Scherer Ibarra y la “puñalada en el corazón”

febrero 17, 2026
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Por Álvaro Delgado Gómez

Señalado de corrupto, Julio Scherer Ibarra se defiende y ajusta cuentas con un libro. El objetivo principal de su venganza política, él mismo lo confiesa, es Andrés Manuel López Obrador por no defenderlo del “maltrato vil” que sufrió por los casos pútridos que investigaba Alejandro Gertz Manero y, dolido por esta “puñalada en el corazón”, lo dibuja como un Presidente de la República ignorante, inepto, caprichoso, manipulable y de ser siempre la víctima.

Como en otras venganzas políticas en la élite del poder político en México, como Carlos Salinas de Gortari contra Ernesto Zedillo, Vicente Fox contra Diego Fernández de Cevallos, Alfonso Durazo contra el propio Fox y Carlos Ahumada contra Salinas, Fox y Rosario Robles, Scherer Ibarra optó también por un libro que le dictó a Jorge Fernández Menéndez, su amanuense antilopezobradorista, para hacer, en una larga entrevista, imputaciones directas y veladas al anterior Gobierno.

Sólo hasta la parte final de Ni venganza ni perdón, una amistad al filo del poder, Scherer Ibarra confiesa expresamente por qué después de cinco años de haber dejado el cargo de consejero jurídico y sólo hasta que Gertz Manero ya no es Fiscal General de la República publica un libro que ha hecho feliz a la derecha: Porque López Obrador no lo defendió de las imputaciones de corrupción.

En la página 298 del libro, cuenta que cuando a López Obrador le preguntaban en su conferencia mañanera sobre los asuntos de corrupción que investigaba Gertz Manero, López Obrador respondía: “Yo le tengo confianza al Fiscal”.

Y es cuando Scherer Ibarra expone la entraña de su libro: “Cada vez que contestaba así yo sentía una puñalada en el corazón”.

El primogénito del periodista Julio Scherer García —quien fue expulsado en 1976 de Excélsior, el irrelevante diario en el que publica su amanuense, quien también trabaja para Ricardo Salinas Pliego— esperaba otra cosa de López Obrador: “Entonces, cuando el Presidente se expresaba de ese modo, a mí me generaba una desilusión muy grande, porque nunca dijo: ‘Yo le tengo confianza al Fiscal, pero también le tengo confianza a Julio’. Nunca lo mencionó después de conocernos profundamente, de haberme nombrado hermano, de haber pasado tantísimos años juntos”.

Todavía a finales de 2021, cuando ya estaba fuera del Gobierno, vio personalmente a López Obrador para pedirle su intervención y éste le dijo que no se preocupara de Gertz, que dejara de leer tantos periódicos y que se fuera de vacaciones, pero nada cambió. “Y evidentemente el maltrato vil no cesó nunca”.

Scherer Ibarra aceptó inclusive la mediación con el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, “hermano” también de López Obrador, para resolver el conflicto con Gertz, pero tampoco funcionó. Tras una reunión, en la que las partes se acusaron mutuamente de ser extorsionadores, nada resultó.

Cito a Scherer Ibarra: “Gertz estaba muy enojado. Yo le dije, entre muchas cosas, que quien se había portado como extorsionador era él y no yo, como él me acusaba. Se enfureció. Yo también estaba muy enojado, y Gertz le dijo a Adán Augusto que debía tener una ‘reunión de Estado’ con él. Yo me despedí para que tuvieran su ‘reunión de Estado’. Una hora después, me llamo Adán para decirme que así no se podía resolver un problema. Y yo le contesté que, efectivamente, así no se podía resolver un problema. La verdad es que yo creo que Adán no hizo nada por tratar de solucionarlo, porque estoy cierto de que un Secretario de Gobernación con capacidad política lo hubiera resuelto sin menor problema, además con la orden del Presidente de hacerlo. No quiso Adán”.

No lo dice así Scherer Ibarra, pero es obvio que, más que Adán, no quiso López Obrador. El Secretario de Gobernación jamás es más poderoso que el Presidente de la República. En realidad, el abogado había sido apartado de la cúpula del poder presidencial. En ¡Gracias!, el libro que publicó en 2024, aparece una sola vez de manera marginal.

Aunque el abogado Scherer Ibarra afirma desde el título de su libro que no es una venganza, como sí admite una “mínima revancha” contra Francisco Gil Díaz, a cualquier lector le queda claro que no sólo es eso, sino que ha cambiado de bando en la disputa por la nación que está en curso: En la defensa de sí mismo, a la que tiene derecho, ensucia a sus antiguos compañeros, empezando por López Obrador, y valida la narrativa contra la Cuarta Transformación del bloque conservador, del que forma parte Fernández Menéndez.

Scherer Ibarra hasta le imputa conductas criminales a compañeros del Gobierno por relacionarse con el asesinado Sergio Carmona, el “Rey del huachicol”, entre ellos Jesús Ramírez Cuevas, Mario Delgado y Américo Villarreal. Alfonso Durazo ya lo desmintió por mencionar que llegó dinero sucio a Sonora. Lo del huachicol es una versión que puso a circular el fugitivo panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca, él la avala al publicarla en su libro. Si no ha presentado las denuncias como abogado que es, quedará en sólo infamias de las que él se queja.

Por eso la propia Presidenta Claudia Sheinbaum ha puesto distancia de Scherer Ibarra, quien no le hace ningún favor con sus elogios a Rosa Icela Rodríguez, Marcelo Ebrard, Omar García Harfuch y Octavio Romero Oropeza, mientras tunde a otros miembros del Gabinete de López Obrador y del actual.

Scherer Ibarra lo sabe: Su libro implica una ruptura definitiva con López Obrador y, sobre todo, con los seguidores del expresidente que ya lo tildan de desleal y de traidor por exponer su versión, y también es una ratificación de lo que cree.

Por eso, Scherer Ibarra detalla sus relaciones con muchos personajes de la élite política, como Javier García Paniagua, de quien fue secretario particular cuando fue presidente del PRI, y su amistad con Pedro Aspe, Secretario de Hacienda de Carlos Salinas de Gortari. Yo sí recomiendo, por ello, la lectura de Ni venganza ni perdón.

SinEmbargo

Álvaro Delgado

Álvaro Delgado Gómez es periodista. Empezó en 1986 como reportero y ha pasado por las redacciones de El Financiero, El Nacional y El Universal. En 1994 ingresó como reportero al semanario Proceso, en el que fue jefe de Información Política y especializado en la cobertura de asuntos políticos.

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