 

Preparación 

El tráfico en el estrecho de Ormuz permanece prácticamente paralizado, y aunque está a más de 14 mil kilómetros de distancia de Saltillo, casi en el lado opuesto del globo, afecta a la bombardeada economía de miles de familias. 

“Todo ha subido: gas, luz, agua, tomate, tortilla, chile, gasolina, carne… todo”, dice con preocupación la señora Ana Cecilia. 

“Yo antes compraba un kilo de tortillas, o kilo y medio, pero ahorita sólo medio; y mi vecino de enfrente ya sólo compra un cuartito, y ahí vamos, reduciendo todo para que nos alcance”, describe. 

Esta priorización del gasto es la reacción primaria de los consumidores, señala Jonathan Flores Pérez, director de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC). 

“La recomendación es ser muy cautelosos, porque viene un poquito más complicado el tema del incremento en los alimentos, es lo que están previendo todos los economistas, y sugieren priorizar las necesidades. 

“Sí, es un grave problema porque cuando se derivan impactos económicos de problemas externos, como el que estamos viviendo, los principales afectados son los de los ingresos más bajos, son los que más sufren porque ellos destinan el mayor porcentaje de su ingreso en alimentos”, explica. “Esto pega en el bolsillo, porque muchos millones de mexicanos apenas viven con el salario mínimo, o dos o tres salarios mínimos, y ahí es en donde más pega, porque alrededor del 70% u 80% de su salario, va destinado al consumo de los alimentos”. 

Adiós a las vacaciones de verano, a los paseos recreativos, a las comidas fuera de casa: la industria restaurantera, los hoteles y el transporte van al alza. 

“Es un hecho que en las próximas semanas ya vamos a ver incrementos en el costo del transporte, servicios, hotelería, centros de entretenimiento, porque ellos también tienen que empezar a subir sus costos para que tengan una ganancia y, ¿quién paga estos incrementos?, pues, finalmente, el consumidor”. 

Cuando una madre de familia hace cuentas para decidir entre comprar huevo o los útiles escolares; o cuando un obrero trabaja más y no puede costear una ida al cine, no sólo afrontan problemas económicos, sino un desgaste emocional; de ahí que no sea casualidad que, en contextos de crisis, aumenten los conflictos vecinales, las agresiones, los pleitos, las adicciones… la preparación de un trago mortal.

Detonante 

En tiempos inciertos, la fe suele crecer, pero también puede deformarse, y no necesariamente como religión organizada: a veces como culto político, o como profecía apocalíptica, o como fanatismo.

Un presidente que se autopercibe como Jesucristo; genocidios en nombre de Dios; influencers que alientan masacres… Cuando alguien promete salvación absoluta en tiempos de miedo, siempre encuentra oyentes.

Francesco Gervasi, profesor investigador de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, explica que, históricamente, la religión ha tenido un papel determinante en la política y en los movimientos sociales. 

“La religión ha sido utilizada como un recurso para hacer muchas cosas en el ámbito político, principalmente para legitimar”, señala. “Utilizar la religión para legitimar actos políticos como puede ser la violencia, las guerras, para imponer un monarca o un líder, tiene una potencia fuertísima: porque es Dios el que lo quiere”. 

“En países islámicos la religión representa la base de la misma vida política, y aunque se creía que en el mundo occidental ya no era así, estamos viendo un regreso de la religión en la política”. 

Trump siendo bendecido por líderes evangélicos en el Despacho Oval; Bukele calificando el aborto como un “genocidio”, y de una forma más espiritual de la cosmovisión, Sheinbaum recibiendo el bastón de mando de las comunidades indígenas: la historia demuestra que el poder ama vestirse de sagrado. 

“La religión sigue siendo un elemento que le da una fuerza a lo que hacemos y a lo que decimos, por la cuestión del más allá, estoy haciéndolo en nombre de alguien que está más arriba de todos, entonces tiene una fuerza única para construir identidades”, añade Gervasi. 

Por eso, cuando un líder es visto más que un gobernante, sino como una figura providencial, la crítica se vuelve herejía; y no hace falta una teocracia para que la religión se vuelva instrumento político: basta con que el poder se presente como salvación. 

Agítese antes de usar 

Y quizá todo desemboca aquí. 

No en la inflación. No en las redes. Ni en el fanatismo. Sino en el vacío: en una ausencia de sentido. 

Una oquedad llena de odio, de violencia, de falsos profetas. 

Y está lista la mezcla: un cóctel peligroso. 

Quizá la pregunta más urgente no sea cómo llegó a prepararse, sino cuánto tiempo más puede agitarse antes de estallar.

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