Por Lilia Lux
Ignacio Nieves Beltrán (1920-2005), mejor conocido como Nefero, fue un pintor mexicano inscrito en la tradición del muralismo y la Escuela Mexicana de Pintura, cuya obra se distingue por la fuerza expresiva de sus formas y la hondura de su visión humanista.
Nacido en Tampico, Tamaulipas, desde muy joven mostró un talento singular que lo llevó a formarse en la Academia de San Carlos, donde tuvo como maestro a Manuel Rodríguez Lozano. Fue este último quien le sugirió adoptar el seudónimo Nefero, derivado de la palabra egipcia nefer, que significa “bello”, aludiendo tanto a la estética de su trabajo como a la elegancia de su trazo.
En 1949 fue uno de los fundadores del Salón de la Plástica Mexicana, espacio clave para la promoción del arte nacional, que reunió a algunos de los más notables artistas de la época.
Dos años más tarde obtuvo una beca del Instituto Francés de América Latina para estudiar en la École des Beaux-Arts de París, donde perfeccionó su técnica y amplió su visión al entrar en contacto con las corrientes europeas contemporáneas.
Sus viajes por el continente marcaron su sensibilidad y le dieron un lugar destacado como puente entre la tradición mexicana y la modernidad internacional.
Su pintura se inscribe en el muralismo, pero también cultivó la obra de caballete con una voz personal. En sus lienzos destacan los retratos y las figuras humanas, muchas veces cargadas de un aire solemne y melancólico.
De Rodríguez Lozano heredó la austeridad en la composición, el rigor del dibujo y la exploración de la condición humana desde la vulnerabilidad, el dolor y la muerte. Su estilo se caracteriza por un manejo sobrio del color y una sólida construcción formal que revela tanto disciplina como sensibilidad.
Entre sus obras de caballete más conocidas se encuentran Mujer con rebozo verde (1943), donde la figura femenina adquiere una dignidad escultórica, y Mujer Tropical (1964), que irradia vitalidad cromática.
En el ámbito mural, dejó huella con la pintura realizada para el condominio Terrace de los Gatos en California y el mural de la Hacienda Real del Puente en Morelos, concluido en 1962, dedicado a la evangelización de América. Estas obras muestran su capacidad para narrar la historia a gran escala y dialogar con el espacio arquitectónico.
La obra de Nefero se exhibió tanto en México como en el extranjero, en exposiciones individuales y colectivas que le aseguraron un lugar en el panorama del arte moderno. Su legado radica en haber conjugado la tradición muralista con una introspección personal, logrando un arte donde lo bello no es simple ornamento, sino búsqueda profunda de sentido.
Falleció en 2005, dejando tras de sí una trayectoria sólida y discreta, pero cargada de significado. En sus cuadros y murales persiste la huella de un artista que supo equilibrar el rigor del dibujo con la emoción contenida, y que hizo de la belleza un camino para explorar lo humano.
TE RECOMENDAMOS LEER:





